Panamá, 22 de enero de 2001
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El Plan Colombia hoy

De todos los países fronterizos, Panamá y Ecuador son los más vulnerables a los efectos del Plan Colombia

Betty Brannan Jaén
Corresponsal
bbrannan@prensa.com

Cuando comencé a escribir sobre el Plan Colombia, hace más de un año, pensé que debido a los problemas en Darién, Panamá era el más vulnerable de los países fronterizos con Colombia. Sin embargo, funcionarios y comentaristas norteamericanos consideran que Ecuador -no Panamá- es el más débil de los países vecinos a Colombia.

Ecuador ciertamente sufre de inestabilidad política y de más pobreza que Panamá, pero las informaciones revelan que los problemas fronterizos son los mismos que los que tenemos los panameños, y no hay duda de que en cuanto a protegerse del “contagio colombiano”, Panamá y Ecuador están en una posición mucho más débil que Venezuela, Brasil, y Perú.

El diario New York Times en su editorial del lunes anotó que el llamado “Plan Colombia” ha aumentado el riesgo de que la situación colombiana se riegue por toda la región, sin proporcionar los recursos necesarios para evitar que eso ocurra. El Plan Colombia destina unos 180 millones de dólares para ayuda a los países vecinos, pero solo la mitad de eso está dedicado a gastos de seguridad. Esa cantidad es “insuficiente” para “contener” el problema colombiano, criticó el Times.

Obviamente, la primera línea de defensa contra el “derrame” o “contagio” colombiano, es fortalecer las defensas en la frontera. Venezuela y Brasil, que tienen grandes ejércitos, lo han venido haciendo desde hace años. Panamá, sin ejército, solo recientemente ha comenzado a tratar de defender su frontera con Colombia.

Pero la ayuda prometida a Panamá dentro del Plan Colombia no se ha materializado todavía y en todo caso es escasa: solo cuatro millones de dólares. Para Panamá, “esa cantidad es insuficiente ante la magnitud del problema”, dijo en noviembre el embajador panameño en Washington Guillermo Ford.

El resto de los 180 millones de dólares está repartido así: Perú, 32 millones ; Bolivia, 110; Ecuador, 20; Venezuela, 3.5; Brasil, 4.5; Costa Rica, 1.9; y El Salvador, 3. El canciller venezolano expresó que esa cantidad escuálida es “una especie de premio de consolación”.

El Salvador, que no comparte una frontera con Colombia, recibe tres millones, casi lo mismo que Panamá; situación que explican los funcionarios norteamericanos por el peligro que significa que los problemas colombianos se trasladen a Centroamérica. Otra tesis sin embargo, es que este dinero es en pago por el hecho de que El Salvador haya aceptado tener uno de los “FOL” ( forward operating location” o uso limitado de una pista de aterrizaje para vuelos antidrogas) con que Estados Unidos remplazó sus instalaciones en Howard.

Por otro lado, Ecuador también aceptó un FOL estadounidense, que no parece estar tan limitado como se supone que deben estar estas pistas. Los medios norteamericanos describen lo que Estados Unidos ha instalado en Manta, Ecuador, como toda una “base”. El New York Times informa de que el Gobierno ecuatoriano aceptó la base con la clara intención de que ello sería un anzuelo para pescar más dinero estadounidense. Tendrá que ser un anzuelo bien grande: no contentos con los 20 millones del Plan Colombia (y otros 20 millones prometidos) el presidente ecuatoriano está pidiendo hasta 300 millones de dólares de ayuda “que nos inoculen contra el virus colombiano”.

De paso, la situación ecuatoriana refuta la tesis de que una presencia militar estadounidense sirve como barrera ( deterrent) contra el contagio colombiano, argumento que algunos usaron para justificar una nueva base norteamericana en Panamá. Según los medios norteamericanos, los efectos negativos del Plan Colombia se ven claramente en Ecuador, por más que haya una presencia militar estadounidense allí. La región de Putumayo, al sur de Colombia y cerca de Ecuador, es donde se han localizado los primeros movimientos bajo el Plan Colombia. Los enfrentamientos en Putumayo están causando que cientos de refugiados huyan a Ecuador, mientras que (igual que en Darién) los guerrilleros colombianos tienen décadas de estar usando ese área de la jungla como lugar de descanso. Los paramilitares colombianos también están cruzando al lado ecuatoriano de la frontera, aparentemente persiguiendo a los guerrilleros. En las últimas semanas se han dado varios enfrentamientos sobre territorio ecuatoriano entre los paramilitares y los guerrilleros colombianos. Los narcotraficantes de Putumayo, por último, también están trasladando sus operaciones a Ecuador, según informan medios estadounidenses. En breve, la situación en Ecuador será un ejemplo clásico del “efecto globo” de la guerra contra las drogas: cuando aprietan en Putumayo, todo el problema sencillamente se traslada de lugar.

Los funcionarios norteamericanos reconocen el problema pero no prometen soluciones. A fines de noviembre, el subsecretario de Estado Thomas Pickering señaló en una rueda de prensa que se está estudiando la posibilidad de aumentar el presupuesto para los países vecinos de Colombia en los próximos años. Respondiendo a una pregunta de La Prensa sobre la vulnerabilidad de Panamá, Pickering afirmó: “comprendemos y ciertamente simpatizamos con las condiciones de Panamá, particularmente como resultado de las dificultades en Colombia. Queremos poder seguir ayudando y tenemos esto muy en mente al entrar en las propuestas y los programas presupuestarios de los años siguientes”.

Pero esta semana, como sabemos, hay cambio de Gobierno en Washington, lo que pone en duda el futuro de Plan Colombia, tanto en el plano teórico como en el práctico. Teóricamente, no se habló mucho de la guerra contra las drogas durante la campaña y Bush nunca comentó en detalle lo que piensa del Plan Colombia, aunque sí indicó un apoyo general al paquete de ayuda. Si se considera que el Plan Colombia es una “intervención” norteamericana en el extranjero (calificativo que hasta ahora, los funcionarios norteamericanos disputan), Bush tendría que rechazarlo según el esquema que propuso durante la campaña: que una intervención tendría que ser el último recurso, debería gozar de apoyo público, tener objetivos específicos y una estrategia clara de salida. El Plan Colombia no cumple estos requisitos. Colin Powell -el presunto secretario de Estado- tendría que rechazar el Plan Colombia, con su famosa “doctrina Powell” para intervenciones, que requiere objetivos alcanzables, fuerza masiva y clara ruta de escape. Otra vez, el Plan Colombia falla y no se sabe todavía lo que Powell opinará de él. En una búsqueda computerizada ayer por la mañana, no pude encontrar una sola instancia en que Powell se haya referido al Plan Colombia desde que Bush lo designara para el puesto de secretario de Estado, pero es probable que el tema sea debatido en la audiencia que el Senado celebrará esta semana para confirmar su designación (programada para iniciarse ayer).

A nivel práctico mientras tanto, el cambio de Gobierno ha dejado huérfano al Plan Colombia, observó un comentarista en Washington. Ninguno de los altos funcionarios que lo gestionaron, formará parte del gobierno de Bush; las críticas al plan están aumentando y el ambiente de crisis en Colombia se está profundizando. Ante esta realidad, pronostica el diario británico The Guardian, parece probable que el Plan Colombia sea la primera crisis internacional que el nuevo gobierno de Bush tenga que afrontar.

Corresponsal en Washington

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