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El
Plan Colombia
hoy
De todos los países fronterizos, Panamá y Ecuador son los más
vulnerables a los efectos del Plan Colombia
Betty
Brannan Jaén
Corresponsal
bbrannan@prensa.com
Cuando comencé a escribir sobre el Plan Colombia, hace más de
un año, pensé que debido a los problemas en Darién, Panamá era
el más vulnerable de los países fronterizos con Colombia. Sin
embargo, funcionarios y comentaristas norteamericanos consideran
que Ecuador -no Panamá- es el más débil de los países vecinos
a Colombia.
Ecuador ciertamente sufre de inestabilidad política y de más pobreza
que Panamá, pero las informaciones revelan que los problemas fronterizos
son los mismos que los que tenemos los panameños, y no hay duda
de que en cuanto a protegerse del “contagio colombiano”, Panamá
y Ecuador están en una posición mucho más débil que Venezuela,
Brasil, y Perú.
El diario New York Times en su editorial del lunes anotó que el
llamado “Plan Colombia” ha aumentado el riesgo de que la situación
colombiana se riegue por toda la región, sin proporcionar los
recursos necesarios para evitar que eso ocurra. El Plan Colombia
destina unos 180 millones de dólares para ayuda a los países vecinos,
pero solo la mitad de eso está dedicado a gastos de seguridad.
Esa cantidad es “insuficiente” para “contener” el problema colombiano,
criticó el Times.
Obviamente, la primera línea de defensa contra el “derrame” o
“contagio” colombiano, es fortalecer las defensas en la frontera.
Venezuela y Brasil, que tienen grandes ejércitos, lo han venido
haciendo desde hace años. Panamá, sin ejército, solo recientemente
ha comenzado a tratar de defender su frontera con Colombia.
Pero la ayuda prometida a Panamá dentro del Plan Colombia no se
ha materializado todavía y en todo caso es escasa: solo cuatro
millones de dólares. Para Panamá, “esa cantidad es insuficiente
ante la magnitud del problema”, dijo en noviembre el embajador
panameño en Washington Guillermo Ford.
El resto de los 180 millones de dólares está repartido así: Perú,
32 millones ; Bolivia, 110; Ecuador, 20; Venezuela, 3.5; Brasil,
4.5; Costa Rica, 1.9; y El Salvador, 3. El canciller venezolano
expresó que esa cantidad escuálida es “una especie de premio de
consolación”.
El Salvador, que no comparte una frontera con Colombia, recibe
tres millones, casi lo mismo que Panamá; situación que explican
los funcionarios norteamericanos por el peligro que significa
que los problemas colombianos se trasladen a Centroamérica. Otra
tesis sin embargo, es que este dinero es en pago por el hecho
de que El Salvador haya aceptado tener uno de los “FOL” ( forward
operating location” o uso limitado de una pista de aterrizaje
para vuelos antidrogas) con que Estados Unidos remplazó sus instalaciones
en Howard.
Por otro lado, Ecuador también aceptó un FOL estadounidense, que
no parece estar tan limitado como se supone que deben estar estas
pistas. Los medios norteamericanos describen lo que Estados Unidos
ha instalado en Manta, Ecuador, como toda una “base”. El New York
Times informa de que el Gobierno ecuatoriano aceptó la base con
la clara intención de que ello sería un anzuelo para pescar más
dinero estadounidense. Tendrá que ser un anzuelo bien grande:
no contentos con los 20 millones del Plan Colombia (y otros 20
millones prometidos) el presidente ecuatoriano está pidiendo hasta
300 millones de dólares de ayuda “que nos inoculen contra el virus
colombiano”.
De paso, la situación ecuatoriana refuta la tesis de que una presencia
militar estadounidense sirve como barrera ( deterrent) contra
el contagio colombiano, argumento que algunos usaron para justificar
una nueva base norteamericana en Panamá. Según los medios norteamericanos,
los efectos negativos del Plan Colombia se ven claramente en Ecuador,
por más que haya una presencia militar estadounidense allí. La
región de Putumayo, al sur de Colombia y cerca de Ecuador, es
donde se han localizado los primeros movimientos bajo el Plan
Colombia. Los enfrentamientos en Putumayo están causando que cientos
de refugiados huyan a Ecuador, mientras que (igual que en Darién)
los guerrilleros colombianos tienen décadas de estar usando ese
área de la jungla como lugar de descanso. Los paramilitares colombianos
también están cruzando al lado ecuatoriano de la frontera, aparentemente
persiguiendo a los guerrilleros. En las últimas semanas se han
dado varios enfrentamientos sobre territorio ecuatoriano entre
los paramilitares y los guerrilleros colombianos. Los narcotraficantes
de Putumayo, por último, también están trasladando sus operaciones
a Ecuador, según informan medios estadounidenses. En breve, la
situación en Ecuador será un ejemplo clásico del “efecto globo”
de la guerra contra las drogas: cuando aprietan en Putumayo, todo
el problema sencillamente se traslada de lugar.
Los funcionarios norteamericanos reconocen el problema pero no
prometen soluciones. A fines de noviembre, el subsecretario de
Estado Thomas Pickering señaló en una rueda de prensa que se está
estudiando la posibilidad de aumentar el presupuesto para los
países vecinos de Colombia en los próximos años. Respondiendo
a una pregunta de La Prensa sobre la vulnerabilidad de Panamá,
Pickering afirmó: “comprendemos y ciertamente simpatizamos con
las condiciones de Panamá, particularmente como resultado de las
dificultades en Colombia. Queremos poder seguir ayudando y tenemos
esto muy en mente al entrar en las propuestas y los programas
presupuestarios de los años siguientes”.
Pero esta semana, como sabemos, hay cambio de Gobierno en Washington,
lo que pone en duda el futuro de Plan Colombia, tanto en el plano
teórico como en el práctico. Teóricamente, no se habló mucho de
la guerra contra las drogas durante la campaña y Bush nunca comentó
en detalle lo que piensa del Plan Colombia, aunque sí indicó un
apoyo general al paquete de ayuda. Si se considera que el Plan
Colombia es una “intervención” norteamericana en el extranjero
(calificativo que hasta ahora, los funcionarios norteamericanos
disputan), Bush tendría que rechazarlo según el esquema que propuso
durante la campaña: que una intervención tendría que ser el último
recurso, debería gozar de apoyo público, tener objetivos específicos
y una estrategia clara de salida. El Plan Colombia no cumple estos
requisitos. Colin Powell -el presunto secretario de Estado- tendría
que rechazar el Plan Colombia, con su famosa “doctrina Powell”
para intervenciones, que requiere objetivos alcanzables, fuerza
masiva y clara ruta de escape. Otra vez, el Plan Colombia falla
y no se sabe todavía lo que Powell opinará de él. En una búsqueda
computerizada ayer por la mañana, no pude encontrar una sola instancia
en que Powell se haya referido al Plan Colombia desde que Bush
lo designara para el puesto de secretario de Estado, pero es probable
que el tema sea debatido en la audiencia que el Senado celebrará
esta semana para confirmar su designación (programada para iniciarse
ayer).
A nivel práctico mientras tanto, el cambio de Gobierno ha dejado
huérfano al Plan Colombia, observó un comentarista en Washington.
Ninguno de los altos funcionarios que lo gestionaron, formará
parte del gobierno de Bush; las críticas al plan están aumentando
y el ambiente de crisis en Colombia se está profundizando. Ante
esta realidad, pronostica el diario británico The Guardian, parece
probable que el Plan Colombia sea la primera crisis internacional
que el nuevo gobierno de Bush tenga que afrontar.
Corresponsal en Washington
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