
Melodías
de los 70
Karla
Jiménez
kjimenez@prensa.com
La década de los setenta se caracterizó por ser un periodo de
variaciones, cuyas manifestaciones se dejaron ver en el cine,
la televisión, la moda, y por supuesto, en la música.
Justo cuando el rock se encontraba en una etapa experimental,
tanto para los grupos sajones como para los latinoamericanos,
surge una nueva tendencia rítmica, popular y polémica.
A finales de los años 60, ya comenzaban a emerger nuevas cadencias
‘‘rockeras’’: en la primera ola había artistas como Led Zeppelin
y Pink Floyd cubriendo la escena británica, y Grateful Dead
y Jimi Hendrix, quienes ya habían logrado un gran recorrido,
en los predios del mercado estadounidense.
Latinoamérica por otro lado, apenas comenzaba a consagrase dentro
de este estilo, con grupos como Arco Iris, Sui Generis (primer
proyecto de Charly García y Nito Mestre), Fito Páez (ya había
grabado tres álbumes) y la banda de rock pesado de Luis Alberto
Spinetta, Pescado Rabioso.
Igualmente, los primeros años de esta época también fueron un
buen momento para la balada romántica exportada de España. Cantantes
como Camilo Sexto, Nino Bravo, Jeanette, Víctor Manuel, Ana
Belén, Raphael, José Luis Perales, Rocío Jurado, Julio Iglesias,
Massiel, Danny Daniel, Juan Bau y Miguel Gallardo invadieron
con sus voces románticas el continente americano.
En 1972 una empresa estadounidense creó la primera calculadora
electrónica de bolsillo. Tal invento, más otras tecnologías
creadas, dieron paso a un estilo denominado disco, que tenía
como orígenes sonoros al rythm and blues, el soul y el funk.
No todos recibieron con vítores el sonido disco. Por ejemplo,
los rockeros pensaban que este ritmo solo era el conjunto de
notas simples y compases repetitivos, y por lo tanto, era un
atentado a la creatividad y un insulto para los verdaderos músicos.
Los amantes de una transformación en el mundillo del espectáculo
hicieron oídos sordos.
Revolución social
El bailable disco se colocó en la cubre más alta de la moda
entre 1975 y comienzos de los ochenta. Su estrecha relación
con las fiestas de la jet set y el hedonismo de la época, lo
inmortalizaron para siempre.
Gracias a este género se dieron a conocer The Village People,
The Comodores, Sunshine, Cameo, entre otros, que siguieron el
sendero trazado por James Brown, Isac Hayes y Temptations.
También convirtió en dioses de adoración a los disc- jockey
(de Nicky Siano a Frankie Knuckles y Larry Leva). Las discotecas
fueron el terreno perfecto para sobresalir (allí tenemos a Studio
54), Tony Manero y Tania Charles nos enseñaron a bailar, todos
adoraron los performance excéntricos de las Grace Jones, y se
creó un ambiente más tolerante hacia las comunidades homosexuales
(sus mejores representantes fueron The Village People).
Como el disco tenía una fuerte presencia afroamericana, se convirtió
en estandarte de esta minoría étnica. Por eso, Donna Summer
y Gloria Gaynor recibieron la corona de reinas indiscutibles
de la pista de baile.
Cuando comenzaron los 80, el disco se enfrentó a su declive,
y hay historiadores que atribuyen cierta responsabilidad de
esto a Steve Dahl, un locutor de radio estadounidense que fue
despedido de su trabajo cuando le cambiaron, sin su autorización,
su programación de rock por el popular disco.
Desde entonces fue el abanderado de una batalla contra el disco,
y lideró campañas públicas de quemas de álbumes, manifestaciones
y declaraciones en los medios de comunciación de aquel entonces,
que en más de una ocasión provocaron caos y la intervención
policíaca.
Otros, más sensatos, piensan que el género simplemente menguó,
ya que a sus filas entraron más de un artista sin talento.
Hoy por hoy, sus ritmos pulsantes y machacones son revividos.
Los nostálgicos han hecho posible revivir aquellos años y los
músicos de ahora han utilizado el disco como ingrediente de
lo que actualmente se conoce como la música electrónica, jungle,
house, garage y freestyle.