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El
cuento como terapia
Alicia
Rego
Especial para La Prensa
revista@prensa.com
Los cuentos son el instrumento ideal para superar la barrera lingüística
y mental entre los adultos y los niños
Aparte de los bien cono cidos beneficios (facilitador de la comunicación
con los padres, enriquecedor del vo cabulario infantil, agiliza
dor del desarrollo mental), los cuentos que se leen a los niños
pueden ser una buena herramienta para el trata miento de algunos
de los trastornos de conducta que presentan a lo largo de cada
etapa de su crecimiento. De hecho, si muchos padres es tuvieran
al tanto de las ne cesidades psíquicas primor diales de los menores
y actuasen con la compren sión y la motivación que ca da problema
requiere, por ejemplo a través de un cuen to, muchas de las terapias
llevadas a cabo por especia listas ( a veces largas y cos tosas)
se harían innecesa rias. Sin embargo, en ocasiones nos resulta
difícil motivarlos adecuadamente y en lugar de estimularlos, más
bien tendemos, incons cientemente, a desmorali zarlos. Y es que
no solemos adecuar nuestras exigencias a sus posibilidades y facul
tades momentáneas.
A través del cuento se pue de solventar esto, además de hacerlo
en una forma fácil y amena que facilita el enten dimiento. Porque
los cuen tos son el instrumento ideal para superar la barrera
lin güística y mental entre los adultos y los niños, tanto así
que muchos psicólogos no dudan que en ellos puede ha llarse una
efectiva medida terapéutica. Y es que los pe queños se identifican
con los héroes de las narracio nes y se apropian entusias mados
de las ideas y solu ciones propuestas para la superación de sus
dificulta des. Atención, motivación y comprensión del padre ha
cia su hijo son los beneficios que deparan los cuentos y que facilitan
el tratamiento de muchas conductas irre gulares como el morderse
las uñas, la desobediencia o las que deparan algunos mie dos (nocturnos,
a la muerte, al dentista...), entre otras tan tas más que, en
ocasiones y a pesar de nuestras buenas intenciones, tendemos a
con solidar por nuestra a veces torpe labor pedagógica.
Gerlinde Ortner, terapeu ta con muchos años de ex periencia en
la clínica infan til, comparte estas ideas. Tanto así que escribió
un li bro, Cuentos que ayudan a los niños, con una serie de historias
encaminadas a mo tivar a los menores y ayu darlos a dejar atrás
una se rie de comportamientos que sacan de quicio a sus pa dres.
Sin pretender inventar fórmulas mágicas, los cuen tos que ella
presenta los in vitan a identificarse con los protagonistas, que
tienen problemas afines, para así dejar de pelearse con sus hermanos,
contar mentiras, rechazar el alimento, tener pesadillas...; todo
esto con un lenguaje muy ameno, na da moralizador, que se adue
ña de la fantasía para, de jando de lado los sermones, sugerir
una propuesta inno vadora, más ágil y más acor de con la capacidad
de com prensión del niño que la que solemos plantear muchas veces
los padres.
Así, hay en el libro un cuento para los niños que no quieren irse
a la cama, que cuenta la historia de Andreas, un pequeñín al que
le cuesta mucho retirar se a dormir a pesar de la diaria insistencia
de sus progenitores. Ayudado por una fórmula que le provee un
travieso duendecillo, An dreas consigue pasar las no ches en vela
y así aprove char el tiempo para lo que realmente le gusta: jugar
y ver televisión. Pero al día siguiente está tan cansado que no
tiene fuerzas para na da, ni siquiera para comerse su comida favorita
o prac ticar el fútbol. La noche si guiente pasa lo mismo, con
lo cual la historia se repite. Esta vez Andreas no es ca paz ni
de patear el balón ni de jugar a las carreras, el no dormir lo
tiene agotado. Me nos mal que el Señor de los sueños descubre
la travesu ra de su pequeño ayudante, el duende bribón, y hace
que Andreas concilie el sueño temprano y duerma como un lirón.
A la mañana si guiente, el niño despierta lle no de vitalidad
y está listo para afrontar el día con mu cho ánimo y alegría.
Acos tarse temprano ha sido lo me jor que ha podido hacer.
También está el cuento de Beatriz, una pequeña a la que le cuesta
mucho hacer las cosas porque es muy len ta y se distrae con facilidad.
Siempre está pensando en las musarañas. Pero un día, con la ayuda
de un fantás tico reloj que le regala un curioso personaje, consigue
vestirse sola, cepillarse los dientes y comer con rapidez. Su
artilugio se enciende y brilla cuando ella termina lo que está
haciendo. Beatriz está encantada con su reloj y sus padres con
su actitud. Ellos no pueden ver el apa rato pero sí cómo la niña
ha dejado de estar remolonean do todo el tiempo.
Oportuna es también la historia de Claudia una ni ña que tenía
pesadillas. Un día su mamá le explicó que esos fastidiosos pensamien
tos que aparecían de noche se debían a que, a veces los señores
de los pensamientos que viven en nuestras men tes discuten entre
sí porque todos quieren ser los prota gonistas de los sueños.
Mu chas veces no se ponen de acuerdo y el resultado son esas pesadillas
que se tie nen. Pero uno es dueño de esos pensamientos y puede
aprender a controlarlos. No hay que tener miedo porque diciendo
unas palabras má gicas, “un, dos, tres, miedo no te quiero ver”,
y con la ayuda del peluche favorito, los pensamientos malos de
saparecerán y surgirán otros más bonitos.
Y uno mismo puede in ventar cuentos según el pro blema que se
quiera tratar. Sólo se necesita de imagi nación, fantasía, sensibili
dad y paciencia. Tras el cuento, se intentará de al guna forma
aplicar el men saje a la realidad a través de situaciones parecidas
a las de los protagonistas. Según las distintas cuestiones se
de berá establecer un progra ma de incentivos para esti mular
a los niños a que imiten las conductas apro piadas.
Es verdad que los cuentos no pueden sustituir un tra tamiento
formal cuando los problemas de conducta son serios, sin embargo
pueden ser un complemento valioso, no solo por el contenido di
dáctico del que hablamos si no también por el solo he cho de que
requieren de la dedicación y atención de los progenitores, a veces
tan echadas en falta por nues tros hijos. Y es que, el que un
niño se percate de que uno de sus padres le dedica tiempo para
algo más que los sermones y regaños es en sí mismo un primer paso
para una efectiva terapia.
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