|
La
Comisión de la Verdad ya está instalada, y donde antes
había una pregunta, ahora hay un desafío. Las tumbas han
hablado hasta hoy con la muda elocuencia de su lenguaje
de restos, de fosa clandestina, de sepultura anónima al
pie de un cuartel. Esa expresión silenciosa debe convertirse,
luego de los meses de trabajo de la comisión, en una clara
y pormenorizada –aunque seguramente sobrecogedora– historia.
La Verdad que constituye el predicado de esta comisión
no emanará revelada, sino que se alcanzará solo como producto
de una investigación concienzuda y precisa. En propiedad,
esta es una Comisión Investigadora de la Verdad, que dará
nombre a restos hasta hoy anónimos, que seguramente llevará
a descubrir otros, que podrá relatar los últimos minutos
de sus vidas, que logrará identificar a parte de sus verdugos,
que describirá la cadena de órdenes, trámites y responsabilidades
que culminaron en el asesinato y la desaparición; que
interpretará tanto las doctrinas como los silencios cómplices
que los cohonestaron y encubrieron. El resultado será
seguramente un informe de difícil lectura, no por abstruso
sino por doloroso. Pero de esa verdad emergerá una nación
mejor, que ha encontrado a sus desaparecidos, dado la
paz a sus muertos y entregado los hechos a la justicia
aún posible. Nadie con un mínimo de honestidad puede oponerse
a los trabajos de esta comisión, ni intentar adulterarlos.
A sus miembros les deseamos lucidez y entereza.
|