Panamá, 14 de enero de 2001
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Arco Iris en problemas: Carlos Manuel Aguilar

Al levantarme cada mañana me pregunto si habrá futuro para el ser humano ya que observo que el hombre devora al hombre cada día por la ambición y desea una mejor posición a cualquier precio, incluso dañando al hermano. Por ello hago ahora esta reflexión.

Los residente de las casas 60 y 61 de Arco Iris, llevamos 3 años esperando respuesta a nuestra inquietudes, en vista de que tenemos que mudarnos como consecuencia del paso del ferrocarril.

Los representantes de la empresa nos han prometido que nos construirán nuestras vivienda, pero hasta ahora no hay nada concreto. Cada vez que les llamamos se niegan a contestar nuestros interrogantes, evidenciando mala voluntad.

Por su parte, las autoridades locales, el Banco Hipotecario de Colón, la Gobernación, la A.R.I. , la Alcaldía, se están prestando al juego engañando al hermano con falsas promesas, reuniones, que nos distraen y que representan en realidad el trabajo sucio.

Si las autoridades locales hubieran deseado solucionar la situación, habrían pedido la suspensión de las obras hasta que se cumpliera con los afectados. Sin embargo ha resultado más cómodo decir que se trata de un compromiso contraído por el Gobierno anterior con la empresa constructora del ferrocarril: por ello no pueden hacer nada. Al no asumir su responsabilidad, deberían declararse incapaces.

Otra vez Colón es defraudada por aquellos políticos que vinieron a pedir el voto, pero a los que ahora no interesa nuestra realidad (...)


Formas de saqueo: Carlos Fong

El sector cultura está lleno de gente insensible

Para los panameños, la palabra saqueo empezó a tener significado histórico-social a partir de diciembre de 1989. Al igual que los venezolanos -con su febrero blanco de 1989-, la noción de “saqueo” expresa una serie de imágenes y situaciones insólitas, pero reales.

Los científicos sociales venezolanos analizaron las repercusiones sociales del saqueo y encontraron cinco tipos: el saqueo a la esperanza (cuando el ex presidente Carlos Andrés Pérez se dirigió al pueblo para informarle que iban a aumentar el precio de la gasolina, el transporte, la canasta básica y que el gobierno no podía hacer nada); el saqueo a los bolsillos (cuando los comerciantes retenían los alimentos esperando la nueva liberación de precios); el saqueo a los que más tienen (los centros comerciales y los negocios de los portugueses, italianos y chinos fueron saqueados por los que menos tenían); el saqueo a la vida (los malandros y las fuerzas de seguridad barren con la vida de los ciudadanos); el re-saqueo a los sectores populares (después del saqueo a los comercios empieza la operación de rescate de los artefactos sustraídos: se allanaban las casas de los sectores más populares).

Si hacemos un análisis de nuestros actuales problemas sociales, encontraremos cierta similitud con tres de los saqueos en Venezuela (excluyo el saqueo a los que más tienen porque solo se dio en diciembre de 1989, y el re-saqueo a los sectores populares que no se ejecutó aquí); además, incluimos otros dos tipos de saqueos.

Los cambios económicos, políticos y culturales que, deben darse para edificar una realidad democrática más justa, irónicamente traen como consecuencias formas de saqueo al pueblo panameño, así.

1. Saqueo a la esperanza panameña: el ministro de Economía y Finanzas manifestó que la economía del país sólo crecerá el 4% y no el 6% como se esperaba. Significa que será difícil enfrentar los problemas sociales, y la presidenta, para variar, dijo que el gobierno no podía hacer nada para remediar el aumento de los servicios públicos.

2. Saqueo a los bolsillos de los panameños: el aumento de los servicios públicos privatizados, el inminente aumento del pasaje y de la canasta básica, la incapacidad del ente regulador, la indiferencia del tránsito ante el abuso de los transportistas y los dueños de la Gran Terminal, etc., están chupándole la sangre al pueblo.

3. Saqueo a la vida de los panameños: ya no hay que ver la T.V. para horrorizarse con los secuestros, robos a bancos y violaciones. En la cultura de la violencia no hay lugar seguro: en Guadalupe de La Chorrera un niño dormía con su hermanito cuando una bala entró por el techo y lo mató.

4. Saqueo a la seguridad y la soberanía: la frontera del Darién no es segura y las declaraciones de B. McCaffrey, ex jefe del Comando Sur y zar de la droga en Estados Unidos, de que nuestro país es un centro importante de tráfico de drogas y lavado de dinero, es una justificación para que Panamá intervenga en el Plan Colombia. Hay políticos y empresarios que sostienen que de soberanía no se come y por eso desean que regresen los yankis, a la vez que están presionando al gobierno para que vuelvan los días puentes.

5. Saqueo a la educación, la cultura y los valores más nobles del panameño: la atomización de la enseñanza y el aislamiento del estudio de los autores que han aportado a la identidad y al pensamiento nacional (Arosemena, Soler, De La Rosa, etc.), la simplificación de la historia del país, la intención de eliminar las carreras humanísticas que son claves para reflexionar y cuestionar la realidad, están formando estudiantes para el mercado, anestesiando su capacidad de pensar para ser.

Con el nuevo presupuesto esperemos lo peor para la cenicienta del Estado: el INAC. El sector cultura está lleno de gente insensible a la cultura, con el único ideal de frenar el desarrollo del arte; gente sin proyectos creativos, porque la creatividad no es patrimonio de espíritus mediocres.

Y por último, algunos medios de comunicación prefieren darle énfasis al lado oscuro de la realidad nacional, negando las cosas positivas. Como si fuera poco, atiborran a los receptores de códigos frívolos y vacíos que atontan y entorpecen la creatividad. Filosofías como el “juega vivo”, todo vale, el que parpadea pierde, just do it (sólo hazlo), son las dogmas de ciertos grupos que operan desde los medios para adoctrinar a los espíritus más vulnerables y mutilar sus valores.

¿Qué se puede hacer ante todo esto? Lo primero es empezar a detectar estas formas de saqueo para condenarlas y denunciarlas. Y no estaría mal que emprendiera la campaña la señora presidenta, porque daría posibilidades de esperanza en el pueblo que la eligió. Ya el contralor de la República se atrevió, confrontando a los piratas del servicio eléctrico (¿o soy demasiado ingenuo que me lo creí?).

Todavía hay tiempo, antes de que los problemas sociales lleven al pueblo a la desesperación. Raúl Leis manifestó en un medio de comunicación que la gente se va a suicidar en el 2001.

El autor es asistente del departamento de Letras del INAC


Las facultades privadas de medicina: Xavier Sáez-Llorens

El contacto del estudiante con el enfermo es la mejor forma de adquirir y perfeccionar los conocimientos

Me encuentro realmente preocupado por el comunicado emitido por la FENAMERI (Federación Nacional de Médicos Residentes e Internos), sobre la posición negativa hacia un eventual convenio entre las universidades privadas de Panamá (Universidad Latina, Columbus University) y los hospitales “escuela” tradicionales de la capital de Panamá. Esta posición es desacertada, discriminativa y antidemocrática.

Yo soy egresado y con orgullo, de nuestra querida Universidad de Panamá, lugar donde ofrezco enseñanza pediátrica ad honorem y no tengo contrato con ninguna entidad educativa privada. Sin embargo, esto no constituye razón para tratar de interferir con la educación de los estudiantes egresados de otras universidades, ni para coartar sus aspiraciones académicas, ni para truncar su exposición a los programas docentes históricamente establecidos en nuestros hospitales “escuela”. Es más, tanto a nosotros los profesores como a la comunidad entera nos debe solamente interesar que cualquier médico joven, independientemente de su procedencia y lugar de formación, reciba el mejor entrenamiento posible para que pueda ejercer una medicina de calidad, segura y actualizada, para el beneficio de todos los panameños.

Anteriormente, los estudiantes que no podían entrar a la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá emigraban al extranjero para cumplir sus anhelos profesionales. Aunque muchos de estos individuos lograban estudiar en universidades de prestigio, otros lo hacían en instituciones de dudoso aprendizaje. Al regresar a Panamá, todos, sin excepción, se sometían a los mismos estándares y reglas de juego que los egresados localmente. Ahora en Panamá, contamos con universidades privadas y lógicamente por comodidad y precio, menos estudiantes se aventuran a viajar al extranjero. Pero todos somos panameños y tenemos el derecho pleno de aspirar a los mejores estándares de educación médica.

Aunque estoy de acuerdo en que se tiene que revisar y aprobar los programas curriculares de las universidades privadas para equipararlos a los programas vigentes de nuestra primera casa de estudios (potestad del Ministerio de Educación con la asesoría de la facultad de medicina de la Universidad de Panamá), no considero apropiado emitir juicios especulativos sobre la saturación de los hospitales, la degradación de la calidad de atención médica de los asegurados y la obtención de un mínimo de privacidad.

La estructuración adecuada de las rotaciones lograría mantener un mínimo de estudiantes a lo largo del año, evitando que coincidan de golpe los egresados de las tres universidades. Esto favorecería una mayor privacidad del paciente.

Es importante recordar que el contacto del estudiante con el enfermo es la mejor forma de adquirir y perfeccionar los conocimientos clínicos; actividad que se realiza en todos los hospitales docentes del mundo.

Exhorto a los directivos de la FENAMERI a que depongan actitudes egoístas y permitan a los egresados de otras instituciones (Universidad Latina, Columbus University, etc.) a participar conjuntamente de los programas docentes de nuestros mejores hospitales y profesores.

Las mejores cualidades intelectuales se demuestran mediante la competencia leal y justa, no a través de impedir el acceso a dicha competencia.

El autor es pediatra


Canal apolítico: Eloy Alfaro de Alba

La fuerza laboral de la Autoridad del Canal de Panamá y su administración merecen especial reconocimiento

En la columna editorial del diario La Prensa, publicada en primera plana el 1 de enero de 2001, se hace un comentario crítico que sugiere una supuesta “politización” en el seno de la junta directiva de la Autoridad del Canal de Panamá con relación al tema de la posible ampliación del Canal. No hay tal cosa.

Es fundamental la función que deben cumplir los medios de comunicación social y delicada la responsabilidad que le corresponde a una prensa libre, de fiscalizar alerta y agresivamente el funcionamiento del Canal de Panamá para garantizar que sea eficiente y apolítico. Por ello aplaudo y felicito la participación activa de los medios en el debate de los temas relativos al funcionamiento del Canal, aun cuando en algunas ocasiones no esté de acuerdo con las opiniones publicadas, como es el caso del comentario crítico vertido en el editorial mencionado.

La Autoridad del Canal de Panamá debe hacer las recomendaciones relativas a la ampliación del Canal de Panamá, una vez se tengan los elementos de juicio suficientes para considerar el tema con la responsabilidad y con el cuidado que el mismo amerita. Entre esos elementos se debe incluir, por supuesto, las proyecciones de mercado y tráfico; los perfiles técnicos de la ampliación, incluyendo el tamaño de nuevas esclusas, su ubicación, las provisiones para garantizar el suministro de agua y los mecanismos que puedan introducirse para ahorrarla; el costo aproximado del proyecto; la ingeniería financiera; el tiempo de duración y la cronología de construcción; la política de peajes en el futuro y el efecto que la misma pueda tener en el mercado; el impacto ambiental y social del proyecto (con atención especial en los intereses y preocupaciones de las comunidades que puedan ser directamente afectadas, así como en la forma como se integrarían las mismas al proceso de toma de decisiones); y la estrategia para mantener contactos efectivos con la comunidad internacional, especialmente con los usuarios del Canal, a fin de obtener el beneficio de su aporte y asegurar su apoyo al proyecto. Estos son los factores que deben sustentar objetivamente la decisión que se tome.

La junta directiva de la ACP ya ha autorizado que se adelanten con urgencia los estudios necesarios para poder considerar estos factores con más precisión. Una vez los estudios aporten los elementos de juicio necesarios, la junta directiva podrá analizarlos, recomendar lo que corresponda y apoyar al Gobierno en el amplio proceso de consulta nacional que será necesario para lograr, en la comunidad política y civil, el consenso imprescindible para hacer realidad un proyecto tan importante para el país.

Sin embargo, pareciera que existen factores distintos que motivan a algunos a sugerir la necesidad de anunciar grandes proyectos de infraestructura como lo sería la ampliación del Canal antes de disponer de los elementos de juicio que permitan un análisis del tema que sea ponderado, completo y objetivo. Si bien estos otros factores reflejan preocupaciones válidas que actualmente ocupan la opinión pública, sería un error que ellos influyeran o lo que es peor fueran determinantes en la toma de decisiones y sería una gran irresponsabilidad de la junta directiva de la Autoridad del Canal de Panamá recomendar prematuramente planes para la ampliación del Canal, haciendo descansar la decisión, sin parámetros seguros, en factores que no son los correctos.

Es comprensible que en estos momentos presione la supuesta necesidad de fomentar en la opinión pública esperanza, de calmar el pesimismo y reactivar la economía mediante el anuncio de proyectos importantes de infraestructura y para ello se considere conveniente el anuncio de grandes obras. Pero en el caso de la ampliación del Canal estas no son las razones que deben sustentar una decisión tan importante para el futuro del país.

Es lamentable que quienes hacen acusaciones de una supuesta “politización” en las decisiones relativas al Canal, sugieran que las decisiones sobre su futuro se tomen precisamente por razones políticas coyunturales, sobre bases equivocadas y no tras la consideración oportuna, serena, responsable y objetiva de factores idóneos.

El éxito obtenido en la transferencia imperceptible del Canal a la Administración panameña, se debe al arduo trabajo de muchas personas que participaron y continúan participando con dedicación, desprendimiento y sin motivaciones político-partidistas, en las distintas etapas del proceso de transición, todas muy bien cumplidas. La fuerza laboral de la Autoridad del Canal de Panamá y su administración, merecen especial reconocimiento.

El futuro del Canal no debe ser trampolín para ningún Gobierno ni grupo político. Afortunadamente así lo ha entendido hasta ahora la clase política panameña. Sería una lástima que, por pretender lo contrario, se estropease en el futuro el buen funcionamiento del Canal que los panameños cuidamos con tanto celo.

El autor es abogado y miembro de la junta directiva de la Autoridad del Canal de Panamá.

 
     

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