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Carruajes,
presidencia, fútbol
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| Para
los que aún dudan de que en tiempos pretéritos, las cosas
tenían más elegancia y señorío que en la actualidad, aquí
les presentamos esta notable estampa. Claro que no hay pérdida
posible. Se trata del palacio presidencial en los tiempos
en que creemos no habían regalado aún las posibles abuelas
de las actuales garzas. Nótese que la edificación tiene tan
sólo dos pisos, lo cual indica que la fotografía fue tomada
antes de 1921, cuando se inició su restauración. ¿Qué hora
nos dice el reloj, las 4 ó las 12 y 20? ¡Qué lustrosa la piel
de los caballos! Qué completo lo de las bridas, muserolas,
frontaleras y gamarras (¡olé!) que les han puesto a ellos.
El cochero aparece con su librea, sombrero de copa, pantalones
bombachos y de seguro sus botas. El compañero con su sombrero
de corcho que en hindú llamaban topi o topee; gracias a Roberto
Reichard leímos alguna vez el nombre en español, pero se nos
olvidó. ¿Y qué tal el piso de la calle con sus adoquines?
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TEXTOS:
HARRY CASTRO STANZIOLA
FOTOGRAFIAS:
TODOS LOS DERECHOS
RESERVADOS
POR R. LOPEZ ARIAS
Los
carruajes o victorias, como el que vemos aquí, eran demasiado
costosos para ser de uso popular; para ello existieron los llamados
coches que eran, junto con el tranvía, los medios democráticos
para el transporte ciudadano de esta hoy laberíntica ‘‘ciudad’’.
No sabemos cuántos más de aquellos había en el Panamá de entonces.
Debieron ser varios, ya que era muy común que las familias acaudaladas
se trasladaran durante sus ratos libres a las Sabanas y zonas
aledañas, para veranear.
¿Cuál
fue el primero de nuestros presidentes que utilizó esas victorias?,
tampoco lo he podido averiguar.
En cambio, sí se sabe que el edificio que aquí se ve tiene una
historia bien antigua y bien conocida, gracias a los trabajos,
entre otros, de Alfredo Castillero Calvo, Ernesto Castillero Reyes,
Samuel Gutiérrez, David Samudio y varios más.
Poco tiempo después de asentada la segunda ciudad capital en 1673,
llegó aquí un oidor, especie de juez y parte, de nombre Luis de
Lozada Quiñones, quien utilizando y abusando de su autoridad,
se apropió del lote y usó fondos oficiales para construirse su
morada, su despacho y la sede de sus variados negocios, dándonos
la primera lección de una ciencia que se refinaría después.
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| Esta
foto nos iba complicando. Pero con la búsqueda propia y la
de Luis Morales, comprobamos que fue tomada en Costa Rica,
donde el 15 de agosto de 1912, Porras se encontraba descansando
después de la agitada campaña política que acababa de terminar.
El futuro presidente se posesionaría del cargo en Panamá el
1 de octubre de 1912. El lugar es la llamada sabana de San
José, y don Belisario se encontraba presenciando un partido
de fútbol. Y esa iba siendo la complicación. Al principio
se creía que la foto era en Panamá, pero en la parte de atrás
de la misma dice la sabana de San José. Además de que, según
Morales, el balompié empezó en Panamá más tarde. Eso nos hizo
recapacitar y encontrar la solución. Se trata de un diferente
tipo de carruaje; este se llama landó, landau en francés.
Ustedes perdonen si el lenguaje hoy ha estado algo rebuscado.
Pero es que parece que el 2001 nos indigestó. |
Se
dice, además, que el cabildo capitalino, oyendo las acusaciones,
tomó cartas en el asunto y al citado pionero de tanta trapisonda
castigó (?).
El primitivo edificio sirvió como sede de Aduanas; más tarde,
y gracias a los planos elaborados por el ingeniero español Manuel
Hernández, a mediados del siglo XVIII, fue la sede de la Contaduría,
de la Escuela Normal, de residencia de mandatarios y de la Gobernación.
Ya en en el siglo XX, en la segunda década, Belisario Porras encargó
al arquitecto Leonardo Villanueva M. que restaurara la edificación
que se transformó en lo que es hoy el palacio llamado de las Garzas.
Y pasemos ahora al fútbol o balompié. Hablando con don Luis Morales,
uno de los más dedicados historiadores de nuestro deporte, nos
comunicó que fue en los años de 1915 ó 16 cuando, con futbolistas
ingleses y antillanos, ese popular deporte comenzó a practicarse
en Panamá.
Por cierto, en uno de aquellos primeros partidos casi que juega
aquí Eduardo VIII de Gran Bretaña, aquel que renunció para casarse
con la Sra. Simpson, pero el padre de él, no de ella, no le permitió
venir como cadete en un barco de la armada inglesa, y la marea
roja de aquel tiempo, se perdió de ver a quien no debía de ser
ningún Pelé.
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