Arline
G. Rushing
Una pacifista en Kosovo
La guerra incrementa el odio y la violencia entre los pueblos;
pero aún en medio de esa violencia, hay muchos pacifistas que
plantean la solidaridad humana como camino para la paz.
ILEANA
GOLCHER
Especial
para La Prensa
golcher@prensa.com
Junio
de 1999. Kosovo. Las tropas de la Organización del Tratado del
Atlántico Norte (OTAN) irrumpieron en esta ciudad europea, para
poner fin a una guerra de origen étnico que aún avergüenza a toda
la humanidad. La fecha marcó el fin de la historia traumática
para una de las etnias de la zona: los albanokosovares. Antes
de que estallara la guerra, mujeres serbias, gitanas o goranzi,
todas ellas junto a sus familiares, formaban parte del Kosovo
multiétnico. Hay quienes afirman que Kosovo ha sido el último
episodio bélico de los Balcanes. Una guerra cruel porque las mayores
víctimas han sido de la población civil, especialmente las mujeres,
sin excepción de etnias, de posición social ni de credos religiosos.
Las
misiones de paz de Naciones Unidas
Las
Naciones Unidas iniciaron en Kosovo una misión de paz que convocó
a cientos de voluntarios de distintos países del mundo.
En el Centro de Información de las Naciones Unidas en Panamá se
recibe documentación de todas las operaciones de paz que desarrolla
la institución en todo el mundo. Sin embargo, durante los primeros
meses del año 2000, se recibió un cuantioso bloque informativo
sobre la Misión de Paz en Kosovo. Las imágenes de la televisión
y de la prensa escrita mostraban un país sacudido por la guerra,
sometido a la violencia y que acudía a los campos de refugiados
por ‘‘la limpieza étnica’’ y luego por los bombardeos de la Organización
del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). La sensación percibida
por Arline Rushing, panameña, quien labora en el Centro de Información,
fue de profunda tristeza y se repetía constantemente: ‘‘Quisiera
estar ahí y ayudar a las personas’’.
Una
voluntaria panameña
Un
buen día recibió un memorandum de la sede de Naciones Unidas
en el que se informaba que todas aquellas personas que estaban
interesadas en participar en la misión de paz en Kosovo deberían
hacer la solicitud correspondiente. Y fue así que Arline decidió
enviar su solicitud formal. Su sorpresa fue muy grande cuando
algunos meses después le informaron que había recibido aprobación
y debería estar en Kosovo a finales del mes de abril..
La misión de Kosovo se estableció por la Resolución 1244 del Consejo
de Seguridad de Naciones Unidas. Se inició en junio de 1999.
En la actualidad hay diversidad de misiones de paz de Naciones
Unidas en el mundo; la misión de Kosovo es una de las más complejas.
Uno de sus objetivos fundamentales era realizar el registro de
la población Serbia que había huido y que se encontraba en el
área limítrofe, entre Kosovo y Serbia; además apoyar el proceso
de las elecciones municipales que se efectuaron el 28 de octubre.
Arline Rushine fue seleccionada como supervisora internacional
del Registro de población que se llevó a cabo de abril a julio;
las elecciones se realizaron en octubre.
Una
panameña en Kosovo
Una
de las primeras tareas fue efectuar una campaña de información
pública para estimular a la población para que se registrara.
Arline fue asignada a trabajar en la Organización de Seguridad
y Cooperación de Europa, en la campaña de información pública.
La misión estuvo conformada por personas de distintas nacionalidades;
‘‘yo fui una panameña en Kosovo’’, explica Arline.
Su nueva tarea significó trabajar intensamente con mujeres con
aspiraciones políticas y los partidos políticos; fue así que Arline
inició un proceso intenso de sensibilización de mujeres de distintos
sectores sociales y económicos para animarlas a participar en
cargos de elección popular. Con el propósito de garantizar la
equidad en las elecciones se emitió una Resolución que exhortaba
a los partidos a fijar una cuota mínima de 30% de participación
femenina en los partidos políticos para poder efectuar las elecciones.
Organizar
a las mujeres de Kosovo
Fueron
meses de intensa labor en las que capacitaron a las candidatas
para preparar sus mensajes y organizar la campaña política. Se
seleccionaron cuatro entrenadoras, una de las cuales es panameña:
Diana Luz Parada, quien a juicio de Arline tuvo una gran presencia
y se convirtió en un factor decisivo en el éxito alcanzado.
Los
efectos de la guerra
La
vida en Kosovo no es nada fácil; según relata Arline, todas las
personas tienen una historia dramática que narrar como consecuencia
de la guerra; sus familiares, amistades o ellos mismos habían
sido víctimas de una guerra que cobró miles de víctimas.
La mayoría de las personas residentes en Kosovo son de origen
albanés. Las escenas han quedado grabadas para siempre en sus
memorias. Tal vez esa sea la explicación al carácter agresivo
y un tanto apesadumbrado de los kosovares, piensa Rushing. ‘‘La
paz seguirá siendo un largo proceso de mediación, de concertación
y de diálogo; las heridas son profundas y, en términos generales,
siguen rechazando la convivencia con otras etnias’’.
‘‘He
comprendido que para vivir en paz hay que renunciar a muchas cosas;
por ejemplo el orgullo nacionalista, el sentido de la revancha,
de la venganza. Trabajar por la paz significa primeramente una
lucha personal con nuestros propios egoísmos, para luego querer
cambiar el mundo’’, explica Arline. Su rostro se ilumina y sus
recuerdos se alejan evocando las tantas escenas de muerte y vida
que logró presenciar en Kosovo. Como aquella anécdota narrada
por una señora albanesa que al acudir al campo de refugiados en
Macedonia descubrió que su hijo se había escrito en una de sus
piernas, su nombre y su dirección. Al ser interrogado, el niño
respondió : ‘‘Por si me matan... saben quién soy’’.
Las
decisiones heroicas ante la muerte
Otro
señor le narró sus diálogos interiores ante la muerte: ‘‘Si me
detienen los soldados, es probable que maten a mi hijo que tiene
12 años o que violen a mi hija que tiene 14. El decidió que mejor
mataran a su hijo’’. Según relata Arline, todas esas historias
son narradas por la gran mayoría de la población. Tuvieron que
enfrentarse a la muerte y tomar decisiones heroicas. Su asistente
de trabajo presenció ejecuciones masivas de todo tipo de personas:
niños, ancianos, mujeres, jóvenes; la guerra no se detuvo ante
nada ni ante nadie.
Kosovo
vuelve a la normalidad
Arline
vivió en Pristina, la capital de Kosovo. La vida cotidiana transcurre
lentamente; hay racionamientos de luz y agua. Casi todos los días
el fluido eléctrico se interrumpía y la vida se paralizaba. Tres
horas de luz y de nuevo un apagón más. Las carreteras no han logrado
ser reparadas y esta situación dificulta el tráfico. Pero el peligro
mayor son las minas anti personales. Periódicamente se escuchan
detonaciones como recuerdo de que el enemigo aún ronda en miles
de sitios y puede estallar en cualquier momento en el sitio menos
sospechado. El aire es pesado y un olor penetrante de uranio invade
calles y ciudades; son el producto de las bombas provenientes
de la OTAN...
Las más simples comodidades no forman parte aún de las familias
en Kosovo. En verano el calor es sofocante, pero nadie tiene sistemas
de aire acondicionado. Los edificios muestran aún los estragos
de una guerra que costó decenas de miles de vidas humanas, según
cálculos de las Naciones Unidas.
La
guerra continúa
‘‘Admiro
la labor mundial de las Naciones Unidas porque es intensa, permanente,
y requiere del apoyo de la propia gente para que los objetivos
puedan alcanzarse’’.
La paz se construye entre todos. Las misiones de paz de las Naciones
Unidas deben ser apoyadas por las propias personas. Los panameños
que vivimos la invasión sabíamos lo que significa la experiencia
de la guerra. ‘‘Por supuesto la nuestra dista mucho de las proporciones
dramáticas de la guerra de Kosovo, pero la guerra no ha pasado’’;
aún se sienten sus secuelas en las actitudes mentales de las personas,
muchas de las cuales insisten en no querer olvidar, en buscar
la venganza. Aprendí a apreciar aún más el espíritu de paz, de
lucha y de esperanza que nos caracteriza a los panameños, confiesa
Arline.
Las
mujeres, las más afectadas
Según
opina Arline las mujeres son las más afectadas en esta guerra,
porque tienen muchas responsabilidades y tienen poco acceso a
la toma de decisiones. ‘‘Estoy segura de que si tuvieran acceso
al poder emplearían ese poder a favor de las causas de la paz.
No escogerían la guerra como la mejor alternativa. Como resultado
de la guerra, miles de mujeres se agolpaban frente a las puertas
de los improvisados campos de refugiados. Mientras ellas huían
de la guerra, sus hijos, maridos, hermanos y padres luchaban en
el frente o eran sometidos como prisioneros de guerra, torturados,
masacrados y asesinados.
Han perdido a sus hijos y deben seguir alentando a sus otros hijos
a que se mantengan firmes. La ciudad es víctima de la orfandad,
de los desaparecidos, un escenario de dolor y pesadumbre. Las
mujeres deberán enfrentarse solas a la vida. Deberán aprender
a vivir una cultura machista que muchas veces les niega el derecho
a participar y ellas no están lo suficientemente decididas a enfrentarse
a las esferas del poder. Como resultado de las elecciones sólo
el 8% de las mujeres fueron electas. Según Arline, resulta paradójico
que las mujeres kosovares en la práctica no tienen derecho a la
herencia de sus padres. Pese a que han logrado un relativo nivel
de educación, las presiones sociales son aún muchas, y entonces
terminan como amas de casa. Las diferencias étnicas, los recelos
y las agendas de odio son ahora más patentes que nunca. La paz
es una palabra que comienza a escribirse lentamente.
Valorar
la paz y solidaridad con otros pueblos
La
misión de Arline concluyó a finales de noviembre. Sus labores
administrativas prosiguen en el Centro de Información. Por supuesto,
nada es igual para ella. Lograr participar en esta misión de paz
significó comprender de forma diferente la paz. Aprender a valorar
lo que cuesta vivir respetando las diferencias étnicas. Por lo
pronto Arline ha sido invitada a participar nuevamente en la Misión
de Paz en Kosovo el próximo mes de abril del 2001. Aún no ha tomado
una decisión al respecto.
Las personas pueden solicitar participar en las Misiones de Voluntariado
de Naciones Unidas, mediante correo electrónico a la siguiente
dirección: Hnet@un.org.
|