Panamá, 6 de enero de 2001
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Ruinas de grandes obras

Carlos Endara tomó esta fotografía desde el interior del templo de Santo Domingo, para así poder captar al requetefamoso arco chato que es el que se ve en el fondo y que tenía como principal objetivo o función sostener lo que aquí ya no se ve, y que era el pesado coro de la iglesia. Para orientarnos mejor, si abriésemos las puertas que están en el fondo, y saliéramos, nos encontraríamos en la Avenida A, estando a nuestra izquierda el Museo de Arte Religioso y, a la derecha, la calle 3ra. del Casco Viejo o barrio de San Felipe. Volviendo al arco chato, recordemos que Phillippe Bunau Varilla lo utilizó en fotografías para sus múltiples intervenciones a favor de la construcción del Canal en nuestro territorio, para demostrar que a pesar de tener el arco tantos siglos aún estaba en pie, ya que aquí no había violentos movimientos telúricos que lo hubiesen podido derruir. La iglesia y sus otras instalaciones llegaban hasta la calle 3ra. actual.

TEXTOS: HARRY CASTRO STANZIOLA
FOTOGRAFIAS: TODOS LOS DERECHOS
RESERVADOS POR R. LOPEZ ARIAS

Tan temprano como 52 años después de haberse fundado el 15 de agosto de 1519 Nuestra Señora de la Asunción de Panamá, llega a ella un grupo formado por cuatro miembros de la orden religiosa de los dominicos, que construyeron su primer asentamiento en esa área, compuesta por una edificación de madera y techo de paja que con posterioridad se modificó.

Vino después la destrucción de aquella ciudad como consecuencia del ataque y asalto del pirata Henry Morgan y su traslado el 21 de enero de 1673 a su nueva localización.

Ya con mayor ayuda oficial, más los aportes de varios contribuyentes, los dominicos construyen su convento, una iglesia, más una capilla en el año de 1678.

Los frecuentes incendios que tanto mal le hicieron a la población, se encargaron de destruir casi en su totalidad a la mencionada construcción. El 2 de febrero de 1737 se produjo el llamado ‘‘fuego grande’’ y, más tarde, el 21 de marzo de 1756, el conocido como ‘‘el chico’’.

Recordemos que la orden de los frailes dominicos fue fundada en el siglo XIII por el religioso español, después santificado, Domingo de Guzmán.

Ahora en esta otra foto, estamos observando lo que resta de lo que en otros tiempos fue la sede de la Compañía de Jesús en el Istmo de Panamá. La cerca protegía a los transeúntes en una época en que la ruinosa edificación constituía un peligro. Ya no es así. ¿El sitio? Es casi seguro por ustedes conocido. Se encuentra en la Av. A o de Rodolfo Chiari, esquina con la calle 7a o calle de Santos Jorge también del barrio de San Felipe o Casco Viejo de la ciudad. Son junto con la anterior de Santo Domingo las ruinas más extensas y a la vez muy bien conservadas de la antigua ciudad colonial. Hay que ir hasta allá una y muchas veces más. El frente del edificio aún nos da idea de su majestuosidad, con sus columnas empotradas, los restos de los nichos que alojaban las estatuas allí colocadas, los ventanales, la torre, las piedras del frente pintadas de colores, sus ladrillos y la gran superficie interior. El conjunto ocupaba casi una manzana y es fácil advertir cómo se le fueron sustrayendo espacios para otras construcciones particulares.. Recuerdo que en alguna ocasión, un guía turístico de una agencia de viajes le respondía con un sí bastante desganado a una turista que le decía aburrida: ¿otra iglesia más? Un buen cicerone habría tenido la oportunidad de hablar con orgullo acerca de que allí estuvo nuestra primera universidad y proporcionarle muchos interesantes datos más. La Compañía de Jesús fue fundada por Ignacio de Loyola en el año de 1534.

Las ruinas que aparecen en la otra fotografía corresponden a lo que fue el hogar o convento, más las aulas de lo se conoció después como la Real y Pontificia Universidad de San Javier, por cierto la primera que funcionó en Panamá. En el año de 1749 y más precisamente, el 3 de junio, el monarca español de turno había expedido esa orden Real.

No nos olvidemos de los ingentes esfuerzos que el presbítero y después obispo de Panamá, Francisco Javier de Luna Victoria y Castro, llevó a cabo hasta lograr la construcción de aquel más que importante lugar. Fue también él quien financió en gran parte las edificaciones de las Iglesia de La Catedral y de Santa Ana.

La citada universidad funcionó hasta el año de 1769, cuando la comunidad de jesuitas fue expulsada por orden del Rey Carlos III, de los lugares de América en donde laboraban.

Por lo menos todas estas ruinas están bastante bien conservadas.

Por allí nos hemos enterado de que existe un proyecto que cubrirá con un techo estas dos construcciones, con el fin de construir en sus interiores variados comercios dirigidos hacia los turistas. Ojalá que el buen y sano criterio sea el que prime y se haga lo que realmente sea lo mejor.

Un feliz y venturoso 2001 a todos nuestros lectores.

 
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