El
profético Godin de Lepinay
El
Istmo de Tehuantepec no
ofrecía las posibilidades
de Panamá, pero
su cercanía a las costas
de Estados Unidos, le
otorgaba una significativa ventaja
en todo momento
Alonso
Roy
Especial
para La Prensa
revista@prensa.com
La
idea de unir ambos océanos llevó a la imaginación de innumerables
personajes a viajar por caminos quiméricos y a imaginar pasajes
entre los mares, que no aparecían por ninguna parte.
Cristóbal Colón, el Almirante de la Mar Océano, Pedrarias, Balboa,
Hernán Cortés y otros, los buscaron por muchos años, sin ningún
éxito.
Alexander Humboldt, el personaje científico más catalogado de
su tiempo, no escapó el unirse a este grupo de protagonistas y
con toda la autoridad que poseía, llegó a proponer una serie de
proyectos canaleros por varias regiones de América, pero siempre
inclinándose, favorablemente, por la ruta de Nicaragua.
Las investigaciones topográficas que llevó a cabo en Panamá, el
ingeniero francés Napoleón Garella, en 1884, estuvieron situadas
dentro de los parámetros científicos y resultaron muy exitosas.
Entre los años 1850 y 1860 numerosos eruditos y charlatanes se
lanzaron a realizar búsquedas que, por supuesto, carecieron de
reconocimiento alguno.
Sin lugar a dudas, las investigaciones ordenadas por el ex presidente
de Estados Unidos Ulyses S. Grant y llevadas a cabo por el Comandante
Thomas S. Selfridge en el Istmo de Darién, se basaron en una carta
donde le advertía ‘‘que sin tomar en consideración cuantas exploraciones
se hayan realizado, o cuan exactas hayan sido, el pueblo de este
país nunca estaría satisfecho hasta que cada punto del Istmo haya
sido explorado por una autoridad responsable y por grupos bien
equipados, tal como será’’.
Selfridge llevó a cabo un total de siete viajes entre 1870 y 1875,
sobre la ruta del Istmo de Panamá, que fueron considerados excelentes,
desde el punto de vista de los resultados obtenidos en cada una
de ellos.
El interés por la geografía en esos años, era algo impresionante
y las expediciones continuaron con diversos proyectos de 1850
a 1861, bajo el patrocinio de diferentes países, llevadas a cabo
tanto en México como en Centro América.
El Istmo de Tehuantepec no ofrecía las posibilidades de Panamá,
pero su cercanía a las costas de Estados Unidos, le otorgaba una
significativa ventaja en todo momento.
El 15 de mayo de 1879, el Congreso Internacional de Estudios del
Canal Interoceánico se reunió en París para escoger la mejor ruta
para construir la grandiosa obra.
El trabajo se distribuyó en siete comisiones, de las cuales la
más importante fue el Comité Técnico, donde finalmente se tomarían
las más trascendentales decisiones.
En este foro se discutieron cerca de catorce proyectos, pero al
final solo quedaron las rutas de Panamá y Nicaragua. Panamá fue
seleccionada por una votación de 74 a favor y ocho en contra.
Una de las últimas ponencias fue expuesta por el Barón Godin de
Lepinay, ingeniero graduado en la prestigiosa Ecole des Ponts
et Chuassés en 1846, donde solo eran admitidos los más privilegiados
alumnos de Francia.
En el Congreso presentó un plan que destacaba una respuesta original
para la parte geográfica del proyecto (montañas y río Chagres)
y para los problemas sanitarios.
Sostuvo que la idea de un canal a nivel como en Suez, era imposible
de realizar y no debiera ni siquiera ser considerada, porque sería
un seguro fracaso.
Planteaba la construcción de un canal a esclusas, por donde subirían
los buques, como en una escalera, para cruzar el Istmo.
Los lagos se formarían al construirse grandes represas, una en
el río Chagres, para crear el Gatún, el mayor del mundo en su
tiempo, que estaría en el lado Atlántico y a unos 80 pies sobre
el nivel del mar.
En el sector del Pacífico se represaría el río Grande que se uniría
al Gatún, por medio del Corte de Culebra, única parte donde habría
excavaciones de gran envergadura, a través de la Cordillera Central.
Lepinay en su maravillosa presentación llegó a predecir, con pasmosa
exactitud, lo que más tarde viniera a ser el Canal de Panamá.
Su planteamiento, en dicha sesión, como estaba contra la tesis
del canal a nivel, tal como se había construido en Suez, no fue
objeto de ningún comentario o preguntas y, por supuesto, apenas
recibió unos amables aplausos.
De haberse aceptado estos proféticos planteamientos, otro hubiera
sido el resultado de los esfuerzos franceses.
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