Panamá, 22 de diciembre de 2000
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La profesión de tallador

Tercera parte

Este profesionalismo demuestra más que nada el profundo conocimiento de las reglas que rigen los juegos de los casinos

Charly Vegas
Especial para La Prensa
revista@prensa.com

En los grandes casinos de Estados Unidos, Europa y Sur América, la mesa de bacará, chemin de fer o punto y banca, está situada en un lugar especial, alejada de las demás.

Y esto se debe a que generalmente grandes sumas de dinero corren en las apuestas, y en alguno casinos las aceptan en efectivo. Como parte de esa exclusividad, los talladores visten traje y corbata, esto le otorga al entorno un toque de elegancia.

En Panamá, no existe esa exclusividad, la mesa en referencia la sitúan en donde mejor quepa, y los talladores visten igual que los demás. Sin embargo, el profesional desempeño de los croupiers le proporciona la distinción que merece.

Ese profesionalismo se demuestra más que nada en el profundo conocimiento de las reglas que rigen el juego. Las reglas para el jugador son sencillas. Pide carta con cinco o menos puntos, se planta con seis o siete y se voltea con ocho o nueve, lo que se conoce como batida o natural.

Las directrices para la banca son más complejas, no es necesario que el jugador las conozca, aunque es conveniente, pero él confía en que la casa sabe lo que hace. Y esa es la verdad, el tallador las conoce profundamente, eso es parte del prestigio del casino, y a veces actúa sin necesidad de ver las cartas del cliente, no tiene por qué hacerlo, todo es evidente.

Imaginemos por un momento que la banca tiene un total de tres puntos, y el cliente no pide carta. La banca pide, y se tira un cinco para hacer un total de ocho puntos. Automáticamente el tallador sabe que ha ganado la banca, puesto que si el cliente no ha pedido carta, es porque tiene seis o siete puntos y la banca ya se lo está ganando con ocho.

Se han presentado ocasiones, muy raras por cierto, en que el cliente se ha equivocado, y teniendo que pedir no lo ha hecho. De modo que el tallador tiene que devolver todas las apuestas, supuestamente perdedoras, y continuar con el juego después de haberlo reconstruido. Ya pueden ustedes suponer todo el engorro que esto conlleva. En un paño cargado de apuestas es difícil saber lo que tenía cada quién. No falta quién diga que tenía más de lo que realmente apostó.

Para evitar todo ello, el tallador descubre las cartas antes de proceder a recoger lo que pierde, y por otra parte, los demás clientes tienen todo el derecho de ver el total con el que están perdiendo sus apuestas.

La velocidad de juego en la mesa grande de bacará no existe, el tiempo de juego es marcado más bien por la parsimonia con que los clientes hacen su juego.

Muy distinto al minibacará en donde la celeridad del juego es esencial para la casa, igual que en el blackjack. A fines de los años sesenta, hubo un tallador de blackjack, llamado Uve Sierra, tan rápido era en el barajo, reparto de cartas, pago y recogimiento de las fichas perdedoras, que los clientes quedaban mareados, pero sonreídos haciendo el comentario.

Con el tiempo llegó a trabajar en Las Vegas, y su velocidad en el juego era tan llamativa que el legendario Frank Sinatra, en varias ocasiones, solicitó a la gerencia del casino que lo destinaran a su mesa para deleitarse con su ligereza de manos, y eso que le faltaba una falange del dedo índice de la mano derecha.

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