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Aproximación poética a la muerte
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Y esos muertos quisieran un gabán para arropar sus sueños bajo tierra. Demetrio Korsi: Sinfonía en gris
Fuimos al cementerio, ¿recuerdas?, a visitar la tumba de tu hermano. El cementerio situado en las afueras del pueblo, a la orilla del mar, como un puerto de extravío. Mi vida está llena de esos montoncitos de tierra descuidados, de esos herbazales furiosos que le disputan el sustento a los muertos. Por aquí y por allá vagaban, entre los escombros de las tumbas, crujientes congresos blancos, como hechos de cartílagos hambrientos. Me miraste entonces, pensando quizás en cómo luciría junto al polvo, descarnado. Tus labios me rozaron la mejilla en un beso helado y compasivo. Te sonreí entonces en señal de asentimiento y comprensión, Me recuerdas a mi madre en lo más profundo de tus ojos. Mi madre era alta y bella; cuando muera, suplicaba, no me entierren en el pueblo, en ese horrible cementerio. Yo he visto marejadas espantosas sacar los huesos de sus tumbas, desparramarlos por la arena con la espuma bisbiseante. (...) Pero mira aquí, allí, detrás de ese tronco podrido, esa lápida mohosa: mil ochocientos sesenta y... ¿no sientes como un brillo santo el arrobo, La gracia de no sé cuantas ansiedades; la bondad, la solicitud, los celos sin sentido, el chotiss de largo alcance, la voz precisa y grave y un poco de cansancio satisfecho? Así será conmigo. Y tú alzarás una valla contra el viento y la marea. Y vendrán los meses de sequía a quemar las silvestres margaritas. Y el invierno aislador de voluntades a remover la tierra húmeda, a dejar su pala fría junto a mis huesos. De mi corazón se extenderá a la playa una azul fosforescencia exacerbada por la espuma, una alondra misteriosa, un suspiro delicado. Y dentro de muchos años, en el mismo sitio, un poeta joven y pálido y enamorado, vendrá a meditar en la esencia de la muerte y de la vida, en la esencia del amor y del olvido; y escuchará venir del viento mi voz desfigurada por la espera, y en el túnel resonante de su alma sentirá encadenarse una a una las sílabas melodiosas de ese verso suspirado. Y tú estarás allí también, en los pliegues más profundos de las letras, en el mismo seno de la yámbica, celestial dulzura, amada hasta el silencio y la locura. (...)
Fragmentos del poema escrito en Bocas del Toro, en julio de 1952, e incluido en Aproximación poética a la muerte y otros poemas, Ed. Litográfica, Panamá, 1982.
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| Ars Moriendi |
El hombre que al morir recuerda cosas, cositas, sombras de cositas, flores en celo, deslumbrantes mariposas y un mar azul listado de verdores; y rosas y rodillas espinosas y muslos entreabiertos a colores, se muere de la muerte más hermosa y vuela a un paraíso de pintores. En cambio, aquel que invoca esplendorosas ciudadelas guardadas por cuestores feroces, y utopías luminosas, lo mandan a un infierno de oradores o lleno de estreñidos pensadores, todos de una elocuencia pavorosa.
Panamá, noviembre del 2000
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