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El
affaire Baruj Ivcher epitomizó como pocos la naturaleza
dictatorial y mafiosa del régimen fujimorista. Fue el
caso del empresario que decide actuar honradamente y exhorta
a los periodistas de su estación de televisión a la búsqueda
de la verdad de los hechos. La dictadura, que tenía la
misma relación con la verdad que cierto conde de Transilvania
con la luz del día, actuó prontamente y le confiscó a
Ivcher tanto la estación de televisión como la nacionalidad
peruana. Lanzado a los caminos del destierro, Ivcher comprometió
pugnacidad y fortuna en denunciar tanto el atropello cometido
contra él como el que se perpetraba cotidianamente contra
sus compatriotas. Su lucha, parte de una resistencia democrática
predicada en el periodismo de investigación y la protesta
imaginativa que se hizo pronto multitudinaria, contribuyó
en lograr el desmoronamiento de la dictadura. Más allá
de las fronteras de esa nación, el caso Ivcher mantiene
una importancia señera en la lucha por la libertad de
prensa, puesto que demuestra lo que es la nueva actitud
del periodismo libre y de las organizaciones que lo defienden
ante las amenazas y los ataques. Ya no se trata solo de
la valentía pasiva que hasta hace poco caracterizó al
periodismo íntegro. La actitud ahora es de defensa activa
y en frentes múltiples. Los resultados, como el caso Ivcher
y varios otros lo demuestran, no tardan en llegar, como
hoy lo saben, y lamentan, los tiranos.
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