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La
droga se ha convertido en un tema cotidiano. Es, definitivamente,
un mal del que no podemos escapar y que dice algo sobre
lo que ocurre en nuestro país. Lo que debemos preguntarnos
ahora es qué relación tenemos como sociedad organizada
con el ‘flagelo de la droga’. La información disponible
indica que Panamá sigue siendo el puente, la conexión,
y la ruta de la droga de y hacia los lugares más distantes
del planeta. Como Estado tenemos que garantizar que el
puente se quiebre, que la conexión se interrumpa y que
la ruta se detenga. El resultado de ese esfuerzo lo vemos
diariamente cuando las autoridades descubren cargamentos
y decomisan paquetes de drogas, lo que nos lleva a concluir
que están haciendo un buen trabajo. Cuando el resultado
de las investigaciones, como en el caso de los mil kilos
descubiertos hace unas semanas en Juan Díaz, apunta hacia
complicidades dentro de la institución policial, el hallazgo
es menos edificante, pero es igualmente valioso. Es la
mejor imagen que podemos proyectar: en este país el delito
se castiga venga de donde venga, así sea de las propias
autoridades. Como siempre, nada hay que tranquilice más
a la ciudadanía que saber que la ley impera sobre los
hombres que están llamados a cumplirla.
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