Panamá, 3 de diciembre de 2000
 
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Pedro Galindo Vallarino
pionero de la investigación científica

Ha dedicado su vida al estudio de la entomología. Formó parte del ejército científico que combatió la malaria. Actualmente Pedro Galindo vive en las tierras altas de Chiriquí y se dedica, junto a su esposa, al cultivo de orquídeas.

ILEANA GOLCHER
Especial para La Prensa
golcher@prensa.com

En el pequeño poblado de Cuesta de Piedra, en la provincia de Chiriquí, a mil 200 metros de altura sobre el nivel del mar, el clima y la vegetación se han confabulado con la naturaleza para ofrecer una panorámica estimulante, donde pareciera que las horas transcurren lentamente. Una casa logra distinguirse al estar rodeada de una cantidad admirable de plantas, sobre todo una sorprendente colección de orquídeas. Se percibe un ambiente de paz reconfortante. En ese lugar privilegiado, vive desde hace 20 años, en compañía de su esposa, Pedro Galindo Vallarino, uno de los científicos panameños más sobresalientes y quien ha sido uno de los más connotados investigadores en biología y medicina tropical de América.

El inicio de la vida científica

Según relata Galindo, en 1942 la Fundación Hooper de la Universidad de California necesitaba entomólogos (especialistas en insectos) investigadores, para estudiar epidemias y epizootias de encefalitis que ocurrían en el sur de California.

El proyecto fue dirigido por los famosos científicos epidemiólogos William MCD Hamon y William Reeves para estudiar la relación existente entre las epidemias y los mosquitos. Fue así que Pedro Galindo Vallarino, un joven panameño que estudiaba medicina, se sintió atraído por la investigación científica, decidió dar un giro a sus aspiraciones de ser médico, se incorporó al proyecto y su nombre comenzó a aparecer en varias publicaciones de prestigiosas revistas científicas de los Estados Unidos. Así se inició en el camino de la ciencia una de las personalidades más sobresalientes, considerado como el más prestigioso investigador panameño en la rama de la medicina tropical.

Una enfermedad que marcó una vida

Según indica Galindo, a la edad de 15 años se enfermó de tuberculosis pulmonar. Su padre, Mario Galindo, le llevó a California, y por espacio de dos años fue internado en un sanatorio hasta que logró curarse. Pese al mal, fueron dos años significativos en su vida. Su espíritu tenaz y visionario se puso a prueba, y Pedro Galindo decidió internarse también en el mundo de la lectura intensiva y en un viaje de introspección personal. Lejos de desanimarse, había superado un primer obstáculo para ingresar luego a la universidad: logró aprender inglés, se convirtió en su propio maestro, con la única ayuda de los libros.

Se graduó con altos honores en la Universidad de Loyola, Los Angeles, en 1939. Obtuvo su Maestría en Entomología en la Universidad de Berkeley, en California. Sorprendió a la comunidad académica al recibir en 1939 el Premio Lancaster, de la Universidad de Loyola, adjudicado al estudiante con mayor posibilidad de destacarse en investigaciones biológicas.

La investigación en el Instituto Gorgas

De acuerdo con Galindo, su labor en el Instituto Gorgas se desarolló por espacio de 40 años, siendo el único panameño que ocupó la dirección general del Laboratorio Conmemorativo Gorgas mientras éste fue dirigido por Estados Unidos.

Según indica, uno de sus mayores logros fue la creación de una nueva escuela de Entomología Médica con especialidad en observaciones ecológicas. De ahí surgieron sobresalientes profesionales que han construido nuevos rumbos al pensamiento científico panameño. Se destacan el biólogo Eustorgio Méndez, el ingeniero Jaime Adames, el doctor Abdiel Adames, el profesor Eduardo Durán, entre otros.

Con muestras de evidente emoción, recuerda haber sido el único panameño en haber recibido el premio por la Sociedad Americana de Medicina Tropical. De naturaleza infatigable, Galindo realizó trabajos sobre la ecología de los mosquitos neotropicales lo llevó a recorrer todas las zonas de vida de las selvas de Meso y Suramérica, pasando extensos períodos en las selvas de Colombia, América Central, Belice y México. Según destacan sus colegas, sus profundos conocimientos lo convirtieron en una de las primeras autoridades mundiales sobre zancudos neotropicales e hizo sus investigaciones en el Centro Conmemorativo Gorgas, con lo cual se convirtió en uno de los centros de referencia sobre mosquitos más relevantes de la América hispana.

Investigaciones pioneras con el DDT

Otro logro sobresaliente en la vida científica de Pedro Galindo ocurrió en 1945 cuando, en compañía del teniente norteamericano Harold Trapido y del científico Herbert C. Clark, investigó todos los aspectos relacionados con un nuevo y secreto insecticida.

Se trataba de las investigaciones iniciales con el DDT. Según explica Galindo, las investigaciones de Trapido postularon que el DDT rociado dentro de las viviendas atacaba las hembras del vector de la malaria infectadas con el parásito, lo cual resultaba en una caída drástica de la infección palúdica en la población.

El espíritu inquisitivo de Galindo le llevó a organizar un equipo de investigación y darle un giro total a los métodos maláricos en uso. En compañía de Rómulo Roux, Santiago Barraza, Guillermo Beleño, Juvenal Conte y Espíritu Santo Adames, inició un experimento en la población de Natá, provincia de Coclé, que consistió en rociar todas las viviendas con DDT dos veces al año. Según explica Galindo, se obtuvieron resultados exitosos, y el índice de malaria descendió a menos del 2%. Fue así como en 1947 se inició una gran campaña nacional antimalárica a base del rociado de las viviendas con DDT. La revolucionaria campaña obtuvo resultados de enorme impacto y se extendió a todo el mundo, siendo Panamá el segundo país en la aplicación del programa.

En compañía de Abdiel Adames, Galindo efectuó numerosos viajes por las selvas panameñas; recuerda que siempre contaron con el apoyo directo del general Omar Torrijos. Según declaraciones de Adames, el compromiso de Galindo se mantuvo siempre presente en las múltiples expediciones efectuadas en la selva panameña, como la realizada en 1977, cuando estudiaban en las selvas de Darién y Bayano, y Galindo, convaleciente, acudió a trabajar en la región con la misma tenacidad que siempre le caracterizó.

Uno de los momentos de mayor satisfacción profesional para Galindo fue cuando recibió de forma sorpresiva el premio de Medicina Tropical en Denver, Colorado. Ante un auditorio representativo de la comunidad científica, Galindo obtuvo la medalla Richard Moreland Taylor. De igual forma guarda con especial afecto la distinción otorgada por la Universidad de Panamá, al recibir el Premio Universidad en el área de ciencias en 1995.

Según indica, lo que no hizo en su carrera de investigador fue dinero; ‘‘me descuidé en esos afanes’’, advierte sin preocupaciones. Agrega que recibió siempre el apoyo humano y material de sus hermanos Juan De Arco Galindo e Inocencio Galindo, quienes valoraron su dedicación exclusiva al mundo de la ciencia.

Animales nombrados en su honor

Al revisar su hoja de vida se puede identificar una gran cantidad de miembros del reino animal nombrados en su honor. Con su nombre fue designado un género y ocho especies nuevas para la ciencia que cubren dos Phyla, tres clases y seis familias distintas de animales. Por ejemplo: Aedes galindoi, Culex galindoi, Boldodomyia galindoi, Galindomyia Stone y Barreto, Dendrobates galindoi, entre otros.

De espíritu tenaz, como todo investigador sobresaliente, Galindo aportó significativas publicaciones en una extensa gama de disciplinas de las ciencias biológicas que superan las 90 publicaciones. Sus contribuciones al conocimiento de la fauna neotropical, tanto de los vertebrados como de los invertebrados son reconocidas mundialmente por los organismos internacionales como la Organización Panamericana de la Salud y el Museo de Historia Natural de los Estados Unidos, que lo designaron como experto en diferentes enfermedades: malaria y fiebre amarilla para mencionar las más destacadas.

La ceguera y su pasión por la lectura

A sus 83 años, la vida de Galindo transcurre en la tranquilidad que reporta la música clásica, de preferencia la de Bach y Mozart. La lectura prosigue, pese a su ceguera, que según nos explica es de naturaleza hereditaria. Su padre murió ciego, y su hermanos Inocencio también padece de una especie de ceguera progresiva. A partir de los 76 años, a Galindo se le presentó la ceguera total, y según confiesa, le ha deprimido enormemente, porque no puede dedicarse a su principal afición: la lectura. Su esposa le sigue narrando la vida y lo que ocurre en el mundo. ‘‘Ella es la luz de mis ojos’’, confiesa con muestras evidentes de emoción. Afortunadamente le han gustado las orquídeas y ‘‘las colectamos juntos’’.

Según explica su esposa, Haydée Edisa Caballero de Galindo, la pasión por las orquídeas surgió de las múltiples expediciones que realizaban por la selva. Al llegar a Cuesta de Piedra, descubrieron que era el sitio ideal para cultivar orquídeas. La colección comenzó con cuatro variedades hasta alcanzar, hoy día, una colección sorprendente por la calidad y cantidad que superan las 300 especies. De acuerdo con Haydée, cuando ambos colectaban cada orquídea registraban su hábitat natural para luego reproducirlo en la casa, con la mayor precisión posible. Las orquídeas florecen en distintas épocas del año, y para ir conservando las imágenes de cada especie, Haydée las ha pintando en pequeños lienzos, hasta lograr una buena muestra que reposa en una de las paredes de la residencia.

También realiza ejercicio físico diario, repasa manualmente con especial pericia el crecimiento de uno de sus mejores tesoros: su colección de orquídeas, y conserva frescos los recuerdos de todas las acciones llevadas a cabo nacional e internacionalmemte para lograr erradicar los estragos causados por los mosquitos.

Sus reflexiones finales se encaminaron a recordar a quienes trabajaron por el avance de la ciencia.

‘‘Logré crear conciencia en Panamá sobre la importancia de la investigación científica, y puedo afirmar que a pesar de las incomprensiones y dificultades que he sufrido en el camino de la ciencia, si Dios me diera otra vida, no vacilaría en escoger la investigación científica como mi profesión’’.

 
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