Pedro
Galindo Vallarino
pionero de la investigación científica
Ha
dedicado su vida al estudio de la entomología. Formó parte del
ejército científico que combatió la malaria. Actualmente Pedro
Galindo vive en las tierras altas de Chiriquí y se dedica, junto
a su esposa, al cultivo de orquídeas.
ILEANA
GOLCHER
Especial
para La Prensa
golcher@prensa.com
En
el pequeño poblado de Cuesta de Piedra, en la provincia de Chiriquí,
a mil 200 metros de altura sobre el nivel del mar, el clima y
la vegetación se han confabulado con la naturaleza para ofrecer
una panorámica estimulante, donde pareciera que las horas transcurren
lentamente. Una casa logra distinguirse al estar rodeada de una
cantidad admirable de plantas, sobre todo una sorprendente colección
de orquídeas. Se percibe un ambiente de paz reconfortante. En
ese lugar privilegiado, vive desde hace 20 años, en compañía de
su esposa, Pedro Galindo Vallarino, uno de los científicos panameños
más sobresalientes y quien ha sido uno de los más connotados investigadores
en biología y medicina tropical de América.
El
inicio de la vida científica
Según
relata Galindo, en 1942 la Fundación Hooper de la Universidad
de California necesitaba entomólogos (especialistas en insectos)
investigadores, para estudiar epidemias y epizootias de encefalitis
que ocurrían en el sur de California.
El proyecto fue dirigido por los famosos científicos epidemiólogos
William MCD Hamon y William Reeves para estudiar la relación existente
entre las epidemias y los mosquitos. Fue así que Pedro Galindo
Vallarino, un joven panameño que estudiaba medicina, se sintió
atraído por la investigación científica, decidió dar un giro a
sus aspiraciones de ser médico, se incorporó al proyecto y su
nombre comenzó a aparecer en varias publicaciones de prestigiosas
revistas científicas de los Estados Unidos. Así se inició en el
camino de la ciencia una de las personalidades más sobresalientes,
considerado como el más prestigioso investigador panameño en la
rama de la medicina tropical.
Una
enfermedad que marcó una vida
Según
indica Galindo, a la edad de 15 años se enfermó de tuberculosis
pulmonar. Su padre, Mario Galindo, le llevó a California, y por
espacio de dos años fue internado en un sanatorio hasta que logró
curarse. Pese al mal, fueron dos años significativos en su vida.
Su espíritu tenaz y visionario se puso a prueba, y Pedro Galindo
decidió internarse también en el mundo de la lectura intensiva
y en un viaje de introspección personal. Lejos de desanimarse,
había superado un primer obstáculo para ingresar luego a la universidad:
logró aprender inglés, se convirtió en su propio maestro, con
la única ayuda de los libros.
Se graduó con altos honores en la Universidad de Loyola, Los Angeles,
en 1939. Obtuvo su Maestría en Entomología en la Universidad de
Berkeley, en California. Sorprendió a la comunidad académica al
recibir en 1939 el Premio Lancaster, de la Universidad de Loyola,
adjudicado al estudiante con mayor posibilidad de destacarse en
investigaciones biológicas.
La
investigación en el Instituto Gorgas
De
acuerdo con Galindo, su labor en el Instituto Gorgas se desarolló
por espacio de 40 años, siendo el único panameño que ocupó la
dirección general del Laboratorio Conmemorativo Gorgas mientras
éste fue dirigido por Estados Unidos.
Según indica, uno de sus mayores logros fue la creación de una
nueva escuela de Entomología Médica con especialidad en observaciones
ecológicas. De ahí surgieron sobresalientes profesionales que
han construido nuevos rumbos al pensamiento científico panameño.
Se destacan el biólogo Eustorgio Méndez, el ingeniero Jaime Adames,
el doctor Abdiel Adames, el profesor Eduardo Durán, entre otros.
Con muestras de evidente emoción, recuerda haber sido el único
panameño en haber recibido el premio por la Sociedad Americana
de Medicina Tropical. De naturaleza infatigable, Galindo realizó
trabajos sobre la ecología de los mosquitos neotropicales lo llevó
a recorrer todas las zonas de vida de las selvas de Meso y Suramérica,
pasando extensos períodos en las selvas de Colombia, América Central,
Belice y México. Según destacan sus colegas, sus profundos conocimientos
lo convirtieron en una de las primeras autoridades mundiales sobre
zancudos neotropicales e hizo sus investigaciones en el Centro
Conmemorativo Gorgas, con lo cual se convirtió en uno de los centros
de referencia sobre mosquitos más relevantes de la América hispana.
Investigaciones
pioneras con el DDT
Otro
logro sobresaliente en la vida científica de Pedro Galindo ocurrió
en 1945 cuando, en compañía del teniente norteamericano Harold
Trapido y del científico Herbert C. Clark, investigó todos los
aspectos relacionados con un nuevo y secreto insecticida.
Se trataba de las investigaciones iniciales con el DDT. Según
explica Galindo, las investigaciones de Trapido postularon que
el DDT rociado dentro de las viviendas atacaba las hembras del
vector de la malaria infectadas con el parásito, lo cual resultaba
en una caída drástica de la infección palúdica en la población.
El espíritu inquisitivo de Galindo le llevó a organizar un equipo
de investigación y darle un giro total a los métodos maláricos
en uso. En compañía de Rómulo Roux, Santiago Barraza, Guillermo
Beleño, Juvenal Conte y Espíritu Santo Adames, inició un experimento
en la población de Natá, provincia de Coclé, que consistió en
rociar todas las viviendas con DDT dos veces al año. Según explica
Galindo, se obtuvieron resultados exitosos, y el índice de malaria
descendió a menos del 2%. Fue así como en 1947 se inició una gran
campaña nacional antimalárica a base del rociado de las viviendas
con DDT. La revolucionaria campaña obtuvo resultados de enorme
impacto y se extendió a todo el mundo, siendo Panamá el segundo
país en la aplicación del programa.
En compañía de Abdiel Adames, Galindo efectuó numerosos viajes
por las selvas panameñas; recuerda que siempre contaron con el
apoyo directo del general Omar Torrijos. Según declaraciones de
Adames, el compromiso de Galindo se mantuvo siempre presente en
las múltiples expediciones efectuadas en la selva panameña, como
la realizada en 1977, cuando estudiaban en las selvas de Darién
y Bayano, y Galindo, convaleciente, acudió a trabajar en la región
con la misma tenacidad que siempre le caracterizó.
Uno de los momentos de mayor satisfacción profesional para Galindo
fue cuando recibió de forma sorpresiva el premio de Medicina Tropical
en Denver, Colorado. Ante un auditorio representativo de la comunidad
científica, Galindo obtuvo la medalla Richard Moreland Taylor.
De igual forma guarda con especial afecto la distinción otorgada
por la Universidad de Panamá, al recibir el Premio Universidad
en el área de ciencias en 1995.
Según indica, lo que no hizo en su carrera de investigador fue
dinero; ‘‘me descuidé en esos afanes’’, advierte sin preocupaciones.
Agrega que recibió siempre el apoyo humano y material de sus hermanos
Juan De Arco Galindo e Inocencio Galindo, quienes valoraron su
dedicación exclusiva al mundo de la ciencia.
Animales
nombrados en su honor
Al
revisar su hoja de vida se puede identificar una gran cantidad
de miembros del reino animal nombrados en su honor. Con su nombre
fue designado un género y ocho especies nuevas para la ciencia
que cubren dos Phyla, tres clases y seis familias distintas de
animales. Por ejemplo: Aedes galindoi, Culex galindoi, Boldodomyia
galindoi, Galindomyia Stone y Barreto, Dendrobates galindoi, entre
otros.
De espíritu tenaz, como todo investigador sobresaliente, Galindo
aportó significativas publicaciones en una extensa gama de disciplinas
de las ciencias biológicas que superan las 90 publicaciones. Sus
contribuciones al conocimiento de la fauna neotropical, tanto
de los vertebrados como de los invertebrados son reconocidas mundialmente
por los organismos internacionales como la Organización Panamericana
de la Salud y el Museo de Historia Natural de los Estados Unidos,
que lo designaron como experto en diferentes enfermedades: malaria
y fiebre amarilla para mencionar las más destacadas.
La
ceguera y su pasión por la lectura
A
sus 83 años, la vida de Galindo transcurre en la tranquilidad
que reporta la música clásica, de preferencia la de Bach y Mozart.
La lectura prosigue, pese a su ceguera, que según nos explica
es de naturaleza hereditaria. Su padre murió ciego, y su hermanos
Inocencio también padece de una especie de ceguera progresiva.
A partir de los 76 años, a Galindo se le presentó la ceguera total,
y según confiesa, le ha deprimido enormemente, porque no puede
dedicarse a su principal afición: la lectura. Su esposa le sigue
narrando la vida y lo que ocurre en el mundo. ‘‘Ella es la luz
de mis ojos’’, confiesa con muestras evidentes de emoción. Afortunadamente
le han gustado las orquídeas y ‘‘las colectamos juntos’’.
Según explica su esposa, Haydée Edisa Caballero de Galindo, la
pasión por las orquídeas surgió de las múltiples expediciones
que realizaban por la selva. Al llegar a Cuesta de Piedra, descubrieron
que era el sitio ideal para cultivar orquídeas. La colección comenzó
con cuatro variedades hasta alcanzar, hoy día, una colección sorprendente
por la calidad y cantidad que superan las 300 especies. De acuerdo
con Haydée, cuando ambos colectaban cada orquídea registraban
su hábitat natural para luego reproducirlo en la casa, con la
mayor precisión posible. Las orquídeas florecen en distintas épocas
del año, y para ir conservando las imágenes de cada especie, Haydée
las ha pintando en pequeños lienzos, hasta lograr una buena muestra
que reposa en una de las paredes de la residencia.
También realiza ejercicio físico diario, repasa manualmente con
especial pericia el crecimiento de uno de sus mejores tesoros:
su colección de orquídeas, y conserva frescos los recuerdos de
todas las acciones llevadas a cabo nacional e internacionalmemte
para lograr erradicar los estragos causados por los mosquitos.
Sus reflexiones finales se encaminaron a recordar a quienes trabajaron
por el avance de la ciencia.
‘‘Logré
crear conciencia en Panamá sobre la importancia de la investigación
científica, y puedo afirmar que a pesar de las incomprensiones
y dificultades que he sufrido en el camino de la ciencia, si Dios
me diera otra vida, no vacilaría en escoger la investigación científica
como mi profesión’’.
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