Visión
de los vencidos: Roberto A. Robert
Para dolor de nuestros pueblos, la historia la seguirán escribiendo
los vencedores, los que se han impuesto sobre los más débiles;
ellos habrán de prostituir la historia a sus intereses y así amoldar
la conciencia colectiva.
Pareciera que la corresponsal del norte para este periódico, Betty
Brannan Jaén (...), me causó tristeza leer su análisis sobre el
papel que jugó Fidel Castro en la cumbre de mandatarios y, sobre
todo, hacerle reconocimientos al presidente de El Salvador (...)
Todos creen saber algo de Fidel Castro, de su supuesta tiranía,
de su pecado de no tener sistema de elecciones cada cinco años;
pero nadie se toma la molestia, ni el interés, de hablar sobre
lo que pasó al otro lado de la barrera ideológica. ¿Por qué nadie
mencionó que el partido político al que pertenece el mandatario
salvadoreño, carga con el asesinato de monseñor Romero? ¿Por qué
nuestros heroicos periodistas no realizan investigaciones sobre
los gobiernos que hubo en el Salvador, muy apoyados y aplaudidos
por la democracia estadounidense, y que se encargaron de masacrar
pueblos enteros, con el beneplácito de la elite salvadoreña? Nadie
menciona que en El Salvador existió un grupo paramilitar y brutalmente
asesino denominado ‘‘escuadrones de la muerte’’, muy cercano al
partido que hoy gobierna esa sufrida nación.
Ahora resulta que el presidente de El Salvador es el más democrático
y enemigo del terrorismo, amante de la paz y la justicia. Qué
fácil es asumir esa posición luego de tantos años de violencia
militar contra el pueblo salvadoreño. Qué fácil es culpar a Fidel
Castro de los más de 100 mil muertos que la ayuda económica enviada
por Estados Unidos provocó en 12 años de guerra civil; qué fácil
se le hace a Betty Brannan Jaén creerse la falacia histórica (...)
Cuba apoyó los movimientos revolucionarios, así como Estados Unidos
apoyó a Inglaterra para recuperar las Malvinas; Cuba le dio armas
a los guerrilleros, así como Estados Unidos ha dado miles de millones
a los soldados colombianos para que masacren a los campesinos;
Cuba le dio entrenamiento a los guerrilleros salvadoreños, así
como Estados Unidos se lo dio a la mayoría de dictadores que desataron
el terror en todo el territorio latinoamericano (..) Alguien nos
advirtió que la historia está escrita por vencedores; los vencidos
están obligados a creérsela y repetirla aún en contra de su voluntad.
Con la sangre que América Latina ha derramado, debemos cargar
nuestras plumas y escribir lo que verdaderamente pasó por estas
tierras; señalar al verdadero ángel de la muerte, que bajó del
norte, y que aún ronda en la memoria de unos pocos que se niegan
a someterse a la amnesia obligatoria que nuestros dirigentes nos
quieren obligar a padecer.
Cumbre y embarazos en adolescentes:
Jorge Gamboa Arosemena
Las estadísticas nacionales informan que alrededor del 20%
de los nacimientos en Panamá se produce de madres adolescentes
En San Miguelito se producen 9 mil nacimientos anuales –como promedio–,
producto de relaciones sexuales responsables unos, y de relaciones
irresponsables los otros.
¿Qué
es traer a este mundo a un nuevo ser humano? Es una responsabilidad
que involucra situaciones de orden cultural, educativo, social
y económico, que definen el futuro del niño a nacer, de la madre,
del padre que engendra, y hasta el entorno familiar y comunitario
de ambos progenitores, generando al final una responsabilidad
para el Estado.
Acabamos de celebrar en nuestra capital la X cumbre de gobernantes
de Iberoamérica, cuyo tema central fue la niñez y la adolescencia.
Ahora, toca hacer realidad los protocolos aprobados, para que
no queden en letra muerta y que los pueblos no concluyan que solo
fue una reunión turística y social. Los pueblos representados
en la cumbre por sus mandatarios requieren no solo retórica, sino
acciones concretas.
En San Miguelito se están dando anualmente unos 2 mil nacimientos
de madres adolescentes, entendiendo estos como productos de embarazos
no deseados, por toda la connotación de inmadurez física, mental
y social de la adolescente para gestar y criar a un nuevo ser
humano.
Las estadísticas nacionales informan de que alrededor del 20%
de los nacimientos en Panamá se produce de madres adolescentes.
En números absolutos, superan los 13 mil niños nacidos de niñas.
Niñas inmaduras en todo sentido, que generan un producto con sus
oportunidades disminuidas.
El principal activo de un país es su población; pero si ésta tiene
carencias, se produce una persona que en lugar de aportar plenamente
al desarrollo, solo genera consumo de recursos para suplir sus
limitaciones, creando desbalances en todo el sistema.
Urge reducir los embarazos en adolescentes como meta para obtener
liberación de recursos para otras necesidades.
En nuestra sociedad, las mujeres en edad fértil de grupos socioeconómicos
altos y medios tienen un promedio de tres hijos o menos; pero
las de niveles de pobreza y pobreza extrema tienen muchos. Quedan
embarazadas desde muy temprana edad, y al llegar a los 28 años
–edad que la norma del programa maternal fija para ser candidatas
al método quirúrgico para la anticoncepción– ya tienen cuatro,
cinco o más hijos, quedando condenadas de por vida a vivir en
la pobreza o en la pobreza extrema.
Por estas y otras razones de infinito peso, en la Región de Salud
de San Miguelito estamos desarrollando un programa piloto denominado
‘‘Sexo, sentido para toda la vida’’, que intensifica lo que las
normas sanitarias dictan en salud sexual y reproductiva. Estamos
poniendo al alcance de más población de lo que hasta ahora se
había logrado, una variedad de métodos anticonceptivos con el
objetivo de darles la misma oportunidad que tienen las mujeres
con recursos económicos, para que tengan los hijos que realmente
están en capacidad de atender.
No estamos conculcando el derecho a tener un hijo, solo estamos
pidiendo que se respete el derecho del niño a tener una vida digna,
con oportunidades de desarrollarse a plenitud. Considerando la
máxima de Benito Juárez de que ‘‘el respeto al derecho ajeno es
la paz’’, la que nos lleva a colegir que el derecho de una persona
termina donde empieza el derecho de los demás. Así, el derecho
de una mujer (madre soltera) o de una pareja a tener hijos termina
donde empieza el derecho de ese niño a tener una vida digna, con
oportunidades de desarrollo pleno, para convertirse en un ciudadano
de bien.
La irresponsabilidad en las relaciones sexuales –que hoy se han
convertido en un artículo de consumo en esta sociedad hedonista
y consumista– obliga a los Estados a tomar acciones como la del
programa ‘‘Sexo, sentido para toda la vida’’.
El autor es director regional de Salud de San Miguelito
La Defensoría del Pueblo:
Saúl Maloul Zebede
En vez de cuestionar el sistema de selección del defensor del
Pueblo o desacreditar a los adversarios, promovamos un debate
serio
Empiezan a sentirse en el foro nacional varias propuestas de lo
que debe ser y de lo que no debe ser el futuro defensor del Pueblo.
Por un lado, hay quienes atacan el sistema de selección del mismo,
que proviene de la designación del defensor del Pueblo por la
mayoría absoluta de los miembros de la cámara legislativa. Se
olvidan de que, en una de sus acepciones, el defensor del Pueblo
es conocido como un ‘‘delegado parlamentario’’, por lo que su
figura debe actuar como una extensión de la función fiscalizadora
de la Asamblea Legislativa sobre la administración pública.
Estas mismas fuerzas que atacan el sistema per se, presentan
el argumento ridículo de que el defensor del Pueblo no puede provenir
de ningún centro de poder político o económico, porque aquello
viciaría su requerida independencia de los órganos de poder. En
palabras castizas, un defensor del Pueblo no puede ser un ex legislador,
un ex militante de un partido político, un empresario o un conspicuo
miembro de nuestra clase media; porque aquellos antecedentes nublarían
la independencia con la que debe trabajar. En otras palabras,
ni la clase media profesional ni la clase empresarial tienen nada
que aportar al desarrollo del país desde la Defensoría del Pueblo.
Por el otro lado, hay poderosos medios de comunicación que ya
tienen a su candidato; pero en vez de promover sus virtudes se
dedican a ridiculizar a sus oponentes. Poco o nada hay que decir
sobre la objetividad de estos medios, que tienen su propia agenda
que avanzar.
Finalmente, estamos el resto de la población. La que simpatiza
con algunos candidatos y la que no simpatiza con nadie. Yo no
ocultaré mis simpatías. Mi candidato se llama Milton Cohen Henríquez
Sasso. Milton escogió como tema de su tesis para optar por la
licenciatura en derecho, precisamente el tema de la Defensoría
del Pueblo. Milton fue el autor del anteproyecto de ley, que luego
de ser estudiado por la comisión presidencial designada para tal
efecto, y plenamente discutido por la ciudadanía, se convirtió
en la ley que creó y regula la Defensoría del Pueblo. La hoja
de vida del ex legislador Henríquez es envidiable y va desde su
activa militancia en la Democracia Cristina, sus servicios al
país como legislador de la República, sus trabajos desde distintos
medios de comunicación y su bregar diario desde la empresa privada.
Creo que en vez de estar cuestionando el sistema de selección
del defensor del Pueblo o empezar a desacreditar a adversarios,
debemos promover un debate que toque los siguientes temas:
1. Quién tiene los méritos morales y éticos para ocupar la Defensoría
del Pueblo.
2. Quién tiene la mejor capacidad para hacer el trabajo bien.
3. Cuál de los programas que se presentan al país es el mejor.
Si logramos enmarcar el debate público dentro de esos parámetros,
solo entonces el debate dejará de ser un diálogo entre sordos
y del mismo saldrá enriquecida la institución de la Defensoría
del Pueblo, con el mejor defensor del Pueblo.
El autor es abogado
El
mito de internet: Juan David Morgan G.
Para los pobres sin educación, internet es una herramienta difícil
de entender y usar
Son varias y diversas las razones por las que disfrutamos de una
buena lectura. En mi caso prevalece casi siempre el placer literario
de encontrar en las palabras música, ritmo y sentido. Pero –ah,
maldita vanidad– ¡cuánta satisfacción sentimos cuando encontramos
que alguien ha puesto por escrito exactamente lo que pensamos
nosotros!
Invariablemente se despierta entonces un sentimiento de envidia
por no haberlo dicho antes o por no saber expresarlo con tanta
propiedad. Es lo que me acaba de ocurrir con el artículo que hoy
comparto con los lectores de esta columna. No creo que haya una
forma más clara de llamar la atención sobre el problema de la
cibernética, el internet y la educación en América Latina, que
este editorial de la revista América Economía, aparecido
en la edición correspondiente al 10 de agosto de este año.
‘‘No
obstante la cautela respecto a internet tras el colapso de las
acciones puntocom, aún proliferan en América Latina los fieles
de la nueva economía que, con insaciable entusiasmo, aseguran
que la red sacará a la región de la pobreza.
Es el caso del presidente del Banco Interamericano de Desarrollo,
Enrique Iglesias. Internet, dice, ‘ofrece una oportunidad única
a la región para superar los obstáculos que impiden un rápido
crecimiento, particularmente con respecto a los grupos de menores
ingresos, facilitándoles el acceso a la educación y permitiéndoles
contribuir con actividades productivas y eficientes’’.
La lucha contra la pobreza probará ser tan compleja en la nueva
economía como en la vieja. Esperar que la tecnología se haga cargo
del problema es irresponsable.
Los indígenas mixtecos de México, corre el cuento, venderán sus
artesanías en París vía internet. Las escuelas en la selva amazónica
tendrán acceso a más información de la que hay en la biblioteca
del Congreso de Estados Unidos. En resumen, internet zanjará la
brecha de oportunidades que mantiene a tantos latinoamericanos
en la pobreza.
Esta confianza es, digamos, excesiva. Para empezar, internet difícilmente
podrá revolucionar los lugares donde no llega. Los optimistas
pronostican su crecimiento desaforado hasta alcanzar unos 90 millones
de latinoamericanos en el 2010. Pero estos son el 20% de la población
que no necesita internet para salir de la pobreza, porque no es
pobre.
Los pobres conforman el 80% restante. Los fieles más iluminados
juran que el crecimiento de la telefonía celular y la televisión
por cable resolverá el obstáculo de la baja penetración telefónica
en la región y reducirá el costo de acceso, llevando la nueva
economía a quienes no pueden comprar una PC y un módem.
Pero con dos de cada cinco latinoamericanos viviendo por debajo
de la línea de la pobreza y con un 60% del ingreso concentrado
en el 20% de la población, las empresas tienen pocos incentivos
para llevar internet más allá de la crema del mercado.
Los obstáculos a la ‘emancipación.com’ van más allá del acceso.
Para los pobres sin educación, internet es una herramienta difícil
de entender y usar. Menos de un cuarto de los brasileños entre
25 y 64 años completó la educación secundaria. Incluso en Chile
solo un 7% tiene grado universitario y un tercio de la población
no pasó de la primaria.
Con las actuales estructuras educativas latinoamericanas, internet
arriesga profundizar la división entre ricos y pobres en la región.
La disparidad educativa es el motor de la desigualdad en América
Latina.
Al aumentar el rendimiento del capital intelectual, internet transferirá
una rebanada aún mayor del pastel a los pocos bien educados y
marginará más a los pobres.
Internet es una herramienta poderosa. Aumentará el acceso a la
información y mejorará el funcionamiento de los mercados. Ayudará
a las empresas a ser más eficientes y permitirá a consumidores
escoger mejor. Algunos indígenas mixtecos podrán usarla para vender
sus artesanías en París.
Pero aquellos que esperan que internet transforme las estructuras
sociales de América Latina exageran su efecto. Si la llave es
la educación, enchufar a los estudiantes del Amazonas a la biblioteca
del Congreso de Estados Unidos servirá de poco si no leen inglés’’.
¡Más
claro no canta un gallo!
El autor es abogado y escritor
Panamá se olvidó de Jerusalén:
Roger Serrano F.
Sería honroso para nuestro país tener una embajada en la ciudad
que, según el profeta Isaías 49:16, ‘‘está esculpida en la palma
de la mano de Dios’’
Jerusalén siempre ha significado esperanza para el judío. Desde
la época del primer templo construido por el rey Salomón, hijo
del rey David, Dios ordenó que todo judío orara desde cualquier
lugar del globo donde se encontrara, hacia Jerusalén, ciudad elegida.
‘‘Si
me olvidare de ti ¡oh Jerusalén! Pierda mi diestra su destreza.
Mi lengua se pegue a mi paladar. Si de ti no me acordare.
Como preferente asunto de mi alegría’’.
Mucho
antes de que Panamá viniera a ser República, una de nuestras ciudades
llevaba su nombre en honor a Jerusalén (ciudad de David). Luego
la comunidad judía en Panamá tuvo una destacada participación
para la realización de nuestra independencia de Colombia, suministrando
fondos para el financiamiento de la gesta independentista, de
la misma manera que las comunidades judías de toda América suministraron
fondos a las fuerzas de liberación del Libertador Simón Bolívar.
En noviembre de 1947 en la ONU, Panamá votó a favor de la creación
del Estado de Israel, en una decisión que implicaba el cumplimiento
de la profecía de Isaías 66:8.
Luego, la presión del petróleo árabe se hizo sentir con mucha
fuerza en la década de los 70. Tal presión llevó al Consejo de
Seguridad de la ONU a pedir el 20 de agosto de 1980 el retiro
de las sedes diplomáticas de Jerusalén. Dos valientes países centroamericanos
tienen todavía sus embajadas en Jerusalén: El Salvador y Costa
Rica.
¿A
qué se debe esta lealtad dividida de Panamá hacia un país amigo
que tanta ayuda nos ha brindado y sigue brindándonos, a través
de becas de capacitación, cursos y convenios de ayuda recíproca?
Sería honroso para nuestro país tener una embajada en la ciudad
que, según el profeta Isaías 49:16, ‘‘está esculpida en la palma
de la mano de Dios’’.
En 1982, el recién posesionado presidente de la república de Costa
Rica, Luis Alberto Monge, ordenó el regreso de la Embajada de
Costa Rica en Israel a Jerusalén. Cuestionado por la Liga Arabe,
respondió que Costa Rica no se doblegaría ante el terrorismo diplomático.
Al explicar la posición de su gobierno dijo: ‘‘No es posible cuestionar
el derecho de una nación a decidir cuál es su capital, menos a
una nación como la judía, que a pesar de exilios, cautiverios,
en Egipto y Babilonia y dispersiones, persecuciones y genocidios,
hace 3 mil años ya estaba presente en Jerusalén’’.
No se puede discutir a un Estado soberano, por pequeño que sea,
el lugar donde instala su misión diplomática.
El acuerdo del Consejo de Seguridad es resultado de la imposición
de mayorías mecánicas dentro de una atmósfera política circunstancial.
No tiene fundamento en los principios de equidad, justicia y solidaridad
que deben inspirar a las Naciones Unidas.
Regresar nuestra embajada a Jerusalén, no es un acto de hostilidad
a los pueblos árabes, a los que amamos al igual que todos los
pueblos de la Tierra. Es simplemente, un ejercicio pleno de soberanía
y un acto de justicia para el pueblo judío contra el que se han
registrado siglos y milenios de injusticias.
En contraposición a la ambigüedad del Gobierno panameño en su
relación con el Estado de Israel, está la solidaridad que han
mostrado estas dos naciones centroamericanas que como Josué ha
dicho ‘‘Escojan ustedes a quién servir, pero yo y mi casa serviremos
a Jehová’’.
El autor es pastor evangélico
¿Hasta
cuándo Panamá?: Juan Gabriel Dixon Suárez
La misión más difícil para este gobierno, es actuar y pensar
como el Gobierno de una verdadera República independiente
En 1904, cuando Estados Unidos de América acuerda la ejecución
del proyecto canalero a través del istmo panameño, una de las
concesiones que debemos dar los nacionales es el uso de una enorme
franja de 10 kilómetros a ambos lados del Canal, para que sea
utilizada como área de protección y defensa, con la presencia
de tropas militares estadounidenses. Estas tropas desarman la
policía panameña, intervienen en las contiendas electorales, y
su presencia mediatiza el desarrollo urbano de las ciudades limítrofes
con la vía interoceánica, entre otros hechos.
Por si todo esto fuera poco, cuando llega la Segunda Guerra Mundial
nuestro papel de base estadounidense nos lleva a permitir ampliar
dicha presencia más allá del Canal. Así Estados Unidos coloca
nuevos puestos militares en todo el país, bajo la idea de que
podíamos ser víctimas de un ataque aéreo japonés, como el ocurrido
en Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941. Pero la intención posterior
de conservar los puestos más allá del conflicto mundial, es ampliamente
repudiada por la ciudadanía.
La presencia militar nos deja otros tristes capítulos de historia,
siendo dos de los más trascendentales, el 9 de enero de 1964 y
el 20 de diciembre de 1989. Este último ha perdido hoy su encanto
liberador, para la mayoría, convirtiéndose en un lamentable recuerdo
que se pudo evitar.
Pero la historia de penalidades y desventajas posee el final feliz
que muchos celebramos el 31 de diciembre de 1999. Por encima de
las luchas para que un nombre fuese mencionado o no (O. Torrijos),
de los comentarios de pesimistas que aún hablan de la incapacidad
panameña, de las sirenas que engañosamente anunciaban la decadencia
de la vía acuática bajo la administración panameña, el Canal es
nuestro y el territorio es libre de todo pie de fuerza militar
extranjera, tal como sucede con la mayoría de los modernos países
democráticos y soberanos.
Más aún, antes de que llegáramos a ese alegre final, los estadounidenses
no perdieron la oportunidad de aprovechar nuestra propia desconfianza
y pesimismo, planteándonos la opción del Centro Multilateral Antidrogas
(CMA), lo que por varias razones –unas claras y otras no tanto–
no se dio. Pero fue un intento.
Ahora que gozamos de libertad para actuar como un país soberano,
ahora que nos hemos puesto los pantalones largos y que debemos
caminar con nuestros propios pies, queremos hacer todo lo posible
por volver atrás; decir que todo lo vivido y luchado no valió
la pena. Se dice que aquellos que hablaron de un fin a la presencia
militar y contra la injerencia militar estadounidense en el país,
estaban equivocados; que no hay otro destino para la patria panameña,
que el de estar encadenada a las fuerzas militares norteñas.
¿Por
qué lo digo? Porque ahora no solo se habla de las ‘‘fuerzas visitantes’’;
también consideramos pedirle a Estados Unidos que cubra nuestra
espesa e inhóspita frontera darienita, para librarnos de nuestra
propia responsabilidad como Estado soberano, de hacer valer la
ley y la autoridad nacional en cada metro cuadrado de nuestros
mares, tierras y aires. ¿Acaso nadie pensó que los problemas que
anteriormente los estadounidenses resolvían –o que ignorábamos–
ahora debemos atenderlos nosotros?
¡Sin
duda no podremos solos! Pero principalmente porque la frontera
es una indomable región selvática, tanto en nuestro caso como
en el caso de extensos tramos de fronteras colombianas con Ecuador,
Brasil, Perú y Venezuela. Estos países, incluso con ejércitos
bien pertrechados, no han podido evitar las incursiones armadas
en sus territorios, ni que se les use como áreas de descanso por
la guerrilla, paramilitares, el ejército o delincuentes. En Colombia
lo único que funcionará será el apoyo a la paz.
Pero no todo queda hasta allí. Ahora ofrecemos una de nuestras
islas en el archipiélago de Las Perlas (isla de San José), para
que la Marina estadounidense pueda realizar prácticas militares.
Se daría entonces otra presencia militar en tierras y mares panameños,
así como el traslado a ‘‘nuestro patio’’ del problema con la isla
de Viequez, en Puerto Rico, que se ha convertido en el engranaje
unificador de la mayoría de los boricuas.
Parece que las ‘‘nuevas relaciones’’ entre Panamá y Estados Unidos
en el nuevo siglo, no son más que una repetición de los hechos
del pasado y que nunca han podido germinar en una relación de
verdadero respeto mutuo. Simplemente uno pone la espalda, para
que el otro se sostenga convenientemente.
La misión más difícil para este gobierno es el de actuar y pensar
como el Gobierno de una República independiente, y no como el
Gobierno de una República que posee dentro de sí un enclave foráneo.
Somos como el preso que después de tantos años de cautiverio,
su mundo gira alrededor de una celda; de allí que no pueda afrontar
el hecho de que es libre, de que ya cumplió su condena y tiene
la oportunidad de volver a la libertad. Panamá ya salió de su
celda, ya vivió el proceso inicial de ser un país. Ahora debemos
madurar y, justamente en situaciones como la de la frontera darienita,
los ofrecimientos militares estadounidenses, el caso Vladimiro
Montesinos, el manejo conjunto de los problemas del país, y tantos
más por venir.
Adelante Panamá, yo sé que podemos hacerlo.
El autor es estudiante de derecho
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