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El
estreno del tercer milenio ha enfrentado al hombre
consigo mismo al hacer evidente, con una crudeza innegable,
que nunca como ahora su bienestar ha dependido tanto de
su voluntad. Atrás quedaron las amenazas externas de plagas
y grandes hecatombes naturales ante las que estaba en
total indefensión. Un nuevo paradigma sustituye viejas
prácticas y procedimientos y en el campo de la vida política
asistimos a formas de expresión y episodios totalmente
inéditos. Lo ocurrido en Perú es una clara muestra de
ello. El orden constitucional y jurídico manipulado, ha
sucumbido al interés colectivo y al bienestar general
y todo ello por la fuerza moral. Ya lo sentenció Cicerón
al afirmar que la salud del pueblo es la máxima ley. El
protagonismo de hombres y mujeres que optaron por descalificar
moralmente a Fujimori, es un claro mensaje a todos los
gobernantes del mundo. Nuestros tiempos gritan contra
toda intención de mantener un Estado privatizado en manos
de unos pocos y dirigido a satisfacer intereses mezquinos.
Ello es realidad del pasado y los dirigentes que se resistan
serán arrollados por la fuerza de un nuevo reclamo ético.
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