Palabra de Talingo

 

Son muy escasas las retrospectivas ofrecidas a la obra de los maestros de la plástica panameña, y casi todas han estado a cargo del Museo de Arte Contemporáneo (MAC), entidad privada que no recibe apoyo alguno del Estado. Hasta la semana pasada, tuvimos una de esas oportunidades: la de apreciar la evolución de la larga carrera del gran artista Mario Calvit, quien empezó a desarrollar su lenguaje expresivo a mediados del siglo pasado y formó parte del primer grupo de jóvenes inquietos por aprender lo que sucedía fuera de nuestras fronteras. La merecida retrospectiva que organizó el MAC, bajo la curaduría de Pedro Luis Prados, representó una ocasión sin precedentes para comprender el lugar que ocupa este maestro en la historia del arte de Panamá. Su mayor defecto fue el tiempo, en dos sentidos: el que se dieron para organizarla y el que se dieron para exhibirla. En un país con tan pobre infraestructura académica, esta nutrida muestra habría significado para estudiantes y público en general, una importante lección, reforzada por conferencias, mesas redondas y visitas guiadas. Sin embargo, un considerable número de personas llegaron a visitarla y, gracias a ella, Talingo puede rendir hoy homenaje a la obra notable de Mario Calvit.

   
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