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19 de noviembre del
2000
A título personal
quiero llamar la atención sobre el análisis publicado
en Talingo del domingo 22 de octubre, a cargo del periodista
Octavio Arosemena, acerca del proyecto de la Sony Music, del lanzamiento
del primer CD que graba la Orquesta Sinfónica, de la interpretación
en general de la Orquesta Sinfónica, y muy en particular
de la interpretación que yo hice de la obra de mi autoría
Concierto panameño para guitarra y orquesta. En dicho
análisis, el señor Octavio Arosemena, en forma temeraria
y arrogante, expone, según su criterio, lo desafortunado
de la ejecución, especialmente en mi propia obra. Por segundas
personas he sabido que a la formación cultural del señor
Octavio Arosemena, se le suma el hecho de que realizó estudios
desafortunados en la flauta traversa y en la pintura. Es decir que
nunca en su vida ofreció ningún concierto público,
y menos realizó alguna exposición de pintura.
Lo que quiero expresar
es que el anhelo de toda sociedad culta es que las personas que
tienen a su cargo esgrimir la pluma para denunciar lo malo o resaltar
lo sublime sean personas idóneas en lo espiritual, lo científico,
sociológico, tecnológico, artístico, político
y cultural, y sean, precisamente, las personas más idóneas
para crear conciencia en nuestro pueblo.
El señor Octavio
Arosemena, de principio a fin de su reportaje, recalca que este
concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional le causó
trastornos estomacales. Lo único que no sucumbió,
según el criterio del señor Arosemena, fueron las
8 miniaturas de Roque Cordero.
Es importante destacar
que esta grabación es la primera en la historia de la Orquesta
Sinfónica. Es por eso que la comunidad panameña merece
que los diarios locales de prestigio encomienden estos temas a personas
idóneas, para informar con serenidad e imprimir su sello
de profesionalismo, basado en una sólida formación
académica y ética, para que en ningún momento
se distorsione la verdad absoluta con verdades personalistas.
El reverendo padre Blanquer,
director del Canal 5 de Televisión, estuvo presente
en este polémico concierto de la Sinfónica Nacional,
al cual me remito y espero que pueda ayudar a esclarecer este malentendido
del señor Octavio Arosemena.
Gabriel
Tapia,
Compositor
panameño.
12 de noviembre
del 2000
De veras que
están haciendo milagros con el poco espacio que les ha quedado.
El contenido del número 387, del 22 de octubre, fue excelente.
Yo, en lo personal, fui fiel oyente de La esquina rota, programa
radial que conducían Margot López y Eduardo Irving
hace unos años en Tropical Moon, emisora cuya desaparición
dejó un tremendo vacío en el ambiente musical. La
cosa es que fue en ese programa donde le tomé el gusto a
la música de Ornette Coleman y hasta adquirí varios
de sus discos, incluyendo Free Jazz, el más controversial
de todos. Agradezco al señor Eduardo Irving por hacer un
interesante recuento de una porción importante en la historia
musical del saxofonista, y sobre todo por la pintoresca reseña
de Free Jazz, himno nacional para todos los adeptos al jazz
libre.
En cuanto a
la reseña del concierto Así suenan mis
raíces, debo decir que todo lo que escribe el
señor Arosemena es cierto. Por ejemplo, yo estaba sentado
a pocos metros de la orquesta y esta apenas se escuchaba. A las
cuerdas les falta vigor, ataque, convicción. No me acuerdo
quién fue, creo que Mahler, el que dijo: no hay
malas orquestas sino malos directores. Al maestro Ledezma
es a quien le toca poner orden, elevar el nivel técnico de
los músicos, levantarles la moral, lograr que estos se sientan
orgullosos de formar parte de la principal orquesta del país
y hacerles ver la gran responsabilidad y seriedad que conlleva interpretar
las obras maestras de la música. El señor Ledezma,
como director, es el indicado para lograr todo esto, y mientras
más pronto mejor.
Luis
Morgan
5 de noviembre del
2000
Al aceptar que
Talingo y sus innumerables colaboradores hacen un eficiente
trabajo de divulgación de las artes, es preocupante observar
que, últimamente, se inclinan a dar más espacio
en aquellos temas locales a las voces de los artistas o de
los organizadores o curadores de exposiciones voces siempre
subjetivas y parciales que a un análisis crítico
y objetivo de los valores expositivos. Este particular enfoque puede
conducir a tergiversaciones penosas para el arte de Panamá.
Para argumentar
sobre esta opinión, sería necesaria una referencia
al elogio artístico hecho, semanas atrás, a las instalaciones,
las fotografías y otras artes gráficas que, como corolario,
traía el epitafio de la pintura la vieja
pintura, como diría irónicamente Hilton
Kramer. Como si, para incentivar la aceptación de novedosas
técnicas artísticas, tuviéramos que decretar
la desaparición de otras.
También
debería discutirse si es válido empezar a
pensar en Comanche III, pues un análisis
más detenido de la temática crítico-social
de Comanche II, con resabios de aquellos temas político-iconoclastas
de finales de los sesenta, junto a la observación de las
técnicas usadas para su expresión nos llevaría
a concluir que no se ha logrado aquella unidad técnica, aquella
calidad estética y armonía de conjunto requeridas
para bautizarse como la instalación más
compleja, a nivel conceptual y formal, rematada por
la frase lapidaria que se haya realizado en Panamá.
Aunque el éxito entre el público justificaría,
quizás, a la manera de las películas taquilleras,
su secuencia numérica.
Debemos recordar
que hace 16 años una de las grandes artistas de Panamá,
Alicia Viteri, expuso en el MAC un conjunto de obras bajo el nombre
de Espacios pictóricos, en que óleos,
grabados, serigrafías, litografías, colores móviles,
integración del espectador al conjunto y el sonido se sumaban
estéticamente en una instalación cinética que,
por su complejidad temática y por la multiplicidad de técnicas,
bien podría competir, como lograda instalación, en
estos tristes certámenes de superlativos estéticos.
Un mural de
3x7 metros, con figuras de tamaño natural, formando un doble
friso humano, rodeado de 14 óleos de colores
vibrantes e intensos donde las figuras y las multitudes reproducen
el ambiente del cuadro principal. En primer plano, Los
funerales, con ejes rígidos, y Los carnavales,
con curvas predominantes, enmarcando y dando movimiento al primero.
Mediante un juego de luces se distribuyen variantes de colores sobre
su superficie que adquiere así el valor cinético de
una instalación, coadyuvada por el movimiento del público
que se integra a la dinámica de lo representado, mimetizándose
con el telón.
Sin embargo
es, en su temática, que esta creación merece calificativos
de excelencia que la ubican como una de las primeras instalaciones
de valor estético en Panamá. Partiendo del análisis
introspectivo del hombre, cada personaje de estos dos frisos o del
conjunto de obras que lo complementan es un estudio crítico
de las condiciones y vivencias humanas. Ahí está Pedro,
casi un insecto humanizado, están los zonians con
sus corbatas llamativas o sus cortes de pelo rígidamente
militar, está la Latin Lover con
un curvilíneo dinamismo de motivo sensual caribeño,
están las cabelleras oxigenadas y fijadas, pelo a pelo, con
pesadas laca, están los gruesos collares de oro en figuras
que forman una galería humana que transpira el análisis
y la crítica social, de tonalidades satíricas. Más
allá del estudio individual se refleja una realidad panameña,
una verdadera comedia social en que los trajes no cubren la deformación
humana.
Pero, como toda
obra de valor estético, su concepto nos transporta del testimonio
social a la indagación filosófica que explica el contraste
vital en el hombre. Un proceso de soledad-multitud,
de muchedumbre-aislamiento que, en esta creación,
es la síntesis de la siempre perseguida búsqueda interior
de un artista que innova técnicamente, sin ser infiel a su
temática.
Espacios
pictóricos sigue representando, en el desarrollo
del arte panameño, una innovación formal por la suma
de técnicas pictóricas y gráficas, por el valor
participativo del espectador en el conjunto total, por la incorporación
del ruido confuso de los centros urbanos a su profunda temática,
anticipando, con creces de valores estéticos, la fiebre insensata
por las instalaciones que invade, hoy, museos y galerías
de Panamá.
Angela
de Picardi
Respuesta
a esta carta.
29 de octubre del
2000
Quisiera responder a
la carta del Sr. Riley, publicada el pasado domingo. El asegura
que la asistencia al documental Buena Vista Social Club fue
paupérrima y yo, en cambio, le aseguro
que no. Fui dos veces a verla y la sala estaba más llena
de lo usual (para películas que no son blockbusters hollywoodenses).
Al sexto día, cuando iba a ir por tercera vez para acompañar
a mi familia, y ya la habían quitado.
No es cierto que, como
dice el Sr. Riley en un tono bastante condescendiente, somos
un conglomerado de casi tres millones de personas, para el cual
la palabra cultura resulta una aberración producida por extraterrestres.
En este país hay mucha sed de buena cultura. Prueba de ello
es la popularidad y la alta estima en la que se tiene este suplemento
dominical. El problema grave, como el mismo Talingo repite
a menudo en sus editoriales, es la falta de compromiso de aquellos
que tienen los medios para ofrecernos productos culturales más
dignos. Tampoco hay que esperar un éxito de taquilla; eso
es pedir lo imposible incluso en Europa. Pero se cae de su peso
que la supuesta nueva sala alternativa de cine debe ir acompañada
de una campaña inteligente que logre atraer al público
adecuado (y si van a dejar la película solo una semana, que
lo adviertan. Siempre queda la posibilidad de extenderla). En el
caso del documental de Wenders, no había que esforzarse mucho.
¡Somos un país de salseros, hombre! Con promocionarlo
como el mejor concierto de salsa del año, habrían
llenado la sala de gente de todas las edades y clases sociales.
Además, si el número de asistentes estuvo por debajo
de lo requerido por las malvadas distribuidoras,
sería por muy poco, me consta. Si hubiese existido un verdadero
compromiso por parte de los cines Alhambra, habrían puesto
el poco dinero que necesitaban para cubrir la pequeña diferencia.
Hay que admitir que hasta ahora nadie se gana al Cine Universitario.
Eso, por parte de los
cines. Pero la verdad es que las distinguidas embajadas del Primer
Mundo tampoco ayudan mucho en este terreno. Inglaterra y Estados
Unidos son un desastre; la primera no hace nada, y la otra, para
lo que hace, mejor que ni haga. En cuanto a aquellas que se han
portado mejor con nosotros, como Francia, España o Alemania,
debo decir que falta un poquito más de empeño a la
hora de divulgar las películas del país que representan.
Ejemplo contundente es lo que acaba de hacer la embajada de España.
Para el festival de Buñuel reservó una sala durante
más de una semana en el costoso cine Alhambra, y en lugar
de permitir la entrada libre o a muy bajo precio para el público
en general, tuvo la brillante idea de restringirla solo a aquellos
con invitaciones. Resultado: nadie sabía cómo conseguir
las invitaciones (llamé a la embajada y parecía que
les estuviera hablando en chino), y no se podía entrar sin
una, ni rogando ni pagando ni gritando, a pesar de que había
literalmente tres gatos en la sala a toda hora. ¡Buen trabajo!
Fátima
Alvarado Rego
22 de octubre
del 2000
Felicitamos
antes que todo al suplemento Talingo (No. 380
del domingo 3 de septiembre de 2000), por la cobertura crítica
del Sr. Félix Zé sobre el documental del cineasta
alemán Win Wenders, titulado Buena Vista Social Club (BVSC).
Para nadie es nuevo que la música es una manifestación
de cultura, y BVSC es un trabajo fílmico acerca de
música cubana la música que constituye en sí
la base de lo que hoy denominamos salsa. Lamentablemente el
filme tuvo que salir de su pactada proyección de 15 días
en una de las salas de los cines Alhambra de Vía España.
La paupérrima
asistencia de espectadores obligó por lógica
a los dueños del local a sacar BVSC de cartelera en
tan sólo seis días, ya que con ese respaldo,
el documental significaba una pérdida monetaria. Tal situación
nos demuestra con claridad la concepción de cultura que subyace
en la conciencia del panameño.
Discrepamos
radical y rotundamente de la tesis de que la casi nula asistencia
se debió a la falta de publicidad. Si en vez de BVSC se
hubiese presentado una película que explicase cómo
ser un narcotraficante próspero y
totalmente inmune a la justicia, entonces se hubiese corrido masivamente
la voz, y por ende, se hubiese obtenido un éxito masivo tanto
de taquilla como de asistencia. Lo mismo se hubiera logrado con
un documental sobre cómo lograr felicidad
a través de la prostitución infantil.
En fin, somos
un conglomerado de casi tres millones de personas, para el cual
la palabra cultura resulta una aberración producida
por extraterrestres. Si por BVSC se hubiera proyectado
un documental sobre los niños cantores de Viena, el resultado
hubiera sido igual y quizás hasta peor. BVSC ha sido
muy exitoso en otros países. Lo ocurrido en Panamá
es para pensar seriamente.
Diógenes
Iván Riley
15 de octubre
del 2000
Pienso que el
jurado de la II Bienal de Pintura del Istmo Centroamericano conformado
por Carolina Ponce de León, Edward Sullivan y Rachel Weiss
dejó a la pintura nocaut, con los eyes
wide shot. Tanto es así, que la pintura fue mencionada
pero no premiada. Los tres premios correspondieron a imágenes
fotográficas: digitalización (Carranza), fotografía
(Araujo) y fotocopias intervenidas (Mendoza).
Y no es que
no existieran obras pintadas que se merecieran
algún premio: las impecables y frescas abstracciones de la
panameña Ana Elena Garuz; la híbrida conjunción
de Bayardo Blandino, de Honduras, en donde fondos painterly se
ven escoltados por geometrías hard edge; los zurcidos
del salvadoreño José Rodríguez; el post-modernismo
light de la costarricense Florencia Urbina y del nicaragüense
Correa Navas; los retratos del costarricense José Miguel
Rojas o las sutiles figuraciones de Emilia Villegas, también
de Costa Rica.
Surge inmediatamente
en la mente del público en general la pregunta: ¿por
qué se premiaron entonces fotografías? Parte de la
explicación la dio el mismo jurado en una mesa redonda que
se había organizado la noche anterior a la apertura del evento.
El jurado dejó claro un par de cosas: que una bienal de pintura
había que replantearla, pues se hacía anacrónica
en el contexto de la explosión mediática que se vive
hoy en día, y que el tema de la premiación también
había que cuestionarlo pues los premios prejuician sobremanera
un evento de esta naturaleza.
En primer lugar,
habría que decir que este tipo de decisión, viniendo
de un jurado tan calificado, le deja un buen chichón a la
pintura regional. Guardando las distancias, es como si se convocara
a un concurso de tartas y pasteles, ¡y el jurado decidiera
darle el premio a una ensalada! ¿Cuál es el mensaje?
¿Que como pintores los centroamericanos son muy buenos fotógrafos?
¿O que la pintura no puede ya manifestar las cosas de la manera
clara, directa e impactante en que lo hace la fotografía?
No lo sé. Pintores como Gerhard Richter, Jonathan Lasker
o Antoni Tapies siguen pintando y manifestando con su trabajo la
vitalidad y vigencia de la pintura.
Ahora bien,
si es verdad que a la luz de obras con las que se presentó
el guatemalteco Carlos Américo López, la hondureña
Celsa Flores (¡hermana del presidente de Honduras!!) o Ilse
Ortiz de Manzanares (Nicaragua), no deja uno de pensar que sí,
que efectivamente la pintura murió, pero no de muerte natural
o vejez: la mataron los pintores malos.
A todo esto,
cabe especular: ¿Cómo le habrán sentado a la
organización del evento los premios? ¿Estarían
de acuerdo? No hay que olvidar que la organización de esta
bienal de pintura corre a cargo de miembros prominentes de la oligarquía
centroamericana, caracterizada por su fuerte conservadurismo. Esto
en sí constituye una paradoja exquisita: ¿Cómo
puede ser que la oligarquía centroamericana, conservadora,
derechista, católica y apostólica, se decida a traer
a un jurado liberal e independiente para que venga a premiar obras
arriesgadas, y de última?
Ahí reside
el éxito general del evento. Efectivamente, es muy probable
que más de un miembro organizador no esté muy contento
con la asignación de los premios, pero obviamente, se mantuvo
y se respetó la decisión del jurado. Gracias a esta
transparencia y honestidad es que la bienal, en tan solo su segunda
convocatoria, se ha convertido en la cita artística más
seria e importante del arte ( ojo que no
digo la pintura) en la región centroamericana.
John
Nadador
San
José, Costa Rica
8 de octubre
Deseo felicitarlos
por este suplemento de La Prensa, el cual a mi parecer tiene
gran acogida entre los ciudadanos de este país. Es agradable
saber que existe gente que apoya y promueve el talento, y que entre
ellos esté tan prestigioso periódico.
Andrea
del Rocío Vesga Bulla
Los felicito
por la labor que hacen. En verdad, Talingo se vuelve adictivo
por lo interesante y bien escritos que están sus reportajes.
Pone en vergüenza a muchos periódicos, incluyendo nuestro
Los Angeles Times, que se sueña como un diario que
ofrece una cobertura cultural de este calibre.
Alma
Ruiz
Curadora
del Museum of Contemporary Art, Los Angeles
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