Rutas
del ‘éxtasis’
Una
droga química, fabricada en Europa, busca abrirse paso en el mercado
estadounidense; Panamá es la ruta para el tráfico. Salpicada por
el ‘éxtasis’, ahora la droga no se mide en kilos, sino en cantidades
de pastillas.
JOSE
OTERO Y RAFAEL PEREZ G.
planas@prensa.com
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Oscar
Osorio
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La
Agencia Estadounidense Antidrogas (DEA), en mayo de este año,
informó a la Procuraduría General de la Nación que había entrado
a Panamá, proveniente de Holanda, un cargamento de 25 mil pastillas
de la droga conocida como ‘‘éxtasis’’.
Ramón Bach y Danny Essel fueron comisionados como agentes encubiertos
para realizar una operación conjunta en Panamá. La finalidad era
el decomiso del ilícito cargamento y la captura de los supuestos
cabecillas de esta organización criminal. La DEA hablaba del italiano
Antonio Brusamolini y la holandesa Fátima Moear.
Tras varias negociaciones entre los agentes encubiertos de la
DEA y los supuestos narcotraficantes, la operación se abortó porque
estos últimos sospecharon que se trataba de una encerrona.
Cuando los funcionarios antidrogas panameños pensaron que la operación
había sido cerrada, el 26 de julio de este año, la Dirección de
Información e Investigación Policial (DIIP) recibió una información
de inteligencia que señalaba que la mencionada droga estaba en
el mercado panameño y era distribuida en discotecas y en centros
de diversión nocturna. El costo era de 25 dólares, aunque el precio
caía a ocho dólares ‘‘si eran compradas al por mayor’’.
Un día después, el 27 de julio, Luis González, jefe de la DIIP,
solicita a la Fiscalía de Drogas autorización para llevar a cabo
una ‘‘operación encubierta’’ para una compra simulada de la mencionada
pastilla en los estacionamientos de un popular restaurante ubicado
en Calle 50.
La operación fue autorizada por el fiscal de Drogas, Rosendo Miranda,
y se comisiona, como agente encubierto, al capitán Benítez, un
miembro de la Policía.
Se
hicieron los contactos con el supuesto traficante y se acordó
que la compra se llevaría a cabo en la noche del 28 de julio en
el restaurante Nikos Café de Calle 50. Ese restaurante, al parecer,
figuraba entre los favoritos del sospechoso.
Cuando las manecilla del reloj marcaban las 8:15 de la noche,
se estacionó frente al referido local un auto Mitsubishi Galant
color verde, con matrícula oficial D-164 del Ministerio de Salud.
El conductor, cuya identidad hasta el momento se desconocía, se
comunica vía celular con el contacto, quien se encontraba dentro
del restaurante. La solicitud fue breve y precisa: favor sal del
local.
Al parecer, el interesado vendedor prefería hacer la entrega de
la mercancía de manera directa con el comprador y le entrega al
intermediario una pastilla como prueba de la autenticidad del
producto. Se trataba de una píldora color crema con un logotipo
en bajo relieve con la forma de tres diamantes entrelazados en
sus vértices; sus efectos desinhiben el comportamiento de los
consumidores y les impulsa a una hiperactividad. Es la primera
droga cuya producción no se genera en los países del Tercer Mundo
De la oscuridad salió otro grupo de agentes y se consumó la detención
de Oscar Osorio, quien hasta ese momento ejercía funciones como
gerente de Proyecto de Reforma de Salud del Ministerio de Salud.
Su salario mensual era de 3 mil dólares, según aseguró el mismo
funcionario; el referido cargo lo había conseguido gracias a sus
‘‘relaciones políticas’’ con el ministro José Manuel Terán.
Durante la revisión del auto oficial, las autoridades hallan en
la guantera del vehículo, mil 144 pastillas dentro de una cajita
rectangular forrada con cinta adhesiva.
Así se revive una operación internacional, iniciada meses antes,
destinada a desarticular una organización con conexiones en Holanda,
Panamá y Estados Unidos. Aquí un relato de los hechos basado en
la investigación llevada a cabo por el Ministerio Público panameño.
Inicio
de la operación
El
procurador, José Antonio Sossa, recibió el 22 de mayo pasado una
nota suscrita por Jay Bergman, director de la oficina de la DEA
en Panamá en la que le informa de una investigación iniciada en
Miami contra un grupo de supuestos narcotraficantes europeos que
tenía en su poder 25 mil pastillas de éxtasis y dos kilos de heroína.
Según la DEA, los europeos pretendían traficar esa mercancía en
Panamá.
Bergman pedía en su carta una colaboración en las investigaciones.
De inmediato, se autoriza la operación conjunta entre los dos
agentes de la DEA y la Fiscalía de Drogas panameña.
El 31 de mayo, Bach y Essel entablan la primera reunión con la
pareja europea en un restaurante en la Vía Venetto. Los europeos
informan a los supuestos compradores que tenían la capacidad para
enviarles a Miami varios cargamentos de esta droga.
Un segundo contacto entre los agentes de la DEA y la pareja europea
se vuelve a repetir el 27 de junio en la cafetería del hotel Caesar
Park. Esta vez los europeos ponen las cartas sobre la mesa.
El primer requisito para iniciar el negocio consistía en el pago
adelantado de 75 mil dólares y una cantidad similar al llegar
la mercancía a Miami. Las exigencias fueron aceptadas por los
supuestos compradores sin reparo.
Casi al final de esta reunión, según consta en el expediente,
se suma a la mesa Blas Velásquez, quien a la sazón fungía como
asesor del ministro de Gobierno y Justicia, Winston Spadafora.
Tras 20 minutos de conversación con las cinco personas, Velásquez
se retira del lugar.
Además de los dos agentes encubiertos en la reunión participaron,
según los informes de inteligencia, el italiano Brusamolini y
la holandesa Moear.
Los agentes de la DEA informaron a sus superiores en La Florida
que todo estaba marchando sobre ruedas. Aseguraban, en su comunicación,
que en 24 horas podrían hacer el arresto.
Sin embargo, la historia fue otra. Al día siguiente Moear los
llamó por teléfono y postergó la cita hasta el 29 de junio. En
esa fecha, la reunión se llevó a cabo en el hotel Granada situado
en Vía España. Allí, Moear le exige a los agentes encubiertos
sus verdaderas identidades.
Ante esta petición, a los agentes de la DEA no les quedó otra
opción que negarse a la solicitud para posteriormente informar
que la operación estaba abortada.
Luego de rendir sendas declaraciones juradas ante el fiscal Miranda
informando lo ocurrido, Bach y Essel regresaron a Miami. Miranda
en su turno informó al procurador José Antonio Sossa los pormenores
de la operación, ahora congelada.
¿Viejos
amigos?
La
relación entre Brusamolini y Osorio se remonta a mayo de 1999,
cuando este último aspiraba a ocupar una curul en la Asamblea
Legislativa en representación del Partido Arnulfista (PA). En
su declaración, Osorio informó que el italiano le prometió apoyo
económico para su campaña política, aunque advierte que la prometida
ayuda no se concretó.
En abril de este año, Brusamolini volvió a comunicarse con Osorio
y le informó que tenía un cargamento de pastillas de éxtasis,
según refiere el mismo Osorio. La mercancía llegaría de Holanda
y que tenía intención de enviarla a Estados Unidos.
La droga entró a Panamá vía marítima en un vehículo de colección,
marca Opel, color amarillo, que estaba a bordo de una embarcación
procedente de Amsterdan, Holanda, que ancló en el centro portuario
en Colón, según el propio Osorio. El auto Opel donde supuestamente
venía oculto el cargamento de pastillas, dijo, estaba a su nombre.
Brusamolini y Osorio realizaron varias negociaciones para tratar
de vender el cargamento, dijo Osorio en su primera declaración
jurada. Primero intentó traficarlo a Costa Rica por intermedio
de una compradora que identificó como Marjeri. La negociación
falló, según relató, porque la compradora no estuvo de acuerdo
con el precio. El costo era de seis balboas por cada píldora.
Luego se presentaron otros dos compradores, un puertorriqueño
y un estadounidense. Este último se autoidentificaba como Danny.
Lo que Osorio desconocía era que Danny era Danny Essel,
uno de los agentes de la DEA que investigaba el supuesto tráfico.
Brusamolini, contrario a Osorio, sospechó de los inusuales compradores
y no concretó la venta, se asegura en las investigaciones.
Finalmente, apareció un panameño apodado Junier, quien compró
60 de estas pastillas a Osorio a un precio total de 300 dólares.
La ganancia fue cobrada por Osorio, según él mismo relata.
Osorio
se decide a hablar
Desde
su celda en la DIIP, Oscar Osorio decide cooperar con las autoridades
y les propone un plan para entregarles a Brusamolini y su compañera
Moear.
El plan se pone en marcha y en la mañana del sábado 29 de junio,
Osorio llamó al celular de Brusamolini desde la Fiscalía de Drogas
y le dijo que deseaba reunirse con él para entregarle el dinero
referente a la venta de las mil 144 pastillas. También le informaba
sobre la existencia de un supuesto comprador interesado en más
píldoras.
Nuevamente los sensores de Brusamolini se activaron y la desconfianza
se apoderó de él. Brusamolini le dijo a Osorio que prefería devolverle
la llamada después.
A las 8:20 de la mañana del domingo 30 de junio, Osorio recibe
una llamada de Brusamolini en la que le comunica que lo esperaría
en dos horas en los estacionamientos de la Casa de la Carne de
Vía Porras.
Mientras se concretaba la cita, la Policía, por su parte, montaba
un operativo relámpago: siete vehículos y unos 20 agentes antidrogas
son comisionados para esta misión.
Para que el plan funcionara, a Osorio se le permite ir solo en
su vehículo, el Mitsubishi Galant verde. Los otros siete autos
se colocan en posiciones estratégicas a la vanguardia y retaguardia.
A las 10:30 de la mañana Osorio llega al punto previamente acordado,
pero una llamada de Brusamolini lo obligó a moverse hacia los
alrededores del Parque Omar en el corregimiento de San Francisco.
En el camino recibe otra contraorden del europeo, quien en esta
oportunidad le indica que se traslade a la farmacia Arrocha de
Paitilla.
Cuando se aproximaba a este último punto, Brusamolini llama otra
vez a Osorio y le advierte de sus sospechas en el sentido de que
era blanco de seguimiento de una camioneta color gris.
Nuevamente cambió la ruta hacia el restaurante El Prado en Vía
Argentina. Al llegar al lugar, Osorio se estaciona frente al restaurante
pero otra vez un intranquilo Brusamolini le llama a su teléfono
celular. ‘‘Te está siguiendo ahora una Galloper verde’’, le dijo.
Osorio respondió que no había nada que temer.
Brusamolini, sin embargo, le llamó otra vez y le dijo en tono
tajante: ‘‘mejor nos vemos mañana lunes en tu trabajo’’, según
recuerda Osorio.
Al día siguiente era lunes, 31 julio. Pese a su marcada sospecha,
Brusamolini acude a la cita en compañía de Fátima Moear. La hora
de la reunión estaba prevista para las 10:00 de la mañana en el
Ministerio de Salud, situado en Ancón.
Osorio arribó al Ministerio de Salud y realizó una llamada al
teléfono celular de Brusamolini. Le informó que estaba en su oficina,
en una reunión.
Minutos después, Brusamolini le devuelve la llamada a Osorio y
le indica que baje al estacionamiento del ministerio. Ni siquiera
había terminado de hablar, cuando los policías los arrestaron.
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