Panamá, 26 de octubre de 2000
 
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Rutas del ‘éxtasis’

Una droga química, fabricada en Europa, busca abrirse paso en el mercado estadounidense; Panamá es la ruta para el tráfico. Salpicada por el ‘éxtasis’, ahora la droga no se mide en kilos, sino en cantidades de pastillas.

JOSE OTERO Y RAFAEL PEREZ G.
planas@prensa.com

Oscar Osorio

La Agencia Estadounidense Antidrogas (DEA), en mayo de este año, informó a la Procuraduría General de la Nación que había entrado a Panamá, proveniente de Holanda, un cargamento de 25 mil pastillas de la droga conocida como ‘‘éxtasis’’.

Ramón Bach y Danny Essel fueron comisionados como agentes encubiertos para realizar una operación conjunta en Panamá. La finalidad era el decomiso del ilícito cargamento y la captura de los supuestos cabecillas de esta organización criminal. La DEA hablaba del italiano Antonio Brusamolini y la holandesa Fátima Moear.

Tras varias negociaciones entre los agentes encubiertos de la DEA y los supuestos narcotraficantes, la operación se abortó porque estos últimos sospecharon que se trataba de una encerrona.

Cuando los funcionarios antidrogas panameños pensaron que la operación había sido cerrada, el 26 de julio de este año, la Dirección de Información e Investigación Policial (DIIP) recibió una información de inteligencia que señalaba que la mencionada droga estaba en el mercado panameño y era distribuida en discotecas y en centros de diversión nocturna. El costo era de 25 dólares, aunque el precio caía a ocho dólares ‘‘si eran compradas al por mayor’’.

Un día después, el 27 de julio, Luis González, jefe de la DIIP, solicita a la Fiscalía de Drogas autorización para llevar a cabo una ‘‘operación encubierta’’ para una compra simulada de la mencionada pastilla en los estacionamientos de un popular restaurante ubicado en Calle 50.

La operación fue autorizada por el fiscal de Drogas, Rosendo Miranda, y se comisiona, como agente encubierto, al capitán Benítez, un miembro de la Policía.

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Se hicieron los contactos con el supuesto traficante y se acordó que la compra se llevaría a cabo en la noche del 28 de julio en el restaurante Nikos Café de Calle 50. Ese restaurante, al parecer, figuraba entre los favoritos del sospechoso.

Cuando las manecilla del reloj marcaban las 8:15 de la noche, se estacionó frente al referido local un auto Mitsubishi Galant color verde, con matrícula oficial D-164 del Ministerio de Salud. El conductor, cuya identidad hasta el momento se desconocía, se comunica vía celular con el contacto, quien se encontraba dentro del restaurante. La solicitud fue breve y precisa: favor sal del local.

Al parecer, el interesado vendedor prefería hacer la entrega de la mercancía de manera directa con el comprador y le entrega al intermediario una pastilla como prueba de la autenticidad del producto. Se trataba de una píldora color crema con un logotipo en bajo relieve con la forma de tres diamantes entrelazados en sus vértices; sus efectos desinhiben el comportamiento de los consumidores y les impulsa a una hiperactividad. Es la primera droga cuya producción no se genera en los países del Tercer Mundo

De la oscuridad salió otro grupo de agentes y se consumó la detención de Oscar Osorio, quien hasta ese momento ejercía funciones como gerente de Proyecto de Reforma de Salud del Ministerio de Salud. Su salario mensual era de 3 mil dólares, según aseguró el mismo funcionario; el referido cargo lo había conseguido gracias a sus ‘‘relaciones políticas’’ con el ministro José Manuel Terán.

Durante la revisión del auto oficial, las autoridades hallan en la guantera del vehículo, mil 144 pastillas dentro de una cajita rectangular forrada con cinta adhesiva.

Así se revive una operación internacional, iniciada meses antes, destinada a desarticular una organización con conexiones en Holanda, Panamá y Estados Unidos. Aquí un relato de los hechos basado en la investigación llevada a cabo por el Ministerio Público panameño.

Inicio de la operación

El procurador, José Antonio Sossa, recibió el 22 de mayo pasado una nota suscrita por Jay Bergman, director de la oficina de la DEA en Panamá en la que le informa de una investigación iniciada en Miami contra un grupo de supuestos narcotraficantes europeos que tenía en su poder 25 mil pastillas de éxtasis y dos kilos de heroína. Según la DEA, los europeos pretendían traficar esa mercancía en Panamá.

Bergman pedía en su carta una colaboración en las investigaciones. De inmediato, se autoriza la operación conjunta entre los dos agentes de la DEA y la Fiscalía de Drogas panameña.

El 31 de mayo, Bach y Essel entablan la primera reunión con la pareja europea en un restaurante en la Vía Venetto. Los europeos informan a los supuestos compradores que tenían la capacidad para enviarles a Miami varios cargamentos de esta droga.

Un segundo contacto entre los agentes de la DEA y la pareja europea se vuelve a repetir el 27 de junio en la cafetería del hotel Caesar Park. Esta vez los europeos ponen las cartas sobre la mesa.

El primer requisito para iniciar el negocio consistía en el pago adelantado de 75 mil dólares y una cantidad similar al llegar la mercancía a Miami. Las exigencias fueron aceptadas por los supuestos compradores sin reparo.

Casi al final de esta reunión, según consta en el expediente, se suma a la mesa Blas Velásquez, quien a la sazón fungía como asesor del ministro de Gobierno y Justicia, Winston Spadafora. Tras 20 minutos de conversación con las cinco personas, Velásquez se retira del lugar.

Además de los dos agentes encubiertos en la reunión participaron, según los informes de inteligencia, el italiano Brusamolini y la holandesa Moear.

Los agentes de la DEA informaron a sus superiores en La Florida que todo estaba marchando sobre ruedas. Aseguraban, en su comunicación, que en 24 horas podrían hacer el arresto.

Sin embargo, la historia fue otra. Al día siguiente Moear los llamó por teléfono y postergó la cita hasta el 29 de junio. En esa fecha, la reunión se llevó a cabo en el hotel Granada situado en Vía España. Allí, Moear le exige a los agentes encubiertos sus verdaderas identidades.

Ante esta petición, a los agentes de la DEA no les quedó otra opción que negarse a la solicitud para posteriormente informar que la operación estaba abortada.

Luego de rendir sendas declaraciones juradas ante el fiscal Miranda informando lo ocurrido, Bach y Essel regresaron a Miami. Miranda en su turno informó al procurador José Antonio Sossa los pormenores de la operación, ahora congelada.

¿Viejos amigos?

La relación entre Brusamolini y Osorio se remonta a mayo de 1999, cuando este último aspiraba a ocupar una curul en la Asamblea Legislativa en representación del Partido Arnulfista (PA). En su declaración, Osorio informó que el italiano le prometió apoyo económico para su campaña política, aunque advierte que la prometida ayuda no se concretó.

En abril de este año, Brusamolini volvió a comunicarse con Osorio y le informó que tenía un cargamento de pastillas de éxtasis, según refiere el mismo Osorio. La mercancía llegaría de Holanda y que tenía intención de enviarla a Estados Unidos.

La droga entró a Panamá vía marítima en un vehículo de colección, marca Opel, color amarillo, que estaba a bordo de una embarcación procedente de Amsterdan, Holanda, que ancló en el centro portuario en Colón, según el propio Osorio. El auto Opel donde supuestamente venía oculto el cargamento de pastillas, dijo, estaba a su nombre.

Brusamolini y Osorio realizaron varias negociaciones para tratar de vender el cargamento, dijo Osorio en su primera declaración jurada. Primero intentó traficarlo a Costa Rica por intermedio de una compradora que identificó como Marjeri. La negociación falló, según relató, porque la compradora no estuvo de acuerdo con el precio. El costo era de seis balboas por cada píldora.

Luego se presentaron otros dos compradores, un puertorriqueño y un estadounidense. Este último se autoidentificaba como Danny. Lo que Osorio desconocía era que Danny era Danny Essel, uno de los agentes de la DEA que investigaba el supuesto tráfico.

Brusamolini, contrario a Osorio, sospechó de los inusuales compradores y no concretó la venta, se asegura en las investigaciones.

Finalmente, apareció un panameño apodado Junier, quien compró 60 de estas pastillas a Osorio a un precio total de 300 dólares. La ganancia fue cobrada por Osorio, según él mismo relata.

Osorio se decide a hablar

Desde su celda en la DIIP, Oscar Osorio decide cooperar con las autoridades y les propone un plan para entregarles a Brusamolini y su compañera Moear.

El plan se pone en marcha y en la mañana del sábado 29 de junio, Osorio llamó al celular de Brusamolini desde la Fiscalía de Drogas y le dijo que deseaba reunirse con él para entregarle el dinero referente a la venta de las mil 144 pastillas. También le informaba sobre la existencia de un supuesto comprador interesado en más píldoras.

Nuevamente los sensores de Brusamolini se activaron y la desconfianza se apoderó de él. Brusamolini le dijo a Osorio que prefería devolverle la llamada después.

A las 8:20 de la mañana del domingo 30 de junio, Osorio recibe una llamada de Brusamolini en la que le comunica que lo esperaría en dos horas en los estacionamientos de la Casa de la Carne de Vía Porras.

Mientras se concretaba la cita, la Policía, por su parte, montaba un operativo relámpago: siete vehículos y unos 20 agentes antidrogas son comisionados para esta misión.

Para que el plan funcionara, a Osorio se le permite ir solo en su vehículo, el Mitsubishi Galant verde. Los otros siete autos se colocan en posiciones estratégicas a la vanguardia y retaguardia.

A las 10:30 de la mañana Osorio llega al punto previamente acordado, pero una llamada de Brusamolini lo obligó a moverse hacia los alrededores del Parque Omar en el corregimiento de San Francisco. En el camino recibe otra contraorden del europeo, quien en esta oportunidad le indica que se traslade a la farmacia Arrocha de Paitilla.

Cuando se aproximaba a este último punto, Brusamolini llama otra vez a Osorio y le advierte de sus sospechas en el sentido de que era blanco de seguimiento de una camioneta color gris.

Nuevamente cambió la ruta hacia el restaurante El Prado en Vía Argentina. Al llegar al lugar, Osorio se estaciona frente al restaurante pero otra vez un intranquilo Brusamolini le llama a su teléfono celular. ‘‘Te está siguiendo ahora una Galloper verde’’, le dijo. Osorio respondió que no había nada que temer.

Brusamolini, sin embargo, le llamó otra vez y le dijo en tono tajante: ‘‘mejor nos vemos mañana lunes en tu trabajo’’, según recuerda Osorio.

Al día siguiente era lunes, 31 julio. Pese a su marcada sospecha, Brusamolini acude a la cita en compañía de Fátima Moear. La hora de la reunión estaba prevista para las 10:00 de la mañana en el Ministerio de Salud, situado en Ancón.

Osorio arribó al Ministerio de Salud y realizó una llamada al teléfono celular de Brusamolini. Le informó que estaba en su oficina, en una reunión.

Minutos después, Brusamolini le devuelve la llamada a Osorio y le indica que baje al estacionamiento del ministerio. Ni siquiera había terminado de hablar, cuando los policías los arrestaron.

 
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