ring side
Dormido
el boxeo panameño
El boxeador
nicaragüense Julio Yambito Gamboa
empató con el venezolano Julio Machado y fracasó
en su tercer intento de obtener un título mundial en la
división supermosca. Ambos disputaban el cetro vacante
de la Federación Internacional de Boxeo (FIB).
Gamboa fue
mejor que su contrincante en la mayor parte del pleito, según
los cables internacionales, pero no hizo lo suficiente para convencer
a dos de los tres oficiales de que era el vencedor al culminar
el duodécimo asalto de la refriega. Anteriormente, Julio
había disputado los cetros de esta misma división
en la Asociación Mundial de Boxeo y de la Organización
Mundial de Boxeo, sin obtener éxito.
Hoy he querido
traer el tema a colación para demostrar una vez más
que en materia pugilística internacional estamos totalmente
dormidos. Quienes manejan los intereses de nuestros escasos boxeadores
ranqueados están prestos a vegetar si es preciso, pero
ellos viven y mueren con la Asociación Mundial de Boxeo,
mientras otros, que también dicen profesar lealtad plena
a ese organismo, alientan a sus cotorráneos para que toquen
las puertas de otras organizaciones.
La vida de
un púgil es relativamente corta y mucha más corta
es su oportunidad de hacer dinero en este negocio, y es por ello
que a todas las posibilidades de lograr una oportunidad titular
hay que echarle mano, así fuera de una organización
bruja o desconocida, como quieren llamarle
a las federaciones de un reciente nacimiento.
Es cierto
que tenemos que cuidarnos para que no vuelva a ocurrir lo de Orlando
Soto, que para la historia quiérase o no fue campeón
mundial, pero basta ya de tantos coqueteos y miramientos con un
solo organismo.
Hace muy poco,
el estadounidense Roy Jones Jr. aceptó ser el campeón
de la International Boxing Organization (IBO) y hoy ostenta cuatro
títulos semipesados, y nadie ha llorado por ello. Recordamos
cuando la Organización Mundial de Boxeo comenzó
a elaborar sus rankings a uno que llamó y aceptó
gustosamente su cetro fue Thomas Hearns. Dejémonos de complejos
tontos que esto lo único que ha hecho es perjudicarnos.
Ahora, hay
algo que debemos admitir en beneficio de los más viejos
organismos y es que los púgiles panameños que están
en acción no están a la altura de las mayores exigencias.
Nuestro nivel en la actualidad está muy por debajo de lo
que antes fuéramos, y esto se ha comprobado una y otra
vez en los últimos años.
El deporte
de los puños en nuestro país vive un momento de
incertidumbre, entre arrancar y seguir caminando a medio paso,
y esto nos ha perjudicado grandemente. Después de una notoria
victoria de alguno de nuestros boxeadores llega una inactividad
criminal, que nos hace retroceder los pasos que habíamos
logrado avanzar. A veces esto ocurre por irresponsabilidad de
quienes manejan los destinos de los gladiadores istmeños,
pero a veces, y no pocas, la responsabilidad es totalmente del
púgil.
Volviendo
al nica Julito Gamboa, este no ha perdido oportunidades. Aquí
lo vimos caer aparatosamente ante el veragüense Evangelio
Pérez en 1996 y después de ello ha ido a buscar
tres veces un cetro del mundo, mientras el nuestro lo hizo una
vez y esto después de un año de inactividad. ¡Ah!
y en el caso de Julito, en diversas organizaciones internacionales.
Ahora que
hablo sobre nicaragüenses debo mencionar el caso de Adonis
Rivas, a quien le cayó del cielo una oportunidad con el
mexicano Diego Morales, hermano de Erick, y lo venció,
arrebatándole de paso la faja supermosca de la Organización
Mundial de Boxeo. ¿Rockero Alcázar no está
en esa división? ¿Qué es de él? El
título está tan cerca que hasta con la mano podría
tocarse, pero qué va, entre la irresponsabilidad acostumbrada
del boxeador y el poco importa que ha demostrado su manejador
Sergio González, hoy miembro del Parlacen, nada se ha hecho.
Ejemplos como
este sobran. Mientras nuestros vecinos, nicas por el norte, colombianos
y venezolanos por el sur, aprovechan todas las oportunidades que
les caen, nosotros seguimos dormidos o simplemente persiguiendo
a una entidad que en la mayoría de las ocasiones, solo
nos ha ignorado.
NICOLAS ESPINOSA S.
nespinos@prensa.com
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