Del
salario mínimo al salario máximo
El
sueldo del trabajador se lo paga él mismo con lo que produce
Jaime
A. Porcell
La posición ‘‘B/.500 y una sola zona salarial o nada’’, resulta
dolorosamente intransigente ante los ojos de tirios y troyanos.
Aunada al consecuente cierre de calles y amenaza de huelga, denotaría
más resentimiento ideológico contra una clase opresora, que sana
preocupación por una economía. Cargar a los patronos las penurias
que traen aparejadas los bajos salarios, enmascararía la falta
de iniciativa e irresponsabilidad de quienes tampoco empeñan suficiente
esfuerzo en labrarse un salario máximo.
La posición de la dirigencia aísla a los propios obreros, cual
derecha cubana en el caso Elián. No deja otra salida a un Gobierno
político que gana poco enfrentándolos, pero tampoco a la oposición.
En vez de contribuir a mengüar la desaceleración económica que
castiga a su pueblo, polariza al país en una lucha de clases,
en la que nadie gana.
Peor aún, más que un paso en aquella conquista del poder político
por la clase –que plantean pensadores históricos–, lo absurdo
de los B/.500 renueva vigencia a los cazadores de brujas que creímos
extintos. Como consecuencia política, resulta un bumerang que
lleva agua al pozo de la derecha. Mientras, el panameño común
al que los obreros defienden y que no entiende de teorías, busca
cómo resolver la paila.
Los obreros retrotraen a Marx y lo ubican en el centro del debate,
para evidenciar lo inhumano de un capitalismo que concentra mucho
en pocos. En el concepto, abrevaríamos desde la Iglesia y la presidenta
para abajo. Algunos preferiríamos una perestroika o reconversión,
que concertara al país hacia un sistema que produjera mucho para
que alcance y sobre. Elevaríamos la productividad a problema de
Estado – o sea de todos– tal como lo intenta la política económica
que hace explícita en marzo el propio Gobierno.
De que la operación genere ganancia depende la supervivencia y
desarrollo tanto de la empresa como del salario. Pero Marx insiste
en el enfrentamiento social, al conceptuar plusvalía como salario
no retribuido; con la que se queda una especie de ‘‘pillo’’ que
se llama empresario. Entonces, quien come candela, vomitará fuego.
El sueldo del trabajador se lo paga él mismo con lo que produce.
El costo de planilla va directo al precio del producto que ofrece.
Subida exagerada de salario, en un escenario con productividad
en retirada, tendría efectos devastadores en la economía. Significa
escalada de precios al consumidor tipo inflación.
Quienes defienden los B/.500, aducen que elevaría la capacidad
de consumo; mas el argumento resulta falaz. En nada incrementaría
el consumo, elevar artificialmente el salario mínimo más alto
de Latinoamérica, si el costo de vida se dispara. Empleados públicos,
jubilados y desempleados verían inalcanzable la canasta básica.
Las posturas divergentes –coyuntural o históricamente según se
quiera– del capital y trabajo, coinciden en apenas dos puntos:
que se debe subir el salario mínimo, y en que la actitud del Ministerio
de Trabajo de declararse árbitro distante, centrando el conflicto
sólo en la empresa privada, no da vigencia a aquella política
económica. Refleja pálidamente la comprensión de que se amenaza
la economía y a su débil capacidad exportadora. Las repercusiones
nacionales resultan demasiado serias como para soslayar un papel
activo que integre el problema productivo y la política salarial.
La delicada decisión queda finalmente de su lado. Por el bien
del país en desasosiego, ojalá no demore.
Cierto que la sociedad está condenando a los trabajadores que
no consiguen calificación a una vida de necesidades. En ese sentido
tiene con ellos una deuda solidaria. Mas no resulta saludable
saldar aquella de un solo tirón, con medidas que no se compadezcan
con la productividad y que causarían un traumatismo a la economía.
Terminaríamos generando más desempleo. Pero quienes devengan lo
mínimo, también pagan así su propia incapacidad de calificarse
y aspirar al salario máximo.
El autor es investigador de mercado
La
modernización del salario
Nuestra
propuesta salarial aspira al mejoramiento de la calidad de vida
del trabajador, dotándolo además de mayores conocimientos de su
profesión
Luis
A. Diez Castillo
En Panamá es necesario y urgente encontrar el justo medio y la
asignación apropiada del salario mínimo en base al trabajo desarrollado
y a la productividad, a fin de lograr construir las bases sólidas
sobre las cuales habrá de descansar una nación progresista, en
un ambiente de paz y democracia.
Somos de la opinión que las escalas o grados salariales deben
aplicarse en función de la escolaridad de cada trabajador en todo
el territorio nacional. En efecto, tenemos el propósito de plantear
aquí una escala o grados salariales cuya meta principal será alcanzar
un alto nivel de formación profesional, capacidad productiva y
eficiencia del trabajador. No solo buscamos el bienestar del trabajador
en forma apriorística, sino que hemos considerado la realidad
nacional y los problemas económicos actuales de los panameños
–con las características que nos definen como un país tercermundista–
en una balanza equilibrada entre la preparación académica y la
capacidad productiva del trabajador, proyectada hacia el mejoramiento
integral (total) de la educación nacional.
A través de esta propuesta, pretendemos dar una mejor proyección
del significado de la preparación tecnológica. Asimismo nos hemos
preocupado de que el trabajador amplíe su formación académica
con la utilización de sus horas libres en el estudio de algunas
materias humanísticas y tecnológicas, que le permitan el necesario
conocimiento de su estrato socioeconómico en todas sus dimensiones.
Esto no es todo. Esta propuesta salarial aspira al mejoramiento
del status de vida del trabajador panameño, dotándole además de
la oportunidad de alcanzar mayores conocimientos de su profesión,
de su arte u oficio, tanto en el aspecto teórico como en el práctico,
que a su vez le permita elevarse sobre la retrasada estructura
cultural, económica y moral nacional, para modernizarla con el
propósito de que conozca sus aspectos negativos y positivos. Las
dificultades que los elementos que profesan y promueven el neoliberalismo
y su sistema esclavista, oponen abiertamente su mejoramiento integral.
He aquí algunos datos fundamentales para llegar a la etapa de
presentación de nuestra propuesta salarial.
Vemos algunas cifras. Población –cifra preliminar– del país según
el pasado censo: 2,778,440; de acuerdo con cifras incompletas,
la población económicamente activa: 1,100,300, o sea, un 38.12%
del total; cifra que se distribuye en la siguiente forma:
- Agropecuario, pesca, acuicultura
505,679
- Industrias manufactureras 236,486
- Construcción 29,837
- Electricidad y agua 1,041
- Comercio 64,192
- Transporte, almacenaje y
comunicaciones 26,129
- Servicios (hospitalarios, educación, sanitarios)
200,620
- No especificados 36,316
Es necesario aclarar que tanto los educadores como los técnicos,
maestros y artesanos de la construcción con títulos secundarios,
devengarán el salario mínimo de B/.500.00 (salario inicial). Asimismo,
todo trabajador tiene derecho a que se le asigne un salario mínimo
o inicial y un salario tope o máximo para ese mismo tipo de trabajo.
El salario tope o máximo para cada grado o naturaleza de empleo,
se calcula asignando cada dos años un aumento salarial del 10%
sobre el salario inicial, hasta completar cinco aumentos en 10
años y nada más. Así por ejemplo, si un trabajador obtiene el
salario mínimo de B/.500.00 por la naturaleza de su empleo, entonces
su salario tope o máximo será de B/.750.00.
Hay características comunes que nos permiten asignar a los trabajadores
de la educación, construcción, transporte y otros, salarios iguales
en base al nivel educativo alcanzado, y que son igualmente reconocidos
teniendo en consideración su capacidad productiva. A esto hay
que añadir el grado de competencia entre ocupaciones y el grado
de educación de los trabajadores. Es por ello que insistimos en
la necesidad y en la responsabilidad que le cabe al Ministerio
de Educación de desarrollar, desde ya, un programa agresivo de
alfabetización de adultos, así como el mejoramiento integral de
la educación en todos sus niveles.
El autor es historiador y escritor
Ataque
injustificado
Exteriorizamos
nuestra total satisfacción por las caricaturas de la sección ‘‘Demosgracia’’,
especialmente del 6 de julio pasado. Las mismas presentan una
academia de defensa personal para maestros y profesores. Resultan
acertadas dichas caricaturas, en base a las ‘‘últimas’’ agresiones
físicas que en tierras panameñas han sufrido educadores y educadoras
a manos de indígenas y no indígenas.
Por la forma como ‘‘avanzan’’ nuestras ‘‘sociedades’’, sería productivo
que el Ministerio de Educación brindara capacitación en boxeo,
karate o kickboxing, tanto a educadoras como a educadores. Estas
clases serían de mejor provecho que algunas peroratas –intrascendentes,
repetidas y promotoras del sueño– dictadas por el Ministerio de
Educación, llamadas ‘‘seminarios’’.
Adagios futbolísticos y boxísticos plantean que: ‘‘la mejor defensa
es un buen ataque’’, y ya nadie deberá extrañarse de que en un
momento dado, a cualquier educador o educadora no le quede más
remedio que abandonar la dialéctica, la diplomacia, el respeto
y la mansedumbre, para caer en la espiral de la violencia en pro
de la propia defensa.
La violencia engendra violencia y todas las personas que son docentes
no siempre estarán anuentes a mantenerse como víctimas al inicio
o en el transcurso de una agresión. ¿Es obligación de un educador
dejarse agredir o matar para que no se le tilde de persona inculta,
si no hay otra alternativa que defenderse con la violencia?, ¿sería
también la obligación de un sacerdote?
Dios nunca ‘‘castiga’’ si –a la luz de la verdad– se justifica
montar un ataque defensivo como última o única alternativa para
hacerse respetar.
Diógenes Iván Riley Educador
Felicitaciones
Leí
con mucha atención y emoción el reportaje Un angelito salvó a
Mónica de la periodista Nubia Aparicio.
Me hizo revivir emotivos momentos que compartimos con el entrañable
amigo Stanley Muschett, ahora director del diario La Prensa.
Permítame expresarle mi más sinceras felicitaciones por tan hermoso
reportaje. Los que conocemos al Dr. Muschett Ibarra sabemos el
valor que le da a manifestaciones de esta naturaleza.
Los que queremos a la familia Muschett, que es mucha gente, seguimos
orando en acción de gracias por la salud de Mónica.
Carlos
Voloj Pereira.
La
Presidencia, los estilos y los resultados
La
falta de transparencia puede convertirse en el mayor peligro de
la Presidencia
I.
Roberto Eisenmann, Jr.
Mi nueva vivencia como asesor presidencial ad–honorem me
ha convertido en un estudioso de la institución presidencial,
siempre en busca de ideas que puedan convertir el período presidencial
en un éxito, en lo más eficaz posible, sobre todo para los más
vulnerables de la sociedad. Estoy leyendo vorazmente sobre el
tema; he conversado con personas de este país y de otros con experiencias
vivenciales, entre ellos un ex Chief of Staff de Clinton a quien
le tocó reorganizar su presidencia después del desastroso primer
año. He hablado con políticos europeos sobre la curva de aprendizaje
de un nuevo gobierno en el área más experimentada del globo terráqueo
(todos me hablan de 12 a 18 meses). En fin, como en toda experiencia
nueva, he hecho la labor del buen aprendiz para poder contribuir
en la forma más eficaz posible.
En todo el proceso encontré lo obvio: que la personalidad y estilo
de la persona humana que ocupa la poltrona presidencial es lo
que hace la diferencia. Fred Geenstein, un profesor de política
de Princeton –incluso ha publicado un libro titulado The Presidencial
Difference en el que analiza el estilo de liderazgo de los
presidentes norteamericanos desde Franklin Delano Roosevelt hasta
Clinton– en su análisis determina lo que considera las seis cualidades
vitales para la eficacia: comunicación, capacidad organizativa,
capacidad, visión, estilo cognitivo o inteligencia emocional.
Su relato revela cosas interesantísimas. Detallo algunas cápsulas.
- Roosevelt: encontró la necesidad de crear una ‘‘oficina
ejecutiva del presidente’’ (no de la Presidencia). Se trata
de una oficina ejecutiva personal para ayudarlo con eficacia
a darle seguimiento a la ejecución de su plan de gobierno. Además,
creó en la Casa Blanca un buró de presupuesto con este mismo
fin. En el tema de comunicación inventó sus Fireside Chats...
o conversaciones con el pueblo y se reunía dos veces por semana
con los reporteros off the record para darles información
del entorno. Roosevelt nunca reveló la totalidad de su pensamiento
a nadie, incluso a sus más íntimos. Le encantaba poner a dos
o más personas a ejercer funciones en una misma tarea, creando
rivalidades que resultaban en una moral pobre entre sus colaboradores,
quienes nunca sabían cuál sería su decisión sobre el tema; alguno
lo llamó el ‘‘uso creativo de la indirección’’. Otro colaborador
lo catalogó como ‘‘un intelecto de segunda con un temperamento
de primera’’. Sin embargo, sus primeros 100 días fueron un éxito
sin precedentes, porque proyectó visión e inspiración al pueblo
en un momento de profunda crisis.
- Truman: primer presidente sin título universitario.
Un hombre sin visión, con un liderazgo reactivo. Truman no era
un líder pero sí un hombre de coraje, de decisiones definitivas,
que hablaba claro.
- Eisenhower: héroe militar antes de ser presidente;
decía que el optimismo y pesimismo son infecciones e irrigan
más rápidamente de la cabeza hacia abajo, que viceversa. Así
su objetivo primario era preservar el optimismo en el país y
en su mando, más que procurar la pedagogía desde el púlpito
presidencial. En organización institucional era un líder experimentado.
Creó en la Casa Blanca la oficina del Chief of Staff y el Consejo
Nacional de Seguridad. Los procesos de deliberación eran rigurosos
y era creador de equipos de trabajo. Instituyó reuniones semanales
del Gabinete, siendo precedidas por ‘‘documentos de discusión’’
preparados por una oficina que manejaba la agenda, llamada ‘‘Secretaría
del Gabinete’’. Su visión se basaba en la claridad de sus objetivos.
- Kennedy: previo a su asesinato, su popularidad había
decaído 19 puntos. La organización en la Casa Blanca era informal.
No había reuniones regulares. Su tesis era de menos formalidad
para evitar el aislamiento, resultando en una Casa Blanca desordenada
pero con asesores de intelecto privilegiado. Sus discursos –producidos
por Theodore Sorenson– eran siempre transformadores. El espíritu
de cuerpo de su equipo siempre será un modelo a imitar, aun
cuando personalmente lo dirigía todo, siendo poco efectivo.
El desastre de Bahía de Cochinos fue la comprobación del desorden
en la Casa Blanca.
- Johnson: gran político, respondía a los eventos escuchando
a sus asesores, decidiendo ‘‘ni pa’ ti, ni pa’ él; cortemos
por la mitad’’. Su ‘‘guerra contra la pobreza’’ nunca encontró
la fórmula para romper el ciclo de la misma. Sus problemas emocionales
y su reacción a la deslealtad que lo rodeó impidieron una presidencia
eficaz.
- Nixon: introvertido y socialmente inepto, pero inteligente
y con un conocimiento enciclopédico sobre la política, se dedicó
a movidas inesperadas en el campo internacional (la apertura
a China). Fue ‘‘tumbado’’ de la Presidencia por su falta de
integridad.
- Ford: su poca contribución a la Presidencia fue la
creación de un Consejo de Política Económica, que convirtió
sus acciones en predecibles para propios y extraños. Demostró
también que el veto presidencial es arma poderosa frente a un
Organo Legislativo dominado por la oposición.
- Carter: quizás el presidente más inteligente y menos
eficaz de EU. Tenía posiciones completísimas sobre todos los
temas individuales, pero no tenía una visión sobre cómo se interrelacionaban.
Pasó a ser el mejor ex presidente de EU.
- Reagan: superficial, pero gran comunicador. De temperamento
optimista y de gran autoconfianza. Dejó que los de su equipo
aprovecharan sus fuerzas y lo protegieran de sus debilidades.
Impuso así su visión sobre el país y el mundo.
- Bush: experimentado político, poco visionario. Una
presidencia más bien táctica, sin calamidades emocionales. Su
emoción sólo se agitaba cuando se dudaba de su patriotismo,
como lo comprobaron Hussein y Noriega.
- Clinton: Clinton inició su presidencia en forma desordenada
y desastrosa. Perdió la agenda pública a ‘‘Gays in the Military’’
y al barbero de Hollywood quien –mientras lo pelaba en el avión
presidencial– paralizó el aeropuerto de Los Angeles, etc. Su
popularidad cayó 20 puntos en el primer año, pero demostró capacidad
de autocorrección y permitió que expertos le organizaran la
Casa Blanca.
Aparte de los problemas por sus relaciones extra maritales, afrontó
con éxito un Congreso no solo contrario sino hostil, con un Gingrich
procurando crear un gobierno desde el Congreso. Clinton ganó y
Gingrich desapareció. La economía floreció y la presidencia de
Clinton, de ocho años, terminará siendo buena gracias a una buena
organización de la Casa Blanca (Panetta y Erskine Bowles) y a
un gran talento comunicador.
En conclusión, en el mundo real las imperfecciones humanas son
inevitables en los/las presidentes (as). Pocos son oradores excepcionales.
Mireya Moscoso no lo es –como tampoco lo fue Arnulfo Arias–, pero
sus discursos son cada día mejores en sustancia y en entrega.
Se comunica bien con su pueblo y dio el ansiado cambio: de una
Presidencia imperial a una accesible dedicada a lo social. Pocos
presidentes han sido competentes organizacionalmente. He aquí
donde considero que Mireya Moscoso tiene mucho camino que andar,
pero tiene en su entorno gente que la podría ayudar a recortar
el camino. En habilidad política – una condición vital para la
Presidencia– Mireya Moscoso se destaca en forma extraordinaria.
Su capacidad para inventar un nuevo método de gobierno logrando
consensos nacionales no solo puede ser lo que haga de su Presidencia
un éxito, sino que puede tener vigencia histórica. En visión,
virtud rarísima en la Presidencia, Mireya Moscoso todavía no demuestra
sus quilates; pero tiene la oportunidad de demostrarlos, ya que
la visión de un país con proyectos de nación que tengan el apoyo
de todos los sectores de la sociedad, nos puede inyectar a los
panameños la energía necesaria para saltar con la consensuada
Visión 2020 al ‘‘primer mundo’’; el tiempo dirá.
Con relación a la inteligencia emocional, Mireya Moscoso es superior
a la media. Produce simpatías naturales en todos los que la conocen.
La integridad –tema vital que llevó a EU a tumbar institucionalmente
por primera vez a un presidente (Nixon) y que en América Latina
ha acabado con presidencias en Brasil, Venezuela, Ecuador y otros–
es el más grande peligro para una presidencia moderna. Ya no son
los yerros militares los que tumban presidentes, sino la corrupción.
La maleantería tiene como objetivo siempre buscar la manera de
penetrar en todos los gobiernos y siempre son los mismos...ó amigos
y parientes de los mismos. En países pequeños, las relaciones
interpersonales complican aún más la situación. La presidenta,
quien como extraordinaria política sabe bien quién es quién, debe
formular ya su política de transparencia pública para proteger
su gobierno de lo que podría constituir el mayor de los peligros
a su gestión histórica como primera mujer mandataria de nuestra
nación.
El autor es presidente de la Fundación Libertad Ciudadana
El
idioma de Dios
Las
bases químicas del idioma de Dios son la adenina, la timina, la
citosina y la guanina
Juan
Carlos Ansin
Cada
día tiene su misterio y en ese no saber qué nos deparará el futuro
inmediato, posiblemente radique todo el secreto que hace que la
vida merezca ser vivida como una aventura cotidiana, con sus sorpresas,
alegrías, intrigas, amarguras y sus temores.
El 26 de junio fue uno de esos días. En la pantalla de televisión
se vio al presidente Clinton; lo acompañaban dos hombres. Con
voz acorde a la circunstancia, el mandatario americano anunciaba
al mundo y a la posteridad que estos dos hombres habían logrado
descifrar el genoma humano. Lo dijo con una frase inmejorable,
que resume a la vez esas esperanzas y temores de la humanidad.
El hombre había hallado al fin la forma de descifrar el idioma
de Dios, el código secreto para crear a otro.
El hecho de que ese código esté contenido en cuatro letras –las
iniciales de cuatro sustancias– que son como las palabras por
las cuales los cabalistas han pasado siglos y milenios en desvelo,
no parece un hecho fortuito. El realismo mágico de la literatura
suele ser, más de una vez, el alimento de la ciencia, aun de las
ciencias puras como las matemáticas y la física. No hay incompatibilidades
en ello; la ciencia avanza entre sueños por las fantasías, la
nimiedades, los fracasos y los errores que acomete la mente cada
día con su noche. Me cuesta creer que las ciencias exactas continúan
siendo descubiertas de la ignorancia por el mero gusto hacia una
abstracción. Yo quiero creer –Vattimo dixit– que fue por
el sueño de libertad que invariablemente persigue la humana ambición
de conocer.
Las bases químicas del idioma de Dios son la adenina, la timina,
la citosina y la guanina. El código está formado por las miles
de millones de posibilidades de combinación de estas cuatro letras
simples: A–T– C–G y por la forma de agruparse entre ellas.
Algo que nos transporta al borde de la literatura fantástica,
esa especie de buhardilla donde se guarda lo que no parece inútil,
pero que por alguna atávica razón no se quiere tirar. Allí, en
ese rincón, continúa viviendo Julio Verne.
Recuerdo que en el Golem de Meyrink, el rabino de Praga
había escrito en la frente del homúnculo que había creado, la
palabra secreta que las leyes de la cabalística habían descifrado
de las sagradas escrituras: EMET –que quiere decir vive– y con
ellas le infundió vida a su Golem. También fueron cuatro letras
y aunque ni ellas ni la secuencia coincidan, anduvo muy cerca
de cumplir su cometido. Quizá por ese error humano el Golem resultó
ser un pequeño monstruo. El rabino lo tuvo que matar borrándole
la primera letra de su frente y así quedó la palabra MET, que
quiere decir muerto. Un peligro similar del que no estamos exentos
en la realidad actual.
Es cierto que todo gran descubrimiento que conmociona los cimientos
de nuestra civilización produce inquietud y zozobra. Ha sucedido
con la producción del fuego, con la pólvora, con el descubrimiento
de los microbios, con la astronomía, la luz y el átomo. Elementos
tan útiles como imprescindibles para la supervivencia de la especie,
pero lo suficientemente peligrosos como para eliminarla. El miedo
es producto de la desconfianza del hombre hacia el hombre, raramente
hacia Dios. Aunque la historia no es una ciencia determinista,
ella nos sirve de guía para señalar dónde y cuán lejos nos hallamos
del abismo. Cuando mil 500 años después, se pudo por fin observar
y se logró manipular el átomo, hasta entonces visto sólo por el
intuitivo cerebro de Demócrito de Abdera en un rincón de la Grecia
antigua, el hombre utilizó esa casi infinita producción de energía
como lo hizo aquel aborigen de la Polinesia golpeando el pedernal,
no para hacer una hoguera y cocer en ella sus alimentos, ni proveerse
de calor, sino para exterminar a sus enemigos, ya fueran fieras
o un puñado de aborígenes iguales a él, que pensaban distinto
o que pretendían lo mismo. Vista y comprobada esta imperfección
del hombre, Borges se preguntaba: ¿cuál habrá sido el error de
Dios al escribirnos?
Hoy la humanidad ha crecido en número y en conocimiento, pero
las 10 leyes morales en que se funda la civilización occidental
no han cambiado. La moral y la ética siguen allí haciéndonos cosquillas
en el alma, o en la psique o como quiera se llame el lugar donde
vive la conciencia del hombre. Esa misma conciencia que no ha
titubeado en Hiroshima y Nagasaki, pero que al cotejar los resultados
de tales hecatombes le ha puesto coto a tal locura. Cada año,
en un lugar ignoto, se reúnen científicos de todas partes del
mundo para trazar la línea que nos separa de ese abismo que la
historia nos sigue señalando. Hasta ahora han prevalecido el buen
juicio y su tino. Esperamos que en esta nueva era genética continúen
por el mismo sendero. Pues es dentro del mismo hombre donde reposa
su destino y aunque él dependa de solo cuatro letras, ¿quién sabe
lo que Dios pudiera hacer con el abecedario? Porque como bien
lo manifiesta el prestigioso psiquiatra inglés Ronald Laing: ‘‘El
lenguaje es un engaño fraguado por una mimesis de supervivencia
entre el cazador y su presa’’.
El autor es médico
|