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El
legado del mal
Las
batallas son incesantes y la plétora de enemigos es lo suficientemente
variada
Errol
E. Caballero
ecaballero@prensa.com
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En
Diablo II el infierno se desata literalmente sobre la tierra.
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Para
algunos los juegos de rol siempre han resultado demasiado intrincados
y letárgicos. Sin embargo, estos calificativos difícilmente se
le podrían aplicar a Diablo, uno de los títulos de rol
más populares de los últimos años.
Efectivamente, aunque Diablo reúne todas las características
de este género, está más orientado hacia la acción que muchos
de sus congéneres. Diablo II mantiene viva esta tradición,
ya que las batallas son incesantes y la plétora de enemigos es
lo suficientemente variada como para mantener el interés de los
jugadores más exigentes.
¿Una
trinidad maldita?
Los
que no hayan olvidado el clímax de Diablo recordarán que
al final del juego el héroe de turno solo pudo vencer a Diablo
atrapándolo dentro de su ser con la ayuda de un piedra mágica.
Desde entonces el desgraciado combatiente ha intentado desesperadamente
apaciguar a la legión demoníaca que sin tregua atormenta su alma.
Como se puede apreciar en la secuencia introductoria de Diablo
II, al final esta carga ha resultado ser excesiva para el
infeliz guerrero. Durante esta extraordinaria introducción (representada
a través de numerosos ángulos de cámara), el infierno que literalmente
lleva este personaje por dentro se desata finalmente en un taberna
localizada en una apartada cordillera.
Imagínese cuál sería la sorpresa de los parroquianos cuando flamas
y hordas de demonios empezaron a invadir el, hasta hace unos pocos
minutos, taciturno local. Al final del flamígero despliegue, un
hombre comienza a seguir a Diablo liberado. El mismo se convertirá
en su nuevo discípulo, quien lo acompañará en una cruzada a través
de remotos y yermos territorios.
¿Y
cuál es el propósito de esta cruzada? Nada menos que liberar a
Baal, quien junto a Diablo y Mefistófeles conforman una especie
de trinidad maldita.
El jugador deberá encarnar a un nuevo héroe que detenga a Diablo
antes que libere a su nefando hermano. Puede escoger entre cinco
personajes a su disposición, cada uno con habilidades y flaquezas
únicas: el bárbaro, la amazona, el paladín, el mago y el nigromante.
En cuanto al bárbaro no hay mucho que decir, ya que su nombre
lo define bastante bien. La amazona es especialista en el arco
y la flecha y en todo tipo de ataque a larga distancia. El paladín
es un guerrero efectivo, que cuenta con un par de trucos mágicos
bajo la manga. Lo que diferencia al mago y al nigromante es que
este último puede conjurar esqueletos guerreros y gólems (según
el misticismo judío, un tipo de monstruo que podía ser creado
mediante conjuros) para que acudan en su auxilio.
Esta tropa de monstruos puede ser de gran utilidad, en especial
el gólem, quien es un recio guerrero, aunque su inteligencia deja
mucho que desear. Estos entes pueden ser conjurados a partir de
restos de enemigos derrotados, por lo que mientras haya cadáveres
disponibles, el nigromante nunca combatirá solo, a menos, claro,
de que se agote su provisión de ‘‘mana’’ o de energía mágica.
Como en todo típico título de rol, el jugador deberá combatir
contra interminables ejércitos de monstruos en el trayecto que
separa a una aldea de otra y también en el interior de los ya
consabidos laberintos. Aunque las dimensiones de algunos de estos
esperpentos superan considerablemente a las de los personajes,
esta es la única forma de ganar puntos de experiencia, los cuales,
al acumularse, permiten que un jugador pase de un nivel a otro.
Con cada nivel que avanza, el jugador ve incrementada su fuerza
y habilidades, y se hacen disponibles nuevos tipos de armas, así
como conjuros más poderosos.
Diablo
II está dividido en cuatro actos, cada uno con mejores gráficas
que el anterior. Para completar exitosamente cada nivel se debe
llevar a cabo una serie de tareas o misiones que están ligeramente
relacionadas con la trama principal. Al final de cada capítulo,
el jugador disfrutará de una impresionante secuencia cinematográfica
como recompensa.
Esta secuela no sólo es tan emocionante como el juego original,
sino que gana en complejidad. Sin duda alguna, Diablo II es
uno de los más adictivos juegos de rol en salir al mercado en
los últimos meses. Para disfrutarlo plenamente será menester disponer,
como mínimo, de una Penthium II de 233 MHZ, 32 MB de RAM, 650
MB de espacio libre en el disco y el software DirectX v7.0a.
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