Ciudad de Panamá, 17 de julio de 2000
Información turística Vea el listado de empresas panameñas Agenda, gastronomía, cines y de noche Dénos su opinón en línea Pronto!
Noticias del dia actualizadas
     
 

El legado del mal

Las batallas son incesantes y la plétora de enemigos es lo suficientemente variada

Errol E. Caballero
ecaballero@prensa.com

En Diablo II el infierno se desata literalmente sobre la tierra.

Para algunos los juegos de rol siempre han resultado demasiado intrincados y letárgicos. Sin embargo, estos calificativos difícilmente se le podrían aplicar a Diablo, uno de los títulos de rol más populares de los últimos años.

Efectivamente, aunque Diablo reúne todas las características de este género, está más orientado hacia la acción que muchos de sus congéneres. Diablo II mantiene viva esta tradición, ya que las batallas son incesantes y la plétora de enemigos es lo suficientemente variada como para mantener el interés de los jugadores más exigentes.

¿Una trinidad maldita?

Los que no hayan olvidado el clímax de Diablo recordarán que al final del juego el héroe de turno solo pudo vencer a Diablo atrapándolo dentro de su ser con la ayuda de un piedra mágica. Desde entonces el desgraciado combatiente ha intentado desesperadamente apaciguar a la legión demoníaca que sin tregua atormenta su alma.

Como se puede apreciar en la secuencia introductoria de Diablo II, al final esta carga ha resultado ser excesiva para el infeliz guerrero. Durante esta extraordinaria introducción (representada a través de numerosos ángulos de cámara), el infierno que literalmente lleva este personaje por dentro se desata finalmente en un taberna localizada en una apartada cordillera.

Imagínese cuál sería la sorpresa de los parroquianos cuando flamas y hordas de demonios empezaron a invadir el, hasta hace unos pocos minutos, taciturno local. Al final del flamígero despliegue, un hombre comienza a seguir a Diablo liberado. El mismo se convertirá en su nuevo discípulo, quien lo acompañará en una cruzada a través de remotos y yermos territorios.

¿Y cuál es el propósito de esta cruzada? Nada menos que liberar a Baal, quien junto a Diablo y Mefistófeles conforman una especie de trinidad maldita.

El jugador deberá encarnar a un nuevo héroe que detenga a Diablo antes que libere a su nefando hermano. Puede escoger entre cinco personajes a su disposición, cada uno con habilidades y flaquezas únicas: el bárbaro, la amazona, el paladín, el mago y el nigromante.

En cuanto al bárbaro no hay mucho que decir, ya que su nombre lo define bastante bien. La amazona es especialista en el arco y la flecha y en todo tipo de ataque a larga distancia. El paladín es un guerrero efectivo, que cuenta con un par de trucos mágicos bajo la manga. Lo que diferencia al mago y al nigromante es que este último puede conjurar esqueletos guerreros y gólems (según el misticismo judío, un tipo de monstruo que podía ser creado mediante conjuros) para que acudan en su auxilio.

Esta tropa de monstruos puede ser de gran utilidad, en especial el gólem, quien es un recio guerrero, aunque su inteligencia deja mucho que desear. Estos entes pueden ser conjurados a partir de restos de enemigos derrotados, por lo que mientras haya cadáveres disponibles, el nigromante nunca combatirá solo, a menos, claro, de que se agote su provisión de ‘‘mana’’ o de energía mágica.

Como en todo típico título de rol, el jugador deberá combatir contra interminables ejércitos de monstruos en el trayecto que separa a una aldea de otra y también en el interior de los ya consabidos laberintos. Aunque las dimensiones de algunos de estos esperpentos superan considerablemente a las de los personajes, esta es la única forma de ganar puntos de experiencia, los cuales, al acumularse, permiten que un jugador pase de un nivel a otro.

Con cada nivel que avanza, el jugador ve incrementada su fuerza y habilidades, y se hacen disponibles nuevos tipos de armas, así como conjuros más poderosos.

Diablo II está dividido en cuatro actos, cada uno con mejores gráficas que el anterior. Para completar exitosamente cada nivel se debe llevar a cabo una serie de tareas o misiones que están ligeramente relacionadas con la trama principal. Al final de cada capítulo, el jugador disfrutará de una impresionante secuencia cinematográfica como recompensa.

Esta secuela no sólo es tan emocionante como el juego original, sino que gana en complejidad. Sin duda alguna, Diablo II es uno de los más adictivos juegos de rol en salir al mercado en los últimos meses. Para disfrutarlo plenamente será menester disponer, como mínimo, de una Penthium II de 233 MHZ, 32 MB de RAM, 650 MB de espacio libre en el disco y el software DirectX v7.0a.

 [Para regresar a Revista, haga clic aquí]

 
     

[ volver a la página principal ]

Si desea comunicarse con nosotros, contáctenos a

internet@prensa.com