Ciudad de Panamá, 17 de julio de 2000
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El Cholo y el mar
 

En escenario que fuera caro a Hemingway, cerca a Cayo Hueso, en Florida, Alejandro Toledo contempla su destino sorprendente, desde los durísimos desafíos que encaró a partir de la infancia, hasta la trascendental contienda electoral que se aproxima, cuando enfrentará a Alberto Fujimori en una elección decisiva para el Perú y de gran importancia para el futuro de la democracia en América Latina.

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t26_11a1.jpg (17018 bytes) Alejandro Toledo se define a sí mismo como "un error estadístico". Es que este provinciano de las serranías de Ancash parecía condenado desde el nacimiento al ciclo de pobreza brutal, supervivencia precaria y menosprecio racista que han padecido y padecen millones de peruanos en similar circunstancia. Pero algo de suerte y mucho de inteligencia y tenacidad llevaron al "cholo" Toledo de las simas de la pobreza a un doctorado en Economía en Stanford. De ahí, luego de renunciar a la comodidad tecnocrática, Toledo retornó al Perú, puso sus miras en la política y, después de una primera experiencia fallida en 1995, asombró al Perú y al mundo al emerger en pocas semanas desde la grisura estadística a la fuerza aluvional con que enfrentó al gobernante peruano Alberto Fujimori. En las elecciones celebradas este mes, Toledo quedó en un sólido segundo puesto, forzando una segunda vuelta electoral, en uno de los procesos electorales más cuestionados, por las denuncias de fraude, en la historia reciente de América Latina. En la siguiente entrevista, Toledo rememora un pasado que explica en gran medida su presente y quizá su futuro.
 

"Pero esas grandes diferencias en una pareja, entre una judía francesa, belga, israelí, y un cholo de Pallasca, Cabana, han sido niveladas a través de un tema en el que yo soy fanático. El tema de la educación. Por eso he dicho que quiero ser el presidente de la educación en el Perú"

Toledo: " Hemos descubierto una química a flor de piel con la gente. Es extraordinaria. Yo estoy entrenado como analista, pero no la he podido decodificar".

 Toledo con su hija Chantal, la estudiante universitaria que a los 17 años cuenta ya con un arresto por haber participado en las protestas estudiantiles contra la destitución de los magistrados del Tribunal Constitucional del Perú que no convalidaron la reelección de Fujimori.

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Usted ha recorrido un larguísimo trecho desde los campos de Ancash y las calles de Chimbote hasta la actualidad. ¿Cómo imaginaba su futuro cuando era niño y muy pobre?

Me toca una fibra íntima y sensitiva, por cierto. Fui uno de 16 hermanos sumergido en todas las características de la pobreza extrema, extrema….Una de esas características era la alta tasa de mortalidad infantil. Eramos 16 y murieron siete…Vivíamos en un solo cuarto lleno de humo el techo porque cocinábamos ahí, con leña. Yo vivía en Ferrer, en la provincia de Pallasca en Ancash y una tarde, cuando tenía 7 años, en medio de la falda de un cerro, mientras pastoreaba las ovejas, me di cuenta de que quería salir de la situación en que se encontraba mi familia. Y tuve claro que quería hacer algo. Qué, no sabía. Pero se me clavó claro una rebeldía de que quería salir de esa circunstancia de extrema pobreza. Estoy ahora verbalizando con relativa coherencia. Entonces no supe cómo iba a ser.

Esa fue su etapa de pobreza rural. ¿Cómo llegó a la pobreza urbana?

Mis padres migraron a Chimbote. Vivimos tres semanas en la estación del tren, en medio de los sacos de maíz y papas. Mi padre fue un invasor de terrenos para tener un rancho, como hizo la mayor parte de peruanos. Y ahí entré a trabajar, desde jalar una carretilla, con los bultos en la estación del tren de Chimbote a Huallanca, para ganarse una propina… hasta entrar a lustrar zapatos, vender periódicos, lotería, vender tamales, vender raspadilla.

¿Cómo pudo empezar a salir de lo que parecía un destino trazado de carencia, de arañar la supervivencia?

Creo que soy un error estadístico. Me descubrió un profesor en primaria, al que le gustaba la literatura. Yo tenía ocho o nueve años. Escribía poesía que mi madre guardaba. El profesor Iván Vásquez Salazar estaba muy entusiasmado con esa potencialidad para él literaria. Cuando terminé la primaria él fue a mi casa y le dijo a don Anatolio, mi padre , que Alejo tiene que continuar estudiando. Mi padre con mucha sabiduría le dice, le agradezco enormemente profesor, pero sabe qué, tengo una responsabilidad. Hemos tomado en la familia la decisión que por lo menos todos deben terminar primaria. Y él ya la tuvo y todavía tengo atrás otros hijos que tienen que estudiar. Fue una filosofía de equidad.

Y le dije a mi padre que yo he venido trabajando para sostener mis estudios, y te prometo que voy a trabajar más aún en el verano. Pero mi padre me dijo que no bastaba con cubrir mis costos, sino que tenía que contribuir al ingreso familiar.

Entonces yo me comprometí a eso y tuve que hacer creatividad empresarial, en el buen sentido de creatividad empresarial.

A los 14 años, entré con insensatez a a cargar sacos de harina de pescado, con un cuerpo que no era lo más propicio. Pero tuve que buscar otras maneras de buscar ingresos, de tal manera que pude cubrir los costos de mi educación secundaria, de poder ayudar a mi padre.

Hasta ahora no describe un error estadístico sino la historia de miles de peruanos. ¿Cuándo empieza a tener usted futuro?

Fue el segundo o tercer año de secundaria cuando se produce un concurso interescolar de composición en Chimbote. Primero gané en mi colegio y después fui a representarlo. Lo gano y me convierto en corresponsal político de La Prensa [de Lima] en Chimbote. Ese era el premio. A los 13 años. Nadie me creía que yo escribía. Mi primer artículo, yo estaba que no cabía en mí mismo de verlo. Yo iba a lustrarle zapatos a los gringos en el hotel Chimú, porque nos daban además una propina. Pero nos sacaban los mozos. Sale un turista fuera de la puerta, le lustro y le muestro el artículo, le digo que es mío, oiga yo lo he escrito. No me creyó. No pude convencerlo.

Creo que eso es sintomático de lo que ha sucedido en mi vida. La continua sucesión de retos vencidos y de oportunidades inmerecidas.

Veo que le debe más a la literatura que a la economía.

Así es.

¿Cómo llegó a viajar a Estados Unidos?

Terminé el colegio. Obtuve una beca por un año, para estudiar en San Francisco [California], en una universidad jesuita.

Fue un concurso, que gané. Pero era solo por un año. Y los estudios [para la licenciatura] duraban cuatro años. Y además no incluía pasajes. El Rotary tuvo que hacer actividades para poder pagarme el pasaje.

¿Y qué hizo después que pasó el año?

Conseguí una beca de fútbol, no porque yo fuera muy bueno sino porque los gringos eran muy malos. Además vendía gasolina desde las once de la noche hasta las seis de la mañana.

Termino el bachillerato [la licenciatura]. Postulo a seis universidades, me aceptan cinco, pero para mí el tema era cuál de ellas te daba más dinero. Resultó ser Stanford, donde hice mi maestría y mi doctorado. s

¿Cuándo piensa por primera vez en ser presidente del Perú, cuándo se convierte la idea en proyecto?

Si bien es cierto que tuve el clic a los siete años, en las faldas del cerro donde pastoreaba, mi decisión de ser presidente y tratar de cambiar el país la tomé hace 25 años., cuando hacía mi tesis doctoral. Quise ser un protagonista activo, para realizar, de repente con egoísmo, mi propio sueño. Que va más allá de la política, del reto de ser presidente. Y es que yo salí de esa pobreza extrema a través de una oportunidad muy aleatoria. Y existen hoy día en el Perú 13 millones de peruanos que están sentenciados a vivir por debajo de la línea de la pobreza. Yo quiero que esos 13 millones de peruanos tengan la misma oportunidad.

[Después de doctorarse, Toledo trabajó para las Naciones Unidas en Buenos Aires y luego se convirtió en un funcionario del Banco Mundial. Renunció, según refiere, el día que le dieron un ascenso, para volver al Perú y ] "hacer algo más congruente con lo que yo quería, prepararme para gobernar. Toda decisión ha sido en función de ese objetivo… yo aprendí en mi vida a no aceptar nunca un no como respuesta".

Luego de regresar al Perú, ¿cuándo tuvo la primera conciencia de diferencia y discriminación racial? ¿Cómo le afectó?

Nosotros regresamos al Perú en 1981. Ahí un amigo nos sugirió ser miembros del Country Club de Villa, la rancia pituquería [rabiblancada] en decadencia y los nuevos ricos, no muy sacrosantos. [La solicitud] pasó después de muchos baches…

Cuando llego a la tranquera de Villa, el huachimán [guardián] le dice a Eliane. Yo sé que usted es nueva en el club, pero sabe qué, los choferes no pueden ingresar en el club…

Otro incidente. Yo pretendía jugar tenis. Estaba esperando a ver quién podía jugar conmigo. Venían unos pitucos y me preguntaban si estaba libre, yo pensaba que era para jugar ¡pero era para recoger pelotas, carajo!…

Otra, yo caminaba con ella en la piscina, y de repente descubrí después que el comentario de los directivos era, ¡a qué ha llegado este club! Incluso hubo una carta de un miembro de la junta directiva, diciendo que renunciaba porque el club ya no era lo que era.

Pero mira la hipocresía. Yo hasta los respetaría si fueran congruentes. Porque cuando descubren [de donde venía, lo que hacía] empieza la sobonería.

Creo que se enfrenta una sociedad racista, solapada, hipócrita. Porque hoy mi cara no les asusta abiertamente. Pero no hay duda que hay un miedo.

¿Cómo conoció a Eliane Karp? ¿Cuán difícil fue concretar el romance en matrimonio?

Yo la vi montar en una bicicleta [en Stanford]. Luego la vi en el Committee on Latin American Studies. Creo que hubo una conferencia de [el actual presidente de Brasil Fernando Henrique] Cardoso. Creo que ella me había puesto la puntería,

Luego nos encontramos en una noche de latinos. Luego conversamos. Ella agarró mi atención, al hablarme sobre Arguedas y Vargas Llosa. [Toledo y Karp se casaron en 1979].

¿Cuán difícil fue mantener el matrimonio a través de los años, especialmente en el Perú?

Hemos tenido dificultades. Hemos estado separados por algunos años, desde 1990 hasta 1996. Pero siempre unidos por la niña. Nunca muy lejos.

Pero esas grandes diferencias en una pareja, entre una judía francesa, belga, israelí, y un cholo de Pallasca, Cabana, han sido niveladas a través de un tema en el que yo soy fanático. El tema de la educación. Por eso he dicho que quiero ser el presidente de la educación en el Perú.

¿Cuándo se le ocurre que puede ser presidente, en lugar de la previsible carrera de tecnócrata? ¿Quién lo anima?

La diferencia es mi procedencia. Si hubiera venido de la clase alta me hubiera contentado con ser un tecnócrata exitoso. Yo llegué a un momento, [después de escribir varios libros, que me dije] no quiero escribir solo para las bibliotecas. … La ruptura no fue nada dramático, nada heroico. Para mi fue natural.

La campaña de 1995 fue interesante y a la vez decepcionante en la cantidad de votos logrados. ¿Qué enseñanzas le dejó? La exigua cantidad de votos, tuvo facetas interesantes. Al final, se produjo un fenómeno. En 40 días crecimos casi de la nada de 0 a 15,5% .…Recuerde que quedamos en tercer lugar por encima del Apra, Acción Popular, el PPC, la izquierda.

¿Por qué decidió volver a postular, teniendo en cuenta los relativamente pobres resultados anteriores?

La filosofía en esta ocasión fue dosificar nuestro crecimiento….Hemos llegado a diciembre y yo tenía 9% Se concentraron en demoler a [los otros candidatos de la oposición] Andrade y Castañeda y no me tocaban… En enero empiezo a avanzar. Al 16% Y ahí pego el segundo salto, a 25% y ya es febrero. Para ese entonces los peruanos ya habían descubierto los trucos del gobierno, que utilizaron para minar dos candidaturas muy respetables. … Luego, hemos descubierto una química a flor de piel con la gente. Es extraordinaria. Yo estoy entrenado como analista, pero no la he podido decodificar.

Tampoco contaban con el factor Eliane.

…Además, hemos despertado el segmento de los jóvenes. El hecho es que el Perú perdió el miedo aunque quieren vender el miedo. Que por qué me puse la vincha y llevé a las 120 mil personas que estaban frente al Sheraton a la Plaza Mayor a protestar por el fraude… Si no hubiera hecho eso, carajo, ahora tendríamos un hecho consumado de fraude y Fujimori se hubiera hecho ganar en la primera vuelta.

Inicialmente usted es percibido como un candidato de oposición lite o ni siquiera de oposición.

Lo voy a decir públicamente por primera vez. Yo tenía claro lo que quería hacer desde el primer momento. Pero había consideraciones de estrategia. Por eso, inicialmente mi contendor no era Fujimori. Yo quería entrar a la segunda vuelta. Por eso dijimos que no somos oposición sino alternativa de gobierno. Eso supuso una diferencia y permitió, a Dios gracias, lograr el objetivo. Fuimos más allá del objetivo: hemos ganado las elecciones en la primera vuelta, pero nos las han robado.

Pero el objetivo era entrar. Y ahora sí lo tenemos frente a frente. Ahora somos dos.

O sea que, de acuerdo con lo que dice, usted le debe la victoria parcial al sacrificio de Andrade y Castañeda, al hecho de que ellos hayan concentrado sobre sí el fuego del régimen…

Absolutamente. Porque se enfrentaba a un gobierno que tumba a cualquiera que se ponga adelante. La estrategia fue que yo no me enfrento al chino [Fujimori], déjalo que se desgaste. Cosa que le sucedió cuando se tumbó dos candidaturas respetables.

En la primera parte de su vida, su aspecto somático fue una gran desventaja. Ahora es una gran ventaja comparativa. ¿No ve en ello una suerte de justicia poética?

Y real, no solo poética. … que después de 500 años en que el 5% de la población ha decidido por el 95%, es justo que ese 95% tenga derecho a participar en el liderazgo del destino de su país.

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