Usted ha recorrido un larguísimo trecho desde los campos de Ancash
y las calles de Chimbote hasta la actualidad. ¿Cómo imaginaba
su futuro cuando era niño y muy pobre?
Me toca una fibra íntima y sensitiva, por cierto. Fui uno de
16 hermanos sumergido en todas las características de la pobreza
extrema, extrema
.Una de esas características era la alta
tasa de mortalidad infantil. Eramos 16 y murieron siete
Vivíamos
en un solo cuarto lleno de humo el techo porque cocinábamos ahí,
con leña. Yo vivía en Ferrer, en la provincia de Pallasca en Ancash
y una tarde, cuando tenía 7 años, en medio de la falda de un cerro,
mientras pastoreaba las ovejas, me di cuenta de que quería salir
de la situación en que se encontraba mi familia. Y tuve claro
que quería hacer algo. Qué, no sabía. Pero se me clavó claro una
rebeldía de que quería salir de esa circunstancia de extrema pobreza.
Estoy ahora verbalizando con relativa coherencia. Entonces no
supe cómo iba a ser.
Esa fue su etapa de pobreza rural. ¿Cómo llegó a la pobreza urbana?
Mis padres migraron a Chimbote. Vivimos tres semanas en la estación
del tren, en medio de los sacos de maíz y papas. Mi padre fue
un invasor de terrenos para tener un rancho, como hizo la mayor
parte de peruanos. Y ahí entré a trabajar, desde jalar una carretilla,
con los bultos en la estación del tren de Chimbote a Huallanca,
para ganarse una propina
hasta entrar a lustrar zapatos,
vender periódicos, lotería, vender tamales, vender raspadilla.
¿Cómo pudo empezar a salir de lo que parecía un destino trazado
de carencia, de arañar la supervivencia?
Creo que soy un error estadístico. Me descubrió un profesor en
primaria, al que le gustaba la literatura. Yo tenía ocho o nueve
años. Escribía poesía que mi madre guardaba. El profesor Iván
Vásquez Salazar estaba muy entusiasmado con esa potencialidad
para él literaria. Cuando terminé la primaria él fue a mi casa
y le dijo a don Anatolio, mi padre , que Alejo tiene que continuar
estudiando. Mi padre con mucha sabiduría le dice, le agradezco
enormemente profesor, pero sabe qué, tengo una responsabilidad.
Hemos tomado en la familia la decisión que por lo menos todos
deben terminar primaria. Y él ya la tuvo y todavía tengo atrás
otros hijos que tienen que estudiar. Fue una filosofía de equidad.
Y le dije a mi padre que yo he venido trabajando para sostener
mis estudios, y te prometo que voy a trabajar más aún en el verano.
Pero mi padre me dijo que no bastaba con cubrir mis costos, sino
que tenía que contribuir al ingreso familiar.
Entonces yo me comprometí a eso y tuve que hacer creatividad
empresarial, en el buen sentido de creatividad empresarial.
A los 14 años, entré con insensatez a a cargar sacos de harina
de pescado, con un cuerpo que no era lo más propicio. Pero tuve
que buscar otras maneras de buscar ingresos, de tal manera que
pude cubrir los costos de mi educación secundaria, de poder ayudar
a mi padre.
Hasta ahora no describe un error estadístico sino la historia
de miles de peruanos. ¿Cuándo empieza a tener usted futuro?
Fue el segundo o tercer año de secundaria cuando se produce un
concurso interescolar de composición en Chimbote. Primero gané
en mi colegio y después fui a representarlo. Lo gano y me convierto
en corresponsal político de La Prensa [de Lima] en Chimbote. Ese
era el premio. A los 13 años. Nadie me creía que yo escribía.
Mi primer artículo, yo estaba que no cabía en mí mismo de verlo.
Yo iba a lustrarle zapatos a los gringos en el hotel Chimú, porque
nos daban además una propina. Pero nos sacaban los mozos. Sale
un turista fuera de la puerta, le lustro y le muestro el artículo,
le digo que es mío, oiga yo lo he escrito. No me creyó. No pude
convencerlo.
Creo que eso es sintomático de lo que ha sucedido en mi vida.
La continua sucesión de retos vencidos y de oportunidades inmerecidas.
Veo que le debe más a la literatura que a la economía.
Así es.
¿Cómo llegó a viajar a Estados Unidos?
Terminé el colegio. Obtuve una beca por un año, para estudiar
en San Francisco [California], en una universidad jesuita.
Fue un concurso, que gané. Pero era solo por un año. Y los estudios
[para la licenciatura] duraban cuatro años. Y además no incluía
pasajes. El Rotary tuvo que hacer actividades para poder pagarme
el pasaje.
¿Y qué hizo después que pasó el año?
Conseguí una beca de fútbol, no porque yo fuera muy bueno sino
porque los gringos eran muy malos. Además vendía gasolina desde
las once de la noche hasta las seis de la mañana.
Termino el bachillerato [la licenciatura]. Postulo a seis universidades,
me aceptan cinco, pero para mí el tema era cuál de ellas te daba
más dinero. Resultó ser Stanford, donde hice mi maestría y mi
doctorado. s
¿Cuándo piensa por primera vez en ser presidente del Perú, cuándo
se convierte la idea en proyecto?
Si bien es cierto que tuve el clic a los siete años, en las faldas
del cerro donde pastoreaba, mi decisión de ser presidente y tratar
de cambiar el país la tomé hace 25 años., cuando hacía mi tesis
doctoral. Quise ser un protagonista activo, para realizar, de
repente con egoísmo, mi propio sueño. Que va más allá de la política,
del reto de ser presidente. Y es que yo salí de esa pobreza extrema
a través de una oportunidad muy aleatoria. Y existen hoy día en
el Perú 13 millones de peruanos que están sentenciados a vivir
por debajo de la línea de la pobreza. Yo quiero que esos 13 millones
de peruanos tengan la misma oportunidad.
[Después de doctorarse, Toledo trabajó para las Naciones Unidas
en Buenos Aires y luego se convirtió en un funcionario del Banco
Mundial. Renunció, según refiere, el día que le dieron un ascenso,
para volver al Perú y ] "hacer algo más congruente con
lo que yo quería, prepararme para gobernar. Toda decisión ha sido
en función de ese objetivo
yo aprendí en mi vida a no aceptar
nunca un no como respuesta".
Luego de regresar al Perú, ¿cuándo tuvo la primera conciencia
de diferencia y discriminación racial? ¿Cómo le afectó?
Nosotros regresamos al Perú en 1981. Ahí un amigo nos sugirió
ser miembros del Country Club de Villa, la rancia pituquería [rabiblancada]
en decadencia y los nuevos ricos, no muy sacrosantos. [La solicitud]
pasó después de muchos baches
Cuando llego a la tranquera de Villa, el huachimán [guardián]
le dice a Eliane. Yo sé que usted es nueva en el club, pero sabe
qué, los choferes no pueden ingresar en el club
Otro incidente. Yo pretendía jugar tenis. Estaba esperando a
ver quién podía jugar conmigo. Venían unos pitucos y me preguntaban
si estaba libre, yo pensaba que era para jugar ¡pero era para
recoger pelotas, carajo!
Otra, yo caminaba con ella en la piscina, y de repente descubrí
después que el comentario de los directivos era, ¡a qué ha llegado
este club! Incluso hubo una carta de un miembro de la junta directiva,
diciendo que renunciaba porque el club ya no era lo que era.
Pero mira la hipocresía. Yo hasta los respetaría si fueran congruentes.
Porque cuando descubren [de donde venía, lo que hacía] empieza
la sobonería.
Creo que se enfrenta una sociedad racista, solapada, hipócrita.
Porque hoy mi cara no les asusta abiertamente. Pero no hay duda
que hay un miedo.
¿Cómo conoció a Eliane Karp? ¿Cuán difícil fue concretar el romance
en matrimonio?
Yo la vi montar en una bicicleta [en Stanford]. Luego la vi en
el Committee on Latin American Studies. Creo que hubo una conferencia
de [el actual presidente de Brasil Fernando Henrique] Cardoso.
Creo que ella me había puesto la puntería,
Luego nos encontramos en una noche de latinos. Luego conversamos.
Ella agarró mi atención, al hablarme sobre Arguedas y Vargas Llosa.
[Toledo y Karp se casaron en 1979].
¿Cuán difícil fue mantener el matrimonio a través de los años,
especialmente en el Perú?
Hemos tenido dificultades. Hemos estado separados por algunos
años, desde 1990 hasta 1996. Pero siempre unidos por la niña.
Nunca muy lejos.
Pero esas grandes diferencias en una pareja, entre una judía
francesa, belga, israelí, y un cholo de Pallasca, Cabana, han
sido niveladas a través de un tema en el que yo soy fanático.
El tema de la educación. Por eso he dicho que quiero ser el presidente
de la educación en el Perú.
¿Cuándo se le ocurre que puede ser presidente, en lugar de la
previsible carrera de tecnócrata? ¿Quién lo anima?
La diferencia es mi procedencia. Si hubiera venido de la clase
alta me hubiera contentado con ser un tecnócrata exitoso. Yo llegué
a un momento, [después de escribir varios libros, que me dije]
no quiero escribir solo para las bibliotecas.
La ruptura
no fue nada dramático, nada heroico. Para mi fue natural.
La campaña de 1995 fue interesante y a la vez decepcionante en
la cantidad de votos logrados. ¿Qué enseñanzas le dejó? La exigua
cantidad de votos, tuvo facetas interesantes. Al final, se produjo
un fenómeno. En 40 días crecimos casi de la nada de 0 a 15,5%
.
Recuerde que quedamos en tercer lugar por encima del Apra,
Acción Popular, el PPC, la izquierda.
¿Por qué decidió volver a postular, teniendo en cuenta los relativamente
pobres resultados anteriores?
La filosofía en esta ocasión fue dosificar nuestro crecimiento
.Hemos
llegado a diciembre y yo tenía 9% Se concentraron en demoler a
[los otros candidatos de la oposición] Andrade y Castañeda y no
me tocaban
En enero empiezo a avanzar. Al 16% Y ahí pego
el segundo salto, a 25% y ya es febrero. Para ese entonces los
peruanos ya habían descubierto los trucos del gobierno, que utilizaron
para minar dos candidaturas muy respetables.
Luego, hemos
descubierto una química a flor de piel con la gente. Es extraordinaria.
Yo estoy entrenado como analista, pero no la he podido decodificar.
Tampoco contaban con el factor Eliane.
Además, hemos despertado el segmento de los jóvenes. El
hecho es que el Perú perdió el miedo aunque quieren vender el
miedo. Que por qué me puse la vincha y llevé a las 120 mil personas
que estaban frente al Sheraton a la Plaza Mayor a protestar por
el fraude
Si no hubiera hecho eso, carajo, ahora tendríamos
un hecho consumado de fraude y Fujimori se hubiera hecho ganar
en la primera vuelta.
Inicialmente usted es percibido como un candidato de oposición
lite o ni siquiera de oposición.
Lo voy a decir públicamente por primera vez. Yo tenía claro lo
que quería hacer desde el primer momento. Pero había consideraciones
de estrategia. Por eso, inicialmente mi contendor no era Fujimori.
Yo quería entrar a la segunda vuelta. Por eso dijimos que no somos
oposición sino alternativa de gobierno. Eso supuso una diferencia
y permitió, a Dios gracias, lograr el objetivo. Fuimos más allá
del objetivo: hemos ganado las elecciones en la primera vuelta,
pero nos las han robado.
Pero el objetivo era entrar. Y ahora sí lo tenemos frente a frente.
Ahora somos dos.
O sea que, de acuerdo con lo que dice, usted le debe la victoria
parcial al sacrificio de Andrade y Castañeda, al hecho de que
ellos hayan concentrado sobre sí el fuego del régimen
Absolutamente. Porque se enfrentaba a un gobierno que tumba a
cualquiera que se ponga adelante. La estrategia fue que yo no
me enfrento al chino [Fujimori], déjalo que se desgaste. Cosa
que le sucedió cuando se tumbó dos candidaturas respetables.
En la primera parte de su vida, su aspecto somático fue una gran
desventaja. Ahora es una gran ventaja comparativa. ¿No ve en ello
una suerte de justicia poética?
Y real, no solo poética.
que después de 500 años en que
el 5% de la población ha decidido por el 95%, es justo que ese
95% tenga derecho a participar en el liderazgo del destino de
su país.