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La
inteligencia emocional
El
poseer inteligencia emocional es clave para la obtención de la
felicidad personal
Wendy
Tribaldos
De La Prensa
revista@prensa.com
¿Por
qué algunas personas desarrollan más que otras la habilidad de
relacionarse excepcionalmente bien con otros? ¿Por qué unos son
más capaces que otros de enfrentar contratiempos y superar obstáculos?
¿Por qué personas intelectualmente brillantes trastabillan en
su vida amorosa y amistosa?
La inteligencia emocional es una destreza que nos permite conocer
y manejar nuestros propios sentimientos, interpretar y enfrentar
los sentimientos de los demás, sentirnos satisfechos y ser eficaces
en la vida. Además, nos permite crear hábitos mentales que favorezcan
nuestra propia productividad.
Las habilidades que caracterizan a esta inteligencia aparecen
a continuación:
1-
Introspección: Implica conocer las emociones propias, reconociendo
los sentimientos al sentirlos y discriminando entre ellos.
2-
Regulación del humor: Es manejar los sentimientos para que
sean relevantes a la situación que se vive en el momento, reaccionando
apropiadamente. Por ejemplo, funcionar sin estar paralizado por
el miedo, la depresión o la preocupación.
3-
Automotivación: Es dirigir los esfuerzos emotivos hacia la
obtención de metas, aun cuando el camino esté fraguado de dudas,
inercia e impulsividad.
4-
Mostrar empatía: Es reconocer sentimientos en los demás, interpretando
su lenguaje verbal y no verbal.
5-
El manejo apropiado de relaciones: Que incluye la interacción
entre personas, la resolución de conflictos y la habilidad para
negociar.
Poseer inteligencia emocional es clave para la obtención de la
felicidad personal. Aún más, es vital para nuestra efectividad
en el trabajo: no sirve de nada ser un genio si no se puede trabajar
en equipo y relacionarse con sus compañeros. En los niños, la
inteligencia emocional es clave para evitar la depresión, la violencia
y aprender efectivamente.
Daniel Goleman, creador de este concepto, identifica elementos
clave para la inteligencia emocional. Entre ellos están la confianza,
la curiosidad, el autocontrol, la autoestima, la capacidad de
comunicación y la habilidad para cooperar. Goleman nos explica
que el proceso de ‘‘alfabetización emocional’’ para adquirir estas
habilidades emotivas comienza desde muy temprano.
Los niños adquieren una amplia gama de habilidades sociales y
emocionales cuando reciben suficiente aprobación y estímulo, son
afirmados en sus propias destrezas y animados a asumir pequeños
desafíos y a ver la vida con optimismo. Sin entrar demasiado en
el debate de los estudiosos que discuten si el coeficiente intelectual
es heredado o adquirido, muchos piensan que la inteligencia emocional
puede ser aprendida y mejorada en los niños si los adultos los
guiamos adecuadamente.
La falta de inteligencia emocional en los niños tiene consecuencias
serias. Puede causar mucho sufrimiento y hasta depresión severa.
No es difícil identificar a los niños con estos problemas. Por
lo general,
a- Tienden a evitar el contacto con otros niños.
b- Se relacionan solo con otros niños abandonados, que tampoco
tienen muchos compañeros.
c- Son socialmente ineptos, los menos populares.
d- Son pesimistas y conflictivos.
e- Ven el fracaso y el rechazo como un defecto personal.
¿Están
las escuelas enseñando inteligencia emocional? ¿Es la inteligencia
emocional valorada en las escuelas? A riesgo de generalizar, la
respuesta más común para ambas preguntas es un no rotundo. Tan
concentrados están los planteles en el desarrollo de las habilidades
lingüístico-matemáticas, que olvidan o desfavorecen la inteligencia
emocional como parte del currículo.
Es fácil ‘‘desconectarse’’ de la enseñanza de esta inteligencia,
que es abstracta e imposible de medir con las notas. Por ende,
he querido resaltar en este Edutips la importancia de las
emociones en la vida y el desempeño del niño de hoy y el adulto
del futuro. La próxima semana exploraremos técnicas concretas
para incorporar la inteligencia emocional en el trabajo escolar.
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