Ciudad de Panamá, 17 de julio de 2000
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Consecuencias del trabajo

Cómo y dónde se trabaja tiene más vinculación con la salud de lo que podría creerse

Redacción de La Prensa
negocios@prensa.com

Seguro que usted ha notado frecuentemente que, cuando termina su jornada de trabajo, siente dolor de espalda y de cuello, ardor en los ojos y nerviosismo en el cuerpo.

Lo más probable es que se trate de las consecuencias de un mal ambiente laboral –tanto en la físico como en lo emocional–. Pero estos síntomas pueden ser mucho más graves.

De acuerdo con un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año un millón 100 mil personas sufren heridas o enfermedades que guardan alguna relación con su trabajo. Muchas veces, sin embargo, los padecimientos no son tan obvios. De acuerdo con la OMS, un número cada vez mayor de trabajadores de los países industrializados se quejan de sufrir estrés como consecuencia del exceso de trabajo.

Enfermarse y no tener dónde acudir puede ser aún peor. Pero resulta que sólo del 5% al 10% de los trabajadores en los países subdesarrollados y entre el 20% y el 50% de los países industrializados tienen acceso a una adecuada atención de riesgos profesionales.

Pero ¿por qué es importante que el ambiente de trabajo sea saludable? Porque, al revés de lo que se piensa, dentro de 30 ó 40 años no será tan fácil conseguir a trabajadores jóvenes y fuertes que reemplacen a los viejos. Esta situación podría traer inevitables consecuencias sobre las economías de los países y, por ende, del mundo.

La ‘punta del iceberg’

A esta realidad habría que añadir que, aunque las estadísticas actuales pintan un panorama preocupante, la OMS calcula que ésta es sólo la punta del iceberg, ya que, en Latinoamérica, por ejemplo, sólo se reportan entre el 1% y el 4% de las enfermedades vinculadas con el trabajo.

‘‘Hay dos problemas comunes tanto en los países desarrollados como en los subdesarrollados: la reticencia a reconocer el lugar de trabajo como causante de variados problemas de salud y la reticencia en reportarlos cuando se reconocen’’, establece el organismo.

El impacto económico de esta situación puede ser importante, como se dijo anteriormente. Así, por ejemplo:

* La OIT calcula que, en 1997, las pérdidas globales como resultado de accidentes o enfermedades relacionadas con el trabajo representaron aproximadamente el 4% del producto nacional bruto mundial.

* En 1992, los costos directos e indirectos asociados con las ‘‘heridas y enfermedades ocupacionales’’ en Estados Unidos se calcularon en 171 mil millones de dólares, sobrepasando los costos del sida y otras enfermedades como el cáncer y los problemas del corazón.

* En Estados Unidos, los gastos en salud son 50% más altos para los trabajadores que reportan altos niveles de estrés en el trabajo.

Si los gobiernos, empresarios y trabajadores no toman conciencia de la importancia del problema, el futuro se pinta peor. En los próximos 25 años, por ejemplo, en algunos países industrializados cambiará la proporción de los que cotizan al sistema de seguridad social y de los jubilados que reciben pensiones, con lo cual ‘‘aumentará la presión sobre la fuerza laboral para que aumente su productividad y, por ende, su contribución a los fondos de pensión’’. Solo una población de trabajadores sanos podrá hacer frente a este mayor esfuerzo.

* Hoy en día existen 590 millones de personas de 60 años y más en el mundo. En el 2020, este número llegará a exceder los mil millones. Para ese entonces, más de 70 millones de estas personas vivirán en los países en desarrollo.

* Dentro de los próximos 25 años, Europa seguirá reteniendo el título de la región ‘‘más vieja’’ del mundo, ya que la población de edad avanzada representa cerca del 20% del total de población ahora y representará el 25% para el 2020.

Los peligros

¿Qué peligros enfrenta usted como trabajador? Lea lo siguiente:

1. Aproximadamente el 30% de la fuerza laboral en los países desarrollados y del 50% al 70% de los subdesarrollados pueden estar expuestos a cargas físicas muy pesadas o a condiciones ergonómicas muy pobres que pueden ocasionar trastornos en los huesos o en los músculos. Muchos de estos trabajadores laboran en minas, en el sector agrícola, pesquero, en la construcción o en salud.

2. El ruido, las vibraciones, la radiación, el calor y otras condiciones microclimáticas poco saludables perjudican seriamente la salud. Entre el 10% y el 30% de la fuerza laboral de los países industrializados y más del 80% en los subdesarrollados están expuestos a este tipo de peligros.

3. Muchos ambientes laborales están cargados de agentes biológicos como virus, bacterias y parásitos, y otros tantos de químicos tóxicos que pueden causar cáncer, enfermedades respiratorias y cutáneas, así como problemas en el sistema reproductivo.

5. Sobre las condiciones sicosociales todavía hay mucho que decir. Lo cierto es que éstas tienen gran influencia sobre el nivel de estrés, e incluyen situaciones como la falta de equidad y justicia; el estilo de jefatura que se basa en la exclusión de los trabajadores en la toma de decisiones; la falta de comunicación y la pobre organización en el trabajo, y relaciones interpersonales tensas entre jefes y subalternos.

Por ello, no es de extrañar que usted, por ejemplo, sufra de hipertensión o de depresión.

 
     

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