Ciudad de Panamá, 17 de julio de 2000
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Juegos de entrada

A los dueños de casino les gusta colocar las máquinas tragamonedas con los mejores porcentajes de pago en los vestíbulos

Charly Vegas
Especial para La Prensa

revista@prensa.com

Nadie supera a los americanos en estadísticas, publicidad o en sacarle el mejor provecho a las circunstancias. En materia de casino han modificado el craps para hacerlo más atractivo y adaptaron el bacará para cualquier número de clientes, incluso para que uno solo pudiera jugar contra la casa. Tampoco hay que olvidar que evolucionaron el blackjack. En fin, lo que tuvieron que hacer lo hicieron y no se han detenido, están en constante metamorfosis, cambios y variantes sin cesar.

Y esto no solo es en cuanto a juegos, sino a todo lo que concierne al mundo de los casinos: estructura de los locales, iluminación, espectáculos, torneos, esplendor y acción.

Esa es la palabra acción y más acción. Los dueños de los casinos saben que los visitantes novatos, los neófitos en asuntos de juegos y los turistas de segunda clase se sienten cohibidos y un tanto atolondrados al visitar un casino de Las Vegas o Atlantic City ante el derroche de lujo, luces y la ostentación de riqueza y brillo.

En realidad los casinos prefieren 20 clientes de 50 dólares que uno de mil. Pero no nos malinterprete, porque por supuesto que prefiere 20 mil dólares que 20 de 50. Lo que queremos manifestar es que el cliente común y corriente es bien recibido.

Y el imán que atrae y hace permanecer en un casino a los nuevos visitantes son los juegos de entrada. Los dueños de casino gustan de colocar las máquinas tragamonedas con los mejores porcentajes de pago en los vestíbulos. Y juegos como el Shuck A Luck, el Big Wheel y otros similares son igualmente ubicados en el área de acceso, por ser juegos sencillos, de fácil comprensión y, por supuesto, atendidos por lindas y exuberantes chicas.

El Chuck A Luck

El juego consiste de una brillante jaula cromada con tres dados adentro, más grande que los usuales, y un paño con seis cuadrantes numerados del uno al seis; eso es todo.

Los clientes hacen sus apuestas y se gira la jaula una vez. Los dados al caer presentan tres caras. Y esas caras son pagadas al cuadrante respectivo tantas veces como aparezcan.

Para calcular el porcentaje a favor de la casa, supóngase que hay apuestas iguales en cada cuadrante del uno al seis, y sale el punto uno en una cara, el dos en la otra y el tres en la tercera. La talladora inmediatamente recoge las apuestas de los cuadrantes cuatro, cinco y seis, y con ellos paga los tres primeros.

En pocas palabras, con las apuestas perdedoras se pagan las ganadoras. La casa no tiene ganancia, cero porcentaje a favor. ¿Entonces, en dónde esta la ventaja de la casa?

Veamos: imaginemos ahora que en la misma circunstancia, sale dos veces el uno y una vez el dos. La talladora recoge los cuatro cuadrantes perdedores y paga dos veces el uno y una vez al dos.

En palabras sencillas, recoge cuatro apuestas y paga tres veces para un beneficio de uno. Uno de cuatro hace un bonito 25% para la casa. Y continuando con el ejemplo, figurémonos que sale el seis en cada dado.

Ahora la casa recoge cinco apuestas y paga tres veces el seis para una ganancia de dos. Dos de cinco representan el 40% para la casa. Sin embargo, miremos todos los factores. Existen 216 combinaciones resultantes al multiplicar las seis caras de cada dado (6 x 6 x 6). De allí, 90 combinaciones hacen pares y solo seis hacen tríos. En las 120 restantes, el asunto es parejo. Aunque como siempre hemos dicho, si la pasa bien, se divierte, goza del entorno y se toma unos tragos por cuenta de la casa, entonces qué más da.

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