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Juegos
de entrada
A
los dueños de casino les gusta colocar las máquinas tragamonedas
con los mejores porcentajes de pago en los vestíbulos
Charly
Vegas
Especial para La Prensa
revista@prensa.com
Nadie
supera a los americanos en estadísticas, publicidad o en sacarle
el mejor provecho a las circunstancias. En materia de casino han
modificado el craps para hacerlo más atractivo y adaptaron el
bacará para cualquier número de clientes, incluso para que uno
solo pudiera jugar contra la casa. Tampoco hay que olvidar que
evolucionaron el blackjack. En fin, lo que tuvieron que hacer
lo hicieron y no se han detenido, están en constante metamorfosis,
cambios y variantes sin cesar.
Y esto no solo es en cuanto a juegos, sino a todo lo que concierne
al mundo de los casinos: estructura de los locales, iluminación,
espectáculos, torneos, esplendor y acción.
Esa es la palabra acción y más acción. Los dueños de los casinos
saben que los visitantes novatos, los neófitos en asuntos de juegos
y los turistas de segunda clase se sienten cohibidos y un tanto
atolondrados al visitar un casino de Las Vegas o Atlantic City
ante el derroche de lujo, luces y la ostentación de riqueza y
brillo.
En realidad los casinos prefieren 20 clientes de 50 dólares que
uno de mil. Pero no nos malinterprete, porque por supuesto que
prefiere 20 mil dólares que 20 de 50. Lo que queremos manifestar
es que el cliente común y corriente es bien recibido.
Y el imán que atrae y hace permanecer en un casino a los nuevos
visitantes son los juegos de entrada. Los dueños de casino gustan
de colocar las máquinas tragamonedas con los mejores porcentajes
de pago en los vestíbulos. Y juegos como el Shuck A Luck, el Big
Wheel y otros similares son igualmente ubicados en el área de
acceso, por ser juegos sencillos, de fácil comprensión y, por
supuesto, atendidos por lindas y exuberantes chicas.
El
Chuck A Luck
El
juego consiste de una brillante jaula cromada con tres dados adentro,
más grande que los usuales, y un paño con seis cuadrantes numerados
del uno al seis; eso es todo.
Los clientes hacen sus apuestas y se gira la jaula una vez. Los
dados al caer presentan tres caras. Y esas caras son pagadas al
cuadrante respectivo tantas veces como aparezcan.
Para calcular el porcentaje a favor de la casa, supóngase que
hay apuestas iguales en cada cuadrante del uno al seis, y sale
el punto uno en una cara, el dos en la otra y el tres en la tercera.
La talladora inmediatamente recoge las apuestas de los cuadrantes
cuatro, cinco y seis, y con ellos paga los tres primeros.
En pocas palabras, con las apuestas perdedoras se pagan las ganadoras.
La casa no tiene ganancia, cero porcentaje a favor. ¿Entonces,
en dónde esta la ventaja de la casa?
Veamos: imaginemos ahora que en la misma circunstancia, sale dos
veces el uno y una vez el dos. La talladora recoge los cuatro
cuadrantes perdedores y paga dos veces el uno y una vez al dos.
En palabras sencillas, recoge cuatro apuestas y paga tres veces
para un beneficio de uno. Uno de cuatro hace un bonito 25% para
la casa. Y continuando con el ejemplo, figurémonos que sale el
seis en cada dado.
Ahora la casa recoge cinco apuestas y paga tres veces el seis
para una ganancia de dos. Dos de cinco representan el 40% para
la casa. Sin embargo, miremos todos los factores. Existen 216
combinaciones resultantes al multiplicar las seis caras de cada
dado (6 x 6 x 6). De allí, 90 combinaciones hacen pares y solo
seis hacen tríos. En las 120 restantes, el asunto es parejo. Aunque
como siempre hemos dicho, si la pasa bien, se divierte, goza del
entorno y se toma unos tragos por cuenta de la casa, entonces
qué más da.
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