Ciudad de Panamá, 17 de julio de 2000
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Los excesos deben quedarse en casa

La efervescencia es grande. En todos los rincones del país el tema obligado es ese. El deporte más apasionante del mundo ha arropado a todos y no hay forma de detenerlo. El encuentro entre las selecciones de México y Panamá será el acontecimiento del año y, dependiendo del resultado, quizás sea el que más se recuerde por mucho tiempo.

Ya sea por las memorables páginas que ha escrito el Tri mexicano a lo largo de su historia o por el buen momento que pasa la selección istmeña, lo cierto es que propios y extraños ya dan un vaticinio de lo que acontecerá este domingo 16 en el Rommel Fernández.

La futbolmanía nos ha alcanzado a todos de una forma romántica y optimista; y, quizás por ello, sería bueno reflexionar sobre lo que esto significa, no por el resultado, sino por el acontecimiento en sí. A partir del domingo 16 el fútbol panameño estará a la vista de todos, ya sea para bien o para mal. Lo uno o lo otro dependerá de los que estemos fuera de la cancha, no de los jugadores.

Decía un amigo nuestro que el fútbol istmeño, a nivel de seleccionados nacionales, por fin había alcanzado la victoria. Había logrado obtener una identidad y con ello alcanzado uno de los factores más determinantes en un partido, la aceptación y el respaldo del jugador número 12.

El fanático ha empezado a creer, a sentirse parte de un gran proyecto como lo es participar en un campeonato mundial. Es cierto que antes habíamos vivido algo similar, pero nunca obtenido los resultados de ahora, que hacen soñar ya no a un puñado de valientes hinchas sino a todo un pueblo. Tal como lo hacen nuestros vecinos del norte y del sur, hoy también respiramos ese aroma abrasador del fútbol.

Pero no por ello debemos admitir desbordes. La fuerza que imprima el fanático a lo largo de los 90 minutos, la mayoría reunida en la denominada Marea Roja, será nuevamente un factor importante en el desarrollo del partido. Pero habrá que hacerlo en forma ordenada y prudente, con el fin ya no de mostrar una muy buena imagen a nivel internacional sino por nuestra propia seguridad.

Una gran parte del público que llegará al Rommel este domingo 16 lo hará en familia, y con el sano propósito de presenciar un espectáculo de buen gusto. Y cuando hablo de espectáculo no solamente por lo que ocurra dentro de la cancha sino fuera de ella, a su alrededor, en las graderías.

Aunado a ello, hay que tomar en cuenta que el Rommel es un coliseo de casi tres décadas de existencia y aunque se asegura que su estructura resiste la cantidad de público que se espera para el mencionado choque, los comentarios no son tan optimistas cuando se conjetura sobre la posibilidad de que, por la emoción o el desorden, se den situaciones mucho más allá de los acostumbrados.

Es por ello que las medidas de seguridad a tomarse serán extremas. La Policía Nacional, el Sistema Nacional de Protección Civil, los Bomberos, el Servicio de Emergencia Médica (SEMM) y la Cruz Roja, entre otras organizaciones, estarán presentes en el estadio ese día, y cada una irá con una misión específica, todas para garantizar una segura tarde a las miles de personas que estarán presentes.

Quizás muy pocos recuerdan la tragedia de Zimbabue el pasado domingo, en el que hubo 12 muertos y miles de personas heridas porque un grupo de irresponsables no aceptaba la momentánea derrota que le infligía Sudáfrica a su seleccionado nacional, casualmente en un partido de las eliminatorias mundialistas. Es casi seguro afirmar que estos señores jamás pensaron que su irresponsable acción traería consigo esas funestas consecuencias.

Ningún país es inmune a este tipo de tragedia, mucho menos uno que no todos los días vive esta clase de efervescencia y que por ello no tiene experiencia de cómo manejarla.

Las organizaciones de seguridad estarán presentes el domingo en el Rommel, no obstante, la mejor fórmula para que todos disfrutemos de este memorable día es que aplaudamos las buenas jugadas, vivamos el encuentro como debe hacerlo un verdadero fanático, pero no caigamos en las provocaciones ni mucho menos en los excesos; total, solo se está jugando el primer encuentro de esta fase, no la clasificación.

Nicolás Espinosa
nespinos@prensa.com

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