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OPINION
GRAFICA ELIAS CEDEÑO ¿Jubilación a los 35 años? El título del artículo con seguridad llama la atención y hasta se puede pensar que es un error; sin embargo, no lo es, ya que dimana de una realidad diaria que es el motivo de este comentario y de mis siguientes consideraciones. Antes, me resultaba una sorpresa ver los desplegados o clasificados en diarios de la localidad anunciando la necesidad de profesionales de muchas disciplinas, y que entre los múltiples y entendibles requisitos expresamente solicitaban como límite de edad los 35 años. Hoy no me sorprende, ya que solo excepcionalmente no se incluye este requisito que es, para algunos, casi o totalmente excluyente. Panamá es un país libre y por ello debo ser como siempre respetuoso de la discrecionalidad de selección de quien ofrece una plaza de empleo y establece el perfil de la persona que requiere. Pero, con el permiso de los empresarios, sus directivos, sus gerentes generales y de recursos humanos, gerentes de mercadeo, ventas, etc., pregunto: ¿Y los que rebasamos esta edad laboralmente hablando casi terminal, qué? ¿Es que no tenemos derecho a optar por mejorar nuestro actual empleo y buscar en el mercado laboral mejores oportunidades que acrecenten nuestra calidad de vida y en consecuencia la de nuestras familias? O peor aún, si no tenemos trabajo, ¿estamos impedidos para optar y competir en la selección de la persona que buscan, limitándose la posibilidad de satisfacer nuestras necesidades y aspiraciones? La ley establece como edad de jubilación los 62 años de edad para los hombres y los 57 años para las mujeres. Bien es cierto que en materia legal no se reglamenta ni se debe la contratación de un trabajador por sus años de edad, salvo las excepciones de ley en cuanto al menor y el jubilado formal. Como he señalado antes, se debe respetar siempre la libertad del empleador de elegir quien mejor se ajuste a sus intereses y necesidades. Pareciera que todos los conceptos esgrimidos por los gurús de la consultoría mundial contravienen esta práctica. Los psicólogos pueden dar fe mediante sus exhaustivos y detallados test de las características del candidato, las pruebas de evaluación técnicocognoscitivas pueden confirmar con bastante certeza la capacidad de un individuo para desempeñar determinada labor. Las referencias y el historial policivo, otro tanto. ¿Por qué entonces desperdiciar experiencia, conocimiento, talento, habilidad, proactividad, liderazgo, enfoque, relación con el segmento del mercado propio de la actividad de la empresa y titularidad académica, entre otros, sin siquiera dar la oportunidad de ser considerado candidato para la plaza, por la determinante razón de tener más de 35 años de edad? Sin quitarle el mérito que le debemos y merecen por bien ganado los profesionistas con menos de 35 años, se puede ser muy productivo, tener excelente salud y estar muy actualizado en el área tecnológica después de esa edad. En un mundo de inevitable evolución, de muchos y significativos cambios en la economía, de transformaciones políticas y sociales, de planteamiento de nuevos procesos, de eficientes métodos de comunicación y comercialización, alianzas estratégicas, entre tantas nuevas cosas, se hace obligante la capacitación constante y el mejoramiento continuo, lo que por supuesto se puede y debe después de los 35 años. ¿Hay que reducir la edad de jubilación a 35 años? ¡Definitivamente no! Hasta pensarlo asusta al menos cuerdo. Pienso que solo debemos ampliar el criterio de oportunidad, evaluación y selección, y que ambas partes empresa y candidato negocien en términos mutuamente convenientes. Con reglas claras, sin vencedores ni vencidos, con profesionalismo y madurez. Y aunque se tenga que rebasar la edad aparentemente límite de 35 años, que constituye una sentencia a la mortalidad laboral, de cara a una nueva y mutua oportunidad. Ni hablar del caso contrario: esa gran mayoría que sale de las aulas universitarias o técnicas a los 23 años y pregunta después de recorrer todo nuestro hoy soberano país: ¿quién me contratará si no tengo experiencia? Y con razón, ya que casi siempre es un requisito indispensable; y se pregunta: ¿alguien alguna vez me dará la oportunidad de adquirirla? No se hable de la necesidad de tener excelente o buena presencia; tema álgido para otro escrito y que no es el asunto que motivó el presente artículo. En resumen, los que tenemos más de 35 años también podemos y, si alguien lo duda, por favor referirse a la historia y a quienes indeleblemente la escribieron con su hacer. Las más recientes auditorías de salud reportan que la expectativa de vida del panameño está por los 72.5 años. Por lo tanto, un apreciable grupo de nosotros es joven y profesional a los casi 50 años. Por ello, y si se insiste, que Dios nos encuentre confesados. (El autor es administrador de empresas) RAFAEL GUILLEN La compra de bonos y la salvación de la CSS Temas como la gestión de las inversiones, la credibilidad de las instituciones de servicio público y las responsabilidades en materia de política económica de los gobiernos, trascienden espectros subjetivos e implican análisis profundos sobre tendencias económicas y políticas. ¡Qué lejos están los editoriales y los análisis de coyuntura que leíamos, durante nuestros años de especialización, en diarios de gran prestigio a nivel latinoamericano! Estos diarios cuentan entre su cuerpo de redactores con economistas formados en prestigiosas universidades y consultan, a la hora de emitir juicios y opiniones, a destacados académicos y hombres de empresa, quienes por los análisis que realizan, más que artículos y editoriales, dictan verdaderas clases de economía. Es lamentable entonces comprobar que en nuestro país algunos medios no todos viertan comentarios sobre temas económicos y de gestión de política, utilizando argumentos con pobres sustentos técnicos y políticos. Se mezclan conceptos y se pierden alcances, cuando se critican políticas públicamente reconocidas como la gestión del cobro de cuentas pendientes en materia de pago de prestaciones obrero-patronales, para simplemente argumentar que, como en casa de herrero, cuchillo de palo, el que hace las leyes no las cumplirá. Qué mejor forma de demostrar que se está pensando en las obligaciones contraídas con los actuales y futuros jubilados y pensionados, cuando se exige el pago de valiosos recursos que en vez de servir para atender a los asegurados, están en las cuentas bancarias de unos pocos empresarios inconscientes. Es fácil utilizar el ropaje de algunos actores sociales de gran importancia para la Caja como los jubilados para lanzar críticas, cuando las intenciones que subyacen sólo buscan criticar posiciones ejemplares. Podrían señalar también que para qué suscribir acuerdos con organismos internacionales de combate a la corrupción, si el panameño sólo adora dioses juega vivo y corruptos. ¿No es acaso cierto que los cambios de actitud y la imagen que se proyecta a la faz de un país son los pilares que sustentan un proyecto de renovación y limpieza de viejas instituciones, que han sido carcomidas por la desidia y la rapiña de algunos ilustres panameños? Los 35 millones de balboas que se le cobren al Gobierno, aunque sólo terminen en una transacción contable, sirven para sentar precedentes y para guiar conciencias, para fijar rumbos y para hacer ver que hasta el último centavo es necesario para salvar a la Caja de Seguro Social. Qué decir entonces de los millones que se le cobrarán a los empresarios y que de ser efectivamente cobrados, servirán tal vez para acumular reservas y apuntalar la situación financiera de largo plazo de la Caja. Se critica la incapacidad a la hora de combinar medidas que den como resultado una gestión eficiente de los recursos, pero no se dan márgenes adecuados para maniobrar y lograr así que las cosas empiecen a cambiar. Se señala que no podemos ceder ante los cantos de sirena de intereses más atractivos y que debemos invertir los fondos de la Caja con mayor rigor y severidad. Pero, sin embargo, ¿cómo podemos quedarnos de brazos cruzados y no tratar de hacer producir al máximo las reservas, cuando el Programa de Invalidez, Vejez y Muerte gasta en prestaciones más de 250 millones de balboas por año? En economía, el concepto de costo de oportunidad indica que lo que se deja de ganar constituye una pérdida; y nos preguntamos entonces, si estamos en condiciones de dejar de ganar recursos y seguir perdiendo. No se valora el hecho de que se den cambios, sin que tengamos que cambiar la Ley Orgánica y arriesguemos entonces en un mercado financiero ilíquido y poco desarrollado, enormes capitales. Hoy el riesgo de los bonos es el enemigo de la acción y el pragmatismo; seguro que mañana será el aliado de las reformas estructurales y de la venta del activo más preciado que tenemos los panameños. ¿O es que en los países suramericanos el éxito de los sistemas de seguridad social basados en la capitalización individual (AFP) no se debe a la inversión de sus reservas en mercados financieros fluctuantes y riesgosos, donde inclusive ha habido períodos con rendimientos negativos? (La Prensa, 5 de diciembre de 1999, Fondo de Pensión en Chile eleva su rentabilidad). Se ve como riesgoso comprarle papeles al Gobierno, ya que éste es un deudor crónico que simplemente incumplirá sin mayores cargos de conciencia el repago del capital prestado. Pero, ¿nos referimos al Gobierno de Ecuador o al de Panamá? Quizás comprarle instrumentos de renta fija a un gobierno que se declara incapaz de pagar el servicio de sus bonos Brady sí levante justificada preocupación. Pero en nuestro país hay una gran cantidad de activos que pueden respaldar obligaciones financieras. Se esperan mayores ingresos del Canal y de las áreas revertidas; quedan las acciones que se tienen sobre las empresas privatizadas; queda un fondo fiduciario y, como último recurso, queda el prestamista de última instancia: las IFI; las que no vemos porque no podrían ayudar a Panamá a pagar su deuda en caso de una apocalíptica catástrofe financiera y económica. Queda, además, un gobierno que quizás sin tantos planes económicos del país de las maravillas, expresa un compromiso de elevar el problema de la seguridad social a tema de Estado y no privatizar la institución social que más impacto tiene sobre el bienestar de los panameños. Se señala que el gobierno actual dilapidará, al mismo son que lo hicieron otros tantos gobiernos, los preciados recursos que comprometen a las futuras generaciones de panameños. Pero nos preguntamos si se ha ponderado con suficiente calma el impacto y el impulso que pueden tener sobre nuestra desacelerada economía las inversiones que se realicen con estos fondos. Después de considerar el déficit fiscal dejado por el gobierno anterior, la pobre tasa de ahorro y de inversión de nuestra economía y la dependencia que tenemos del ahorro externo, ¿cómo cuestionamos iniciativas que estimulan la inversión y el empleo? El desarrollo económico consiste en aumentar el bienestar de la comunidad. Este no se ve solamente en corredores, rascacielos y en calzadas para turistas, también se ve en caminos y en agua potable; en acercar la salud a los lugares apartados y barrios marginales donde por lo general no llega. Confiemos entonces en que el Gobierno pagará la deuda de los bonos, y que tanto el país como la Caja se beneficiarán. Más importante aún, pensemos que las respuestas concretas que en materia de seguridad social impulsa la nueva administración de la Caja lograrán lo que otras administraciones no pudieron hacer: salvar definitivamente a la Caja de Seguro Social. (El autor es economista) REGULO MORA Fondo fiduciario y deuda externa El gobierno dio a conocer la estrategia financiera y de política económica orientada a disminuir la deuda total del país, en la que se plantea el destino del Fondo Fiduciario para el Desarrollo. Con relación al destino del Fondo, la estrategia propone tres usos: 1. mantenerlo como está; 2. usarlo para financiar déficits y 3. usarlo para cancelar la deuda. De las tres opciones, continuamos creyendo como lo manifestamos en nuestro artículo: La decisión inteligente, publicado por el diario La Prensa, el día 22 de julio de 1999 que la mejor opción es la tercera: cancelar la deuda. La primera opción, es decir la no utilización del Fondo obteniendo un rendimiento del 7% en la inversión tal como ocurre actualmente representa pérdidas millonarias para Panamá. Hay que recordar que ese Fondo es el producto de dinero prestado desde tiempo de los militares por las entidades financieras internacionales, para estatizar empresas que han llegado a convertirse en rentables, generando ganancias superiores al 7%, que es lo que en la actualidad genera el uso del Fondo. Para nadie es negocio vender una empresa cuya rentabilidad es buena, poner el capital a plazo fijo que a la vez se debe y recibir menos por los intereses. Mal negocio ese. La segunda opción es el uso del capital para financiar el déficit presupuestario y vender el 49% de las acciones de la telefónica Cable & Wireless. A nuestro juicio, ésta sería la peor decisión porque el Fondo Fiduciario se esfumaría rápidamente y caeríamos en una doble deuda: la que ya tenemos, que es la plata del Fondo y la otra deuda sería utilizar ese mismo Fondo en obras sociales que no generen rentabilidad. La experiencia ha demostrado, por el contrario, que gran parte del capital se utiliza en jugosos salarios, lujosas oficinas, pago a asesores, contratos de expertos, viajes, etc. La tercera opción es utilizar el Fondo para cancelar la deuda Brady a descuento y la venta del 49% de las acciones de la telefónica. Estas son dos opciones casadas no sé con qué objetivo. A nuestro juicio, la mejor opción es utilizar el Fondo para cancelar la deuda. De esta forma nos estaríamos ahorrando millones en pago de intereses, al disminuir el capital y continuar con el servicio de la deuda como ya está planificado. Esos millones ahorrados deben ser utilizados austeramente en obras sociales o abonarlo al capital del saldo de la deuda externa que quedaría. Por el otro lado, no estamos de acuerdo con la venta del 49% de las acciones de la telefónica, porque volveríamos a caer en el mismo círculo vicioso, aunado a que esa empresa semiestatal tiene buena rentabilidad, entonces, ¿por qué venderla? Independientemente de la opción escogida por el Gobierno, se debería aprobar una ley para aplicar al presupuesto general del Estado que impida que continúe el endeudamiento externo, y se establezca que el Estado no podrá disponer de fondos externos en más de un 40% de su producto interno bruto, para frenar la tasa de endeudamiento. En caso contrario, llegará el momento en que para pagar la deuda externa no vamos a tener nada qué vender y Dios no quiera que se les ocurra a un gobierno futuro, cambiar la Constitución y echarle ojo al Canal de Panamá. (El autor es banquero) DEL LECTOR Carta abierta a Elián Desde el día en que te encontraron flotando en el mar, no hemos cesado de escucharte y verte en los medios de comunicación. Esto es indignante, por lo que me siento sensiblemente solidario ante la situación a la que cobardemente te han sometido. Es aberrante y constituye una violación a los derechos que tienes como niño. Tú tienes que estar con tu papá, eso no tiene discusión. Tu situación desafortunada ojalá sea un llamado de atención a las conciencias de nuestras sociedades, pues sabemos que existen millones de niños y niñas que sufren distintas formas de violencia. Una de esas es aquella de la cual hoy eres víctima. Eres un ángel que cayó al mar; se aprovechan de tus pequeñas y aún mojadas alas. Tengo fe en que tu inocencia (condición natural de toda criatura) aparentemente una debilidad, se convierta en tu mayor fortaleza ante la ferocidad desmedida de cariños y afectos de una sociedad presa del consumo y de su discutible libertad (realidad virtual). En este momento eres el niño públicamente más exhibido y acosado de este planeta y, sin tu consentimiento, desde que tu mamá te sacó de casa, tu odisea no termina ni física ni espiritualmente. Estás sometido a la angustia; tu fragilidad expuesta a la furia del mar, luego al oleaje de gente extraña que hace lo imposible para improvisarte e inducirte a un mundo de encanto que, a cualquier niño por su condición embelesaría: el mundo de Disney. Acorralado por gente rara que te mira, te sigue, te habla, grita consignas. Por otro lado la prensa, las cámaras, el flash, los micrófonos...¿ qué pasará por tu mente?, ¿cómo procesas y descargas todas esas emociones en tu fragilidad de niño?, ¿no estás estresado?, ¿has tenido oportunidad de estar contigo mismo y llorar a cántaros, de revisar tus heridas emocionales y pensar a solas todas las cosas que te han pasado?, ¿qué le pasó a mamá...dónde está papá?...¿no, verdad?. Tu familia allí en Miami, tu tío abuelo (no se de dónde se ha inventado ese título familiar, hay abuelos pero no las dos cosas juntas, eso no refleja más que desesperación y debilidad). Ellos, que han publicado tanto amor y tanto cariño hacia tí, ¿serán conscientes del daño emocional que te están haciendo?, al parecer no. Alucinados en su interés egoísta, politiquero y fanático han manipulado tu situación exponiéndote a una situación estresante y al dolor, como si fueras un animal de zoológico. Es injusto e inhumano. Como ciudadano panameño, convencido de que todos los humanos que compartimos el mismo aliento de vida en este planeta somos hermanos y hermanas, no me he aguantado las ganas de escribir este carta abierta a nuestro hermanito Elián, como una denuncia (ojalá alguien se la haga llegar y quizás cuando estés más grandecito puedas comprenderla), para compartirla con todos aquellos que puedan leerla. Quizás tengamos las mismas coincidencias o por lo menos la sensibilidad de condenar el hecho de violencia al que ha sido sometido Elián. Deseo que esta carta sea leída por mucha gente, en especial aquellas personas que tienen algún tipo de poder o de influencia como las que pertenecen a la Iglesia Católica (a la que he sentido muy tibia frente a tu situación), los políticos, los responsables de UNICEF, miembros de las iglesias protestantes, personalidades famosas, artistas (como Rubén Blades que ya lo hizo, ¡gracias!), líderes de organizaciones humanitarias, y que todos juntemos nuestras voces y nuestras manos para que tú Elián vuelvas a sentir el calor y el arrullo de tu angustiado padre, el amor de tus abuelas y de toda tu familia y amigos (as) en tu tierra que te vio nacer, Cuba. Dios te bendiga y te proteja, rezaré por tí. Heriberto Valdés Peñalba MARIA DEL CARMEN CABELLO El retrato de la indiferencia La isla es de ensueño, con sus casas blancas apiñadas en la ladera de la colina, su mar azul intenso y la vista de la ciudad en la lontananza. La llaman además la isla de las flores, y tiene historia, y tradiciones, e hijos célebres. Los viajeros querían conocerla porque buscaban el trasfondo de Panamá, lo auténtico, lo que no estuviera contaminado por el maquillaje. Eligieron un día de semana, sin tumultos, para encontrar el lugar en su verdadero ser. Salimos del muelle por la tarde. El ocaso en el mar es un espectáculo, habíamos dicho los acompañantes y cuando el barco se acerca, la isla se aparece acogedora y bellísima. Podemos pasar allí la noche e ir a la playa por la mañana. Al día siguiente, tras el baño en el mar y una deliciosa comida en un hotel arroz con guandú, langostinos a la criolla y chicha de zarzamora los turistas, que estaban relajados y de muy buen humor, decidieron comprar algún que otro souvenir para llevar a los amigos. Al fondo de una tiendita donde se podía comprar desde un bronceador hasta pulseras contra el mal de ojo, un hombre se balanceaba soñoliento en la mecedora. Los visitantes recorrieron el recinto, miraron, sopesaron, esto le gustaría a fulano, esto a mengano. Pero pasaron unos diez minutos y el hombre seguía en su vaivén. Ni una sonrisa, ni una palabra, ni un ademán de mostrar los artículos que estaban en la vitrina y que los potenciales compradores señalaban con el dedo. Uno de ellos, de repente, disparó la cámara. Los demás solo vimos el reflejo del flash. Acabo de hacer lo que parecía imposible: una fotografía de la indiferencia, dijo en un susurro para no alterar la paz del comerciante, que debió de creer que su retrato era uno más de los muchos que toman los turistas. Y molestos (hay gente que se sabe merecedora de un mínimo de atención), salieron sin haber gastado un real. Los amigos estábamos abrumados de vergüenza. Porque el huésped no solo había fotografiado la indiferencia. En su cámara se llevaba el vivo ejemplo de una de las causas de nuestro subdesarrollo. Todo hace suponer que Panamá se encamina a convertir el turismo en una valiosa fuente de ingresos. Elementos a favor nos sobran. El país ofrece parajes hermosísimos (al lado del mar, en montaña o en valles, para que el visitante escoja); hay inversionistas locales y extranjeros dispuestos a arriesgar su capital en el intento, y hay voluntad del Instituto Panameño de Turismo (IPAT) de buscar el modo y los recursos que se necesiten para alcanzar el objetivo. A eso se añade el interés histórico que tiene esta tierra, la importancia del Canal (todavía no he conocido a nadie que muestre desapego ante semejante obra de ingeniería), lugares paradisiacos para practicar deportes como el buceo o complacerse en la navegación, y un turismo ecológico y patrimonial en ciernes en el que tanto hincapié se está haciendo ahora. Hay buen comercio, restaurantes donde encontrar comida de todas partes del mundo y, además, centros turísticos que bien pueden competir con los más confortables del mundo. Es decir, Panamá lo tiene todo... todo menos un elemento sustancial para que cualquier proyecto turístico triunfe: la disposición del ciudadano común a involucrarse y convertir el turismo en una fuente de beneficio propio. Sin ese detalle, ni infraestructuras ni planes tendrán éxito. Las causas pueden ser muchas: quizás el extranjero molesta por el simple hecho de ser extranjero; o quizás se piense que el asunto del turismo solo compete al Gobierno y a los empresarios. Y es que en el momento que menos se espera, cuando todo parece que está organizado, salta la liebre. Es como si un hado maléfico dispusiera que las cosas se entorpecieran. Puede ser el caso de la pareja de alemanes que sufrió un leve percance con su carro alquilado, y que cuando llamaron a la agencia, la persona encargada no los podía atender porque estaba almorzando; o el del español que debía arreglar un asunto en Migración y puso el grito en el cielo al comprender que le pedían coima; o el de la familia que había confiado en que el lugar tenía fondas y restaurantes y no llevó provisiones. Cuando escucharon decir a una encargada que nada les podía ofrecer porque todo estaba congelado no daban crédito a sus oídos. Eso sin contar al que pidió una segunda piña colada y el camarero le advirtió que repetir no estaba incluido en el paquete. Debo tener cara de pobre, comentó. Y el caso del que fue a San Blas y se tuvo que contentar con comer pollo frito. El muchacho que pesca las langostas está con juma hoy, le explicaron, o el del grupo de europeos que soñaba con una buena conversación al calor de unos tragos en el saloncito del hotel en Chiriquí y se vio confinado en las habitaciones a las 7 de la noche porque a estas horas ya no damos servicio y el salón está cerrado. Nada más lejos de mi intención que generalizar. Cada quien sabe cómo atiende su negocio y cómo entrena a sus empleados. Este último aspecto es crucial, porque algunos empresarios han puesto todo su interés en ello y se nota. ¡Vaya si se nota! De cualquier forma, creo que una buena campaña masiva para borrar la indiferencia que sentimos por el turista haría milagros. La cuestión no es ponerse de alfombra para que el extranjero nos pise; la cuestión es estudiar su perfil que es distinto al perfil del panameño, que sabe lidiar con sus coterráneos y darle lo que quiere. Para que se vaya contento, sí, y para que vuelva, y para que haga propaganda, y... para que lo que está dispuesto a gastar alegremente recaiga en el país. Cuando se sale de viaje, no basta con un hotel, ni con las fotografías de sitios que nos maravillaron, ni con lo que aprendimos. Los recuerdos más entrañables que se lleva el turista de un país es de la gente. Esos momentos mágicos en que se entra en contacto con otra mentalidad, otros rasgos, otra cultura, otro acento u otro lenguaje. Esos instantes en que el turista se siente acogido... y atendido. No nos queda otro remedio que abandonar la mecedora.
DEMOSGRACIA
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